@ElkisBejarano

MIAMI.- Rosario Sánchez vivía su sueño americano cuando llegó la pandemia de coronavirus. Esta venezolana, que desde que llegó a Estados Unidos, aspiraba a tener su propio negocio, en el que pondría en práctica todo el conocimiento adquirido por más de 20 años de trabajo organizando fiestas y diversos eventos sociales.

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Pero cuando su local Revolution Party Studio en Kendall cumplía tres años, se impuso la cuarentena en el condado de Miami-Dade y todo se volvió incertidumbre.

“Nací en Puerto Cabello, pero crecí en Caracas. Siempre he estado en el mundo de los eventos. Tuve una agencia de festejos en la que ofrecía todo tipo de servicios durante muchos años, pero por inseguridad tuve que cerrar y comencé a trabajar para una clínica, en la parte de mercadeo, que fue lo que estudié”.

Sánchez comentó que mientras hacía esa labor no olvidaba su pasión por el mundo de los eventos, por lo que no dudó en aprovechar la oportunidad de mudarse al sur de la Florida cuando le ofrecieron trabajo en una empresa que alquilaba mobiliario de lujo para fiestas.

“Vine a EEUU hace 10 años con esa visa de trabajo. Con ellos estuve en el área de mercadeo y luego empecé como socia y encargada de la casa especializada en bodas llamada La Jolla, de Coral Gables, donde estuve seis años”, recordó.

Luego aseguró que llegó el momento en que quiso independizarse, montar su propio negocio, para ofrecer un servicio diferente que busca brindar fiestas temáticas al gusto del cliente.

“Busqué hacer algo que hiciera falta en el área de Kendall. Quise que fuese pequeño, un máximo de 100 personas, para adaptarse a la necesidad de aquellos clientes que buscan hacer una celebración menor, pero que no quieren hacerlo en sus casas. Un local que tuviera la intimidad de un hogar con todas las comodidades. Y verdaderamente, el lugar ha sido muy bien aceptado”.

En marzo de 2020 tenía prácticamente todo el año ocupado, por lo que el cierre indeterminado de su negocio, provocado por la pandemia, hizo que se enfermara con úlcera y gastritis. “Me sentí con mucha presión. Tenía desvelo, porque no sabíamos qué íbamos a hacer. No sabíamos si teníamos que cerrar por siempre. Fue muy difícil porque había mucha expectativa e incertidumbre”, acentuó.

Con el apoyo de la Cámara de Comercio Hispana del Sur de la Florida, obtuvo ayuda financiera para pequeños negocios, bajo el proyecto Small Business Administration.

“Soy miembro de la Cámara, y fue de gran ayuda, porque logré mantenerme. Debo agradecer a (a la directora) Liliam López su aporte, pero también a los dueños de los locales que nos brindaron su apoyo para ser flexibles en la exigencia de los pagos”, acentuó.

Más tarde recalcó que le ayudó mucho no cobrar un gran porcentaje de depósito para reservar fechas: “Pido depósitos mínimos para apartar el salón y así se bloquea el día. Eso me favoreció, porque la gente no sintió que estaba poniendo en riesgo grandes cantidades de dinero”.

Orgullosa de dar la cara a sus clientes, nunca esconderse, incluso de llegar a acuerdos para devolver depósitos, fue tal vez su mejor carta de presentación, Sánchez recordó que “la gente tenía mucho temor porque no sabían qué iba a pasar con su dinero. Personas que ahorraron por años para celebrar la fiesta de los 15 de su hija, y ver que todo se había cerrado. Pero fuimos saliendo poco a poco. Algunos hicieron las fiestas en casa. Yo les ofrecí la decoración, el servicio, pero claro no todos los servicios los hago yo”, y eso habría que pagarlo.

Y cuando permitieron reabrir los salones de fiestas, Sánchez recordó que solo permitieron el suso del 50% de la capacidad del local, por lo que le tocó negociar con los clientes.

“He tenido que hacer fiestas con solo 20 personas, pero agradezco poder estar trabajando. Recomenzamos con poco público y ya estamos otra vez tomando fuerza. Debo decir que con la pandemia estoy ofreciendo precios muy económicos y eso me ha ayudado mucho porque la gente quiere celebrar", señaló.

Rosario Sánchez mantiene la esperanza en su local. Sabe que volverá a tomar el empuje que tenía cuando llegó la pandemia, pero recalcó que muchas cosas han cambiado.

“Creo que a los seres humanos les falta estar en familia. La gente ahora le da valor al compartir con amistades y familiares, así sea un grupo de 40 o 50 personas. Las fiestas son más emotivas y muchas tienen transmisiones por ZOOM, para contactar a los que están lejos. He hecho el cumpleaños de abuelas de 80 o 90 años, que alegres me comentan que decidieron hacer una fiesta porque pasaron el COVID y nada mejor que estar en familia con los nietos, sobrinos e hijos”.

 

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