MIAMI. - Treinta años después del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, la herida sigue abierta para las familias, el exilio cubano y para una parte de la memoria histórica del continente. Más allá del hecho político, el aniversario revive historias profundamente humanas, como la de Nancy Morales, hermana de Pablo Morales, quien habló en exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS desde un lugar donde el testimonio es, al mismo tiempo, duelo, fe y denuncia.
Pablo Morales, 30 años después: memoria viva entre el dolor, la fe y la deuda pendiente de justicia
A tres décadas del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, el testimonio de Nancy Morales, hermana de Pablo, revive el costo humano de la tragedia, la memoria de los pilotos caídos y la deuda frente a uno de los episodios más polémicos en la relación entre el régimen cubano y el exilio
Nancy no habla desde la distancia del tiempo. Habla desde una herida viva
“Aún hoy, treinta años después de esta horrible tragedia, sabemos que muchos de esta generación no conocen qué fue lo que sucedió ese fatídico día”, dice. Y agrega con voz quebrada: “Gracias por mantener vivo el legado que nos dejaron Pablo, Mario, Armando y Carlos, un ejemplo inquebrantable de amor y pasión por la justicia y por la libertad de su pueblo, Cuba”.
Hermano, hombre, ser humano
Para Nancy, Pablo no es solo un nombre dentro de un episodio histórico. Es memoria familiar, fe y orgullo.
“En mi corazón el tiempo no ha pasado”, afirma. “La vida ha continuado su curso, pero durante estos treinta años, como hermana de Pablo Morales, han sido tantas y tantas las situaciones difíciles que hemos tenido que enfrentar”.
Su relato se vuelve íntimo, profundamente personal:
“Pablo vive en mi corazón. Vive como lo que siempre fue, mi niño, un joven apasionado, entregado al prójimo hasta su último aliento”.
Lo describe como un ser humano sin artificios y formado en preceptos firmes:
“Fue un hombre con muchas cualidades, principios y valores que le fueron fundados desde la cuna. Muy honrado, íntegro, alegre, sincero, amoroso y, sobre todo, justo y fiel a sus ideales hasta el final”.
Su fe también define el recuerdo:
“Conoció a nuestro Señor Jesucristo, entregó su vida a Él, y hoy descansa en su presencia”.
Vocación de libertad y servicio
Ella insiste en que su hermano actuaba movido por convicción moral y gratitud humana.
“Desde muy temprana edad no toleraba las injusticias y fue un joven amante de la libertad”.
Su motivación estaba ligada a una experiencia personal en el mar:
“Así como él fue un día rescatado en alta mar cuando estaban a punto de hundirse, en agradecimiento siempre quiso ser parte de Hermanos al Rescate y seguir salvando balseros. Era lo menos que podía hacer”.
Recuerda incluso frases que hoy cobran un peso simbólico:
“Siempre me decía: ‘Niña, cuatro ojos ven más que dos’. Él no era piloto, pero sentía que sus ojos eran valiosos en esa obra”.
El segundo que destruyó una vida entera
El derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate marcó un antes y un después absoluto para su familia.
“A nosotros la vida nos cambió en el mismísimo instante en que él fue pulverizado”, dice.
La frase más dura llega casi en susurro:
“Nos arrancaron el corazón en ese preciso instante”.
Persecución, exilio y silencio impuesto
La entrevistada asegura que el impacto no terminó con la muerte de su hermano.
“Nosotros estábamos en la isla y la persecución era insoportable”.
Describe cómo, el gobierno cubano criminalizó a Pablo y presionó a la familia:
“Para el gobierno criminal de los Castro, Pablo era un terrorista y nosotros nos estábamos convirtiendo en un problema”.
Finalmente, salieron de Cuba como refugiados políticos. Pero la salida no significó silencio:
“Nunca hemos dejado de levantar nuestras voces y nunca callaremos”.
La justicia que aún esperan
Treinta años después, Nancy es directa:
“La justicia del hombre no ha llegado”.
Su frustración apunta a la comunidad internacional y a los organismos multilaterales:
Su aforismo más contundente resume su postura:
“Los asesinos continúan libres y oprimiendo a más de once millones de cubanos”.
Lo que el mundo no ha querido entender
Desde su posición como familiar de una de las víctimas, no busca persuadir a la comunidad internacional. Sostiene que la historia habla por sí sola.
“No me preocupa lo que el mundo decida entender o no entender. Es cuestión de observar de qué lado de la historia han decidido estar”.
Y añade, desde su visión espiritual:
“La verdad siempre prevalecerá. El mal jamás vencerá”.
Mensaje a las nuevas generaciones
Su mensaje a los jóvenes cubanos mezcla advertencia y esperanza.
“La libertad tiene un alto precio y no todos están dispuestos a pagarlo”.
Pero también afirma ver señales de cambio:
“Por primera vez en treinta años veo una luz en medio de tanta oscuridad”.
Y lanza una petición directa:
“Que no se rindan jamás”.
Cómo quiere que se recuerde a Hermanos al Rescate
Defiende su esencia como fuerza de salvamento en alta mar y los riesgos extremos que enfrentan quienes deciden arriesgar sus vidas en busca de libertad.
“Los Hermanos al Rescate deben ser recordados como lo que fueron: una organización humanitaria que solo intentaba salvar vidas de cubanos balseros que salían huyendo de la isla”.
Luego resume el sentido del sacrificio:
“Cuando Cuba sea libre, su sacrificio no habrá sido en vano”.
Treinta años después: memoria, fe y resistencia
Nancy reconoce que el recuerdo sigue siendo doloroso, pero también necesario.
“Que aún se recuerde este hecho es la prueba de que las injusticias no serán jamás toleradas ni olvidadas”.
Su cierre no es político. Es espiritual:
“Solo el amor y la presencia de Dios en mi vida me han permitido llegar hasta aquí. El legado de Pablo es y será mi gran tesoro”.
Para las familias, el tiempo no ha pasado: solo ha acumulado ausencia. Tres décadas después, este aniversario no solo obliga a recordar a las víctimas, sino a señalar responsabilidades históricas que siguen sin rendir cuentas.
El derribo de las avionetas no fue un accidente ni un exceso aislado: fue una decisión ejecutada desde la estructura de poder del régimen cubano, bajo el mando de Raúl Castro, como parte de una política sistemática de represión contra todo aquel que representara libertad, denuncia o ayuda humanitaria fuera del control del Estado.
Recordar a los pilotos de Hermanos al Rescate es también denunciar a un aparato que, durante más de 67 años, ha perseguido, encarcelado, silenciado y eliminado vidas en nombre de la permanencia del poder.
La memoria de Mario, Carlos, Armando y Pablo no pertenece al pasado: sigue siendo una prueba viva de que la historia exige verdad, justicia y responsabilidad.
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