MIAMI. – El hermetismo del régimen de La Habana acerca del estado de salud del general de ejército Raúl Castro, se debe a “la necesidad de preparar los dispositivos de seguridad antes de comunicar cualquier desenlace”, así lo asegura el historiador, analista y experto en temas cubanos Juan Antonio Blanco, entrevistado por DIARIO LAS AMÉRICAS.
Hermetismo sobre Raúl Castro permitiría al régimen preparar mecanismos de control, advierte experto
El analista Juan Antonio Blanco prevé inestabilidad interna si el general deja definitivamente de ejercer su autoridad y duda que Miguel Díaz-Canel o sus herederos sean aceptados
Tras la primicia ofrecida por este rotativo acerca del estado de salud del exministro de las Fuerzas Armadas cubanas, las versiones sobre el agravamiento del estado de salud de Raúl Castro, seguidas por otros reportes que lo han puesto en dudas y uno del canal de televisión Local 10 que lo describía hospitalizado pero estable, y más recientemente este sábado, imágenes que muestran su reaparición en un acto conmemorativo, mantienen abiertas dos principales interrogantes que La Habana no responde: cuál es su condición real y qué ocurrirá dentro de la estructura gobernante cuando deje de ejercer la autoridad que aún conserva.
La información difundida por Local 10 el 3 de septiembre fue atribuida a fuentes consultadas por, según mencionan, el analista de ese medio Andy Gómez. La televisora señaló además que Abelardo Colomé Ibarra, exministro del Interior conocido como “El Furry”, se encontraría en peores condiciones de salud que Castro. La salud de Colome Ibarra había sido noticia mucho tiempo atrás.
Dos días antes, nuestro rotativo había informado que el exmandatario de 95 años, permanecía gravemente enfermo, bajo cuidados médicos especiales y afectado por lo que podría haber sido un accidente cerebrovascular. Ninguna de esas valoraciones ha sido acompañada por un parte clínico de una autoridad de salud o de las autoridades cubanas.
La aparición pública más reciente de la general antes del reporte de su enfermedad emitido por DIARIO LAS AMÉRICAS, que estuviera documentada por la prensa oficial cubana había ocurrido el 13 de agosto, durante la gala por el centenario de Fidel Castro celebrada en el teatro Karl Marx de La Habana. Desde entonces, no se habían divulgado en Cuba detalles acerca del exgobernante hasta este sábado 5 de septiembre.
Según Blanco, los gobiernos autoritarios suelen reservarse anuncios de esta naturaleza hasta asegurar dos frentes. En el plano interno, necesitan colocar sus dispositivos de seguridad, anticipar posibles manifestaciones y garantizar la capacidad de respuesta de las fuerzas militares y policiales. Paralelamente, evalúan las repercusiones internacionales que tendría la noticia.
“Nosotros siempre nos enteramos cuando muere un dictador, en el momento que ellos deciden anunciarlo”, afirmó el historiador, quien recordó como antecedente el manejo de la información alrededor del fallecimiento del gobernante venezolano Hugo Chávez.
El entrevistado que ofreció esta entrevista, previo a la supuesta reaparición de Raúl Castro, aclaró que la falta de una comunicación oficial al respecto no demuestra por sí sola que Castro habría muerto ni tampoco permite descartar un agravamiento. Mientras persista la incertidumbre, advirtió Blanco, corresponde a la prensa continuar en la búsqueda de información lo más certera posible mediante sus propias fuentes y contrastar cada indicio antes de presentarlo como un hecho.
Ante una eventual confirmación de su deceso, Blanco anticipó celebraciones tanto en sectores de la población cubana como entre integrantes del exilio en Miami. Advirtió, sin embargo, que ese acontecimiento no produciría automáticamente un cambio político en Cuba.
La trascendencia del estado de salud de Castro radica en la influencia que mantiene pese a no ocupar formalmente la presidencia ni la primera secretaría del Partido Comunista. Dentro de la jerarquía interna, explicó el analista, sin embargo, continúa siendo la figura de mayor peso.
A su juicio, el traspaso institucional presentado después de su retiro no modificó la ubicación real del mando. En congresos partidistas y otros acontecimientos decisivos, la dirigencia ha recurrido al general de ejército para respaldar pronunciamientos o determinaciones fundamentales.
“Lo demás es pura cosmética”, sostuvo Blanco.
Miguel Díaz-Canel encabeza oficialmente el Estado y el Partido Comunista, pero el experto duda que esos cargos sean suficientes para obtener la obediencia automática de una élite acostumbrada a responder ante el menor de los hermanos Castro.
“Todos saben que [Diaz Canel] es un monigote”, aseveró.
La pregunta, añadió, es cómo reaccionarán los altos mandos cuando Díaz-Canel ya no cuente con el respaldo de quien hasta ahora ha resuelto disputas y fijado los límites dentro del sistema. Figuras como José Ramón Machado Ventura pertenecen también a una generación de avanzada edad que difícilmente podría asumir un liderazgo prolongado.
“Lo que sí presiento es que se abre al interior de la cúpula un período de inestabilidad e ingobernabilidad interna”, advirtió Blanco.
La familia Castro intentaría preservar su influencia y presentar a alguno de sus integrantes como garantía de continuidad. Blanco no considera, sin embargo, que esa pretensión vaya a ser aceptada necesariamente por los altos oficiales.
“Muy difícilmente la jerarquía militar admita a Alejandro o a ‘El Cangrejo’ [Raúl Guillermo Rodríguez Castro] como sucesor legítimo”, afirmó en referencia a Alejandro Castro Espín, hijo del exgobernante, y al nieto y antiguo jefe de la escolta.
La obediencia personal mantenida hacia Raúl Castro mientras permanezca con vida no implica, razonó, que pueda transferirse a sus descendientes. Su ausencia dejaría frente a frente a la institucionalidad encabezada por Díaz-Canel, los intereses familiares y las distintas facciones del estamento militar.
Blanco y el economista Emilio Morales habían advertido en análisis anteriores que la eventual muerte del general podría profundizar divisiones ya existentes entre quienes controlan el país. Parte de esa nomenclatura, explicó, comprende que las medidas anunciadas por el Gobierno son simples retoques y podría negarse a enfrentar una crisis nacional únicamente para garantizar la permanencia de una dinastía.
Esa confrontación abriría la posibilidad de que algún sector estuviera dispuesto a negociar “un cambio realmente radical del sistema y no simplemente un cambio cosmético”.
El especialista subrayó que una fractura no equivale necesariamente al comienzo de una transición democrática. El resultado dependería de la actuación de la ciudadanía, de los grupos internos y de la presión internacional.
¿España como destino de los Castro?
También precisó un elemento relacionado con las versiones acerca de una posible salida de los Castro de Cuba. Al ser preguntado si su planteamiento original contemplaba específicamente a España como destino, respondió de manera categórica: “No”.
Su hipótesis se refería al efecto político que tendría la retirada del clan y a las oportunidades que podría abrir para una transformación del país. Blanco no identificó a España como nación receptora ni presentó esa posibilidad como un acuerdo confirmado.
Sobre los errores que deberían evitar los periodistas, recomendó no anunciar una muerte sin evidencias y prestar mayor atención a los movimientos anormales dentro de las instituciones cubanas.
Entre las señales que consideró relevantes mencionó la suspensión o restricción de pases para militares, la concentración del personal en las unidades, movilizaciones extraordinarias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del Ministerio del Interior (MININT), la activación de grupos de respuesta rápida y una actividad inusual durante la madrugada en dependencias de la Plaza de la Revolución.
Blanco sostuvo que una movilización de esa magnitud sería indicio de que algo grave podría estar próximo a anunciarse.
Asimismo, sugirió observar oficinas que permanezcan iluminadas a horas poco habituales y pedir a colaboradores dentro de la isla que corroboren cualquier alteración de la rutina. Tales indicios podrían revelar que el aparato estatal se prepara para un acontecimiento importante, pero no bastarían para determinar cuál es la condición de Castro.
Más allá de que las fuentes lo describan como grave o estable, Blanco considera que la cuestión decisiva será la conducta de los mandos cuando el general ya no pueda impartir órdenes ni arbitrar las diferencias dentro del sistema.
NULL
