MIAMI. - Hay funciones que no terminan cuando cae el telón. La primera presentación de Mi vida for rent, en Teatro Miami, este viernes 17 de abril, con funciones durante todo el mes, dejó esa sensación: sala llena, risas sostenidas y una identificación inmediata con lo que se cuenta. No es casual. La historia, y la forma de contarla, dialoga directamente con la vida de quienes han tenido que recomenzar.
"Mi vida for rent": el humor que nace de empezar de cero
Una pareja, muchas mudanzas y una ciudad que exige reinventarse: la comedia de Mijail Mulkay conecta con la vida real del inmigrante en Miami
Minutos después de la ovación final, y ya con la energía del público aún presente en la sala, se abrió el espacio para conversar. En intercambio con DIARIO LAS AMÉRICAS, los actores Chris Gómez y Omar Rolando compartieron impresiones sobre una propuesta que, más allá del entretenimiento, se ancla en experiencias muy cercanas.
Esta noche se enfrentaron a una historia que interpela a buena parte de la comunidad inmigrante en Miami, en especial a los cubanos. ¿Qué significó para ustedes asumir ese reto desde el escenario?
La respuesta no tardó en ir a la raíz del proyecto.
“Creo que eso fue lo primero que nos enamoró de esta obra: el guion. El hecho de que Mijail, que es un gran actor y director, se nos acercara y nos dijera ‘mira este texto, mío’, sentí que fue algo muy personal, y que él lo compartiera con nosotros fue un honor”.
Dirigida por Mijail Mulkay, Mi vida for rent parte de una premisa tan simple como reconocible: una pareja joven que, sin poder sostener una renta estable, se ve obligada a mudarse constantemente en busca de opciones más asequibles. A partir de ahí, el relato avanza entre tensiones de pareja, situaciones absurdas y momentos que provocan risa, pero con una base profundamente real.
“La verdad es una historia real. Muchas de las cosas que suceden en la obra son pasajes de su vida y de personas muy allegadas a él, son experiencias que la mayoría de las personas ha vivido”.
Ese vínculo con lo cotidiano sostiene la pieza. En una ciudad donde el costo de vida redefine decisiones personales y profesionales, el escenario funciona como reflejo.
La puesta remite también a esos primeros pasos en Miami, a lo que implica reconstruirse. ¿Cómo describen ustedes ese inicio?
El recuerdo aparece sin filtros.
“Cuando uno es profesional en Cuba y llega aquí es muy difícil. A mí me tocó ser mesero; nosotros igual. Ella fue mesera. Yo trabajé como plomero, como carpintero, cosas que uno siempre les saca provecho porque aprende de todo y trata de quedarse con lo bueno”.
En ese tránsito, de lo que se era a lo que toca ser, se perfila una generación. Jóvenes que dejaron todo en la isla en busca de oportunidades y que hoy sostienen su presente entre múltiples oficios, incertidumbre y adaptación constante.
“Igual uno llega aquí y la gente te dice que olvides la actuación, que olvides el arte, porque es muy difícil… pero no sería el consejo que yo le daría a nadie”.
Sobre las tablas, Gómez y Rolando conducen la historia con ritmo sostenido. La música original de Camila Bordon Arenal y la incorporación de códigos contemporáneos, incluidos guiños a redes sociales, acompañan una puesta dinámica que no pierde ligereza, incluso cuando roza temas sensibles.
El estreno confirmó esa conexión con el público.
Tras esta primera función, con la sala completamente llena, ¿qué sensaciones les deja este encuentro?
“Se siente muy bien, la verdad. Se siente espectacular. Siempre los estrenos son un poco convulsos. Estábamos un poco nerviosos, pero siempre confiamos en Mijail”.
La figura del director emerge como eje del proceso creativo.
“Yo lo admiro muchísimo como actor, y esa fue una de las cosas que nos hizo hacer esta obra. Él nos dio toda la confianza que nosotros necesitábamos. Todas las herramientas estaban ahí… y ahora háganlo y háganlo ver a las personas”.
Pero la función también tuvo lecturas que trascienden lo escénico. En una de las escenas, un elemento visual generó reacción inmediata: el nombre de Miguel Díaz-Canel, incorporado de forma provocadora en una prenda del vestuario, funcionó como guiño directo a la realidad cubana. A ello se sumaron expresiones profundamente arraigadas en el exilio, como “Abajo los presos políticos” o “Ya viene llegando”, frases que el público no solo reconoció, sino que acompañó y repitió desde la sala.
“Después de un teatro lleno, ovaciones: un texto que representa la realidad del pueblo cubano y gritos de ‘¡Abajo!’, ‘los presos políticos’, ‘Díaz-Canel’, ‘¡Libertad para Cuba!’”.
Más allá del humor, la obra toca fibras vinculadas a la situación del país. ¿Qué mensaje sienten que pueden transmitir desde el escenario?
“Eso es simplemente apoyar todo lo que está sucediendo, todo el mal que está pasando en nuestro país, que queremos un cambio. Esta es la manera de alzar la voz y que la gente sepa que estamos con el pueblo siempre”.
En ese punto, el teatro asume otra dimensión.
“El escenario es la trinchera, es la tribuna donde podemos decir lo que pensamos y lo que no nos han permitido. Es un privilegio”.
El cierre vuelve al espectador.
¿Qué esperan de este montaje en su recorrido y qué le dirían a quienes aún no la han visto?
“Espero que esté en cartelera por mucho tiempo, que las personas la sientan, la vivan, la disfruten y la recomienden… pero sobre todo que la disfruten. Nosotros damos el cien”.
Y una idea que resume el espíritu de la propuesta:
Mi vida for rent trasciende la comedia. Es un retrato de una etapa, de una generación y de una ciudad donde comenzar de nuevo forma parte del día a día. Entre risas, deja una certeza: lo que ocurre en escena no está lejos.
Las funciones se presentan en Teatro Miami, ubicado en 7265 NW 74 St, Unit 2, Medley, a las 8:00 p.m.
La invitación queda abierta desde el escenario, donde cada función vuelve a contar una historia que muchos ya han vivido:
“Que todo el que venga pase un buen rato… que se lleve un lindo sabor de boca. Y que corra la voz para que más personas puedan sentirse identificadas con esta historia”.
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