MIAMI.- Cuando la puerta del carguero se cerró y la torre de control autorizó el despegue, el trabajo más difícil ya había terminado.
Los rostros detrás del primer vuelo de ayuda humanitaria de Estados Unidos hacia Cuba
Semanas de planificación, coordinación logística y el trabajo de decenas de personas hicieron posible el despegue desde Miami del primer vuelo de ayuda humanitaria del Gobierno de Estados Unidos con destino a Cuba
Dentro de la aeronave viajaban 18 toneladas de ayuda, distribuidas en 700 kits de alimentos y 700 kits de aseo, destinados a la población cubana a través de la Iglesia Católica y organizaciones independientes. Detrás de ese momento quedaban semanas de coordinación, permisos, cálculos de peso y un equipo que, desde distintas responsabilidades, convirtió una iniciativa humanitaria en una compleja misión aérea.
Mientras las cámaras seguían la salida del avión desde el Aeropuerto Internacional de Miami (MIA), pocos conocían todo lo que había ocurrido antes de que comenzara a rodar hacia la pista. Especialistas en logística, pilotos, técnicos y trabajadores aeroportuarios compartían un mismo objetivo: que la asistencia llegara a su destino.
Semanas de coordinación
Aunque el vuelo partió este martes desde Miami, la misión comenzó mucho antes. Equipos del Departamento de Estado (DOS), organizaciones humanitarias, la Iglesia Católica y la aerolínea 7Air Cargo coordinaron durante semanas cada etapa del proceso para garantizar que el envío pudiera realizarse bajo estrictos protocolos operacionales.
Carlos Rivera, director de Operaciones de 7Air Cargo, explica que el trabajo empezó incluso antes de que los suministros llegaran al avión.
La organización implicó gestionar permisos, elaborar el plan de vuelo y calcular con precisión la distribución del peso que transportaría la aeronave.
“Ya tenemos el avión listo, cargado con todas las precauciones que necesitamos para hacer la operación. Solamente estamos esperando la autorización del tránsito aéreo para cerrar la puerta e irnos”, comentó minutos antes de la salida a DIARIO LAS AMÉRICAS.
Rivera explicó que uno de los mayores desafíos fue planificar el viaje teniendo en cuenta las limitaciones existentes en Cuba.
“No cuentan con combustible, por tanto nosotros tenemos que planificar la carga que nos permita ir y regresar sin repostar en La Habana”, señaló.
Esa condición obligó a calcular cuidadosamente la gasolina necesaria para ambos trayectos, la ubicación de cada pallet y el balance de la aeronave.
“Eso tiene sus limitantes propias operacionales: peso, balance y plan de vuelo”, resumió.
Cada kilogramo cuenta
En un despliegue logístico de estas características no basta con transportar la mayor cantidad posible de suministros.
Cada bulto paletizado ocupa un lugar específico y cada kilogramo modifica el comportamiento del avión durante el trayecto.
La distribución debía cumplir rigurosamente con lo establecido para garantizar un traslado seguro, especialmente considerando que el avión regresaría a Miami sin reabastecer combustible en la capital cubana.
Todo fue revisado una y otra vez antes de autorizar el cierre de la compuerta.
Un honor desde la cabina
Mientras el equipo ultimaba los preparativos, el capitán Carlos Gómez seguía atento cada movimiento desde el puesto de mando.
Para él, además del desafío técnico, el viaje tenía un profundo significado.
“Realmente es un honor para nosotros poder colaborar de esta forma con el pueblo cubano”, dijo en declaraciones a este medio.
El piloto recordó que 7Air Cargo ha participado anteriormente en operaciones de asistencia internacional, pero reconoció que este puente aéreo hacia Cuba representaba una desafío adicional.
También explicó que el éxito del traslado dependía de una preparación minuciosa.
“Hay que tener en cuenta la correcta estiba de la carga, el peso adecuado y la capacidad del avión para transportar determinado número de kilos y cumplir la misión con total seguridad”, afirmó.
A pocos metros de Gómez, la copiloto Ana María Ospina compartía el mismo sentimiento.
Mientras completaba las listas de verificación previas a la salida, aseguró que formar parte de esta encomienda representa una satisfacción tanto profesional como personal.
“Para nosotros es un orgullo poder ayudar a todos los que estén pasando por una situación de necesidad en estos momentos”, expresó.
“Siempre es un placer estar ayudando a la gente y colaborar en este tipo de misiones”, añadió.
Donde comienza realmente el viaje
Antes de que los motores se pusieran en marcha, otro equipo llevaba horas trabajando en la plataforma.
Daniel Álvarez, gerente asistente de Operaciones (AGM) de Worldwide Flight Services (WFS), coordinó junto a su equipo el pesaje y la preparación de los suministros antes de que fueran introducidos en la bodega del carguero.
“Nosotros recibimos la carga, la pesamos, la preparamos, hacemos todos los controles y aseguramos los pallets antes de introducirlos en el avión”, explicó.
Una vez concluido ese proceso, el personal de tierra entrega la información necesaria para que la tripulación pueda verificar el peso total de la aeronave y su centro de gravedad.
“Después pasamos toda esa información para que puedan balancear el avión con el combustible y distribuir correctamente el peso entre la parte delantera y la trasera”, comentó.
Cuando dejó a un lado los procedimientos técnicos, resumió el propósito que compartía todo su grupo.
“Ojalá que esta carga llegue a Cuba y que la ayuda alcance a todas las personas que la necesitan”, expresó.
Una misión que también sintieron como propia
Entre quienes participaron en los preparativos la mayoría eran cubanos emigrados al sur de Florida, a nuestras cámaras y micrófonos accedió Alejandro Criado, integrante del equipo de Operaciones de 7Air Cargo.
Su labor se desarrolló lejos de los reflectores, pero formó parte del engranaje que permitió que todo transcurriera según lo previsto.
“Es un placer haber sido parte de esta brigada que contribuyó con la ayuda humanitaria. También fue un honor haber trabajado para brindar el mejor servicio posible”, afirmó.
Más allá del desafío operativo, aseguró que su mayor deseo y el de quienes lo acompañaron hoy era que el esfuerzo realizado tuviera un impacto directo en los cubanos de a pie.
“Deseo que todo llegue bien a nuestro país, ese que amamos tanto, y ojalá que esta ayuda llegue a manos de las personas que realmente la necesitan”, expresó.
El destino final de la misión
Con el inicio de la travesía desde Miami concluyó una etapa de la operación, pero comenzó otra al otro lado del estrecho de la Florida.
A solo 90 millas de distancia, personal del Aeropuerto Internacional José Martí (HAV) aguardaba la llegada del carguero para iniciar las labores de recepción del envío.
Una vez completados los procedimientos aeroportuarios, el cargamento sería entregado a Cáritas Cuba, la organización de la Iglesia Católica encargada de hacerlo llegar a personas y familias en situación de vulnerabilidad en el territorio capitalino, seleccionadas por la institución religiosa tras una evaluación previa. De acuerdo con el Departamento de Estado y la Embajada de EEUU en La Habana, la distribución fue diseñada para realizarse a través de los canales escogidos, con el propósito de que la asistencia llegue directamente a la población, sin intervención y control del régimen cubano cómo siempre acostumbran a hacer.
Solo entonces terminaría un trabajo que comenzó con mucho amor entre hangares, oficinas y plataformas de carga y que continuaría en parroquias y comunidades de toda la isla, donde voluntarios de Cáritas asumirían la tarea más importante de la misión: convertir un operativo logístico en asistencia para quienes más la necesitan.
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