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CUBA

Preso del 11J cuestiona el discurso de Otero Alcántara tras su llegada al exilio

Fernando Michel Barzaga, cuya condena termina el 12 de agosto, reclama atención para cientos de cubanos que siguen encarcelados

Por CARLOS ARMANDO CABRERA

MIAMI.- Desde una cárcel de Granma y a pocos días de la fecha en que asegura debe terminar su condena, Fernando Michel Barzaga Mompié cuestionó la posición pública asumida por Luis Manuel Otero Alcántara tras llegar a Miami y recuperar una libertad que todavía permanece fuera del alcance de cientos de cubanos.

El mensaje fue difundido este martes por la plataforma Click Cuba, que situó al manifestante del 11 de julio de 2021 en la prisión provincial Las Mangas.

“Sabemos que el régimen me prefiere muerto antes que libre, pero mi verdad nunca será silenciada”, afirmó.

Barzaga sostiene que la sanción de cinco años impuesta por los delitos de desórdenes públicos y atentado concluye el próximo 12 de agosto. Sin embargo, dijo desconocer si será excarcelado o qué medidas podrían imponerle las autoridades.

El Gobierno cubano no ha confirmado públicamente esa fecha ni las condiciones de su eventual salida. La incertidumbre cobra especial relevancia debido a los antecedentes de opositores retenidos después de cumplir sus penas, sometidos a vigilancia o presionados para abandonar el país.

El reclamo más directo estuvo dirigido a Otero Alcántara, a quien reprochó no haber aprovechado plenamente la atención recibida desde su llegada a Estados Unidos para denunciar las circunstancias que afrontan quienes continúan tras las rejas.

La crítica adquiere particular significado porque procede de otro opositor que no habla desde una tribuna en Miami, sino desde una institución penitenciaria de la isla, sin garantías sobre lo que ocurrirá cuando complete su sentencia.

El fundador del Movimiento San Isidro arribó al sur de Florida el 18 de julio después de cumplir cinco años de encierro. Previamente permaneció varios días bajo control de la Seguridad del Estado, sin que familiares y allegados conocieran con precisión su paradero.

Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch calificaron su salida como un exilio forzado y recordaron que nunca debió ser procesado por ejercer las libertades de expresión y creación artística.

Ese historial represivo, sin embargo, no convierte sus declaraciones posteriores en incuestionables.

Desde Miami, el artista sostuvo que la solución para los detenidos por razones políticas consiste en alcanzar la “libertad de Cuba”, porque con el fin del sistema saldrían todos a la calle. La frase expresa una aspiración legítima, pero ofrece pocas respuestas inmediatas para quienes enfrentan hambre, enfermedades, golpizas, aislamiento o la posibilidad de completar sus sanciones sin recuperar realmente sus derechos.

Especialmente discutibles resultan sus palabras durante una entrevista con El País, en la que afirmó que los cubanos están desesperados por que ocurra “algo, cualquier cosa”. También señaló que muchas personas en la isla no saben qué quieren ni conocen qué es la democracia y reconoció que algunas contemplan una intervención extranjera como posible salida, aunque él se definió como pacifista.

Sus expresiones pueden entenderse como una descripción del agotamiento social provocado por décadas de dictadura, pero también encierran riesgos. Presentar a los ciudadanos como incapaces de comprender la democracia reduce una sociedad diversa a una generalización que puede resultar paternalista, especialmente cuando procede de alguien convertido en referente internacional de la oposición.

La ambigüedad frente a una eventual intervención tampoco constituye un asunto menor. Una figura con la visibilidad de Otero Alcántara debería explicar con precisión qué camino político defiende, cuáles serían sus límites y cómo evitaría que el sufrimiento de la población se utilizara para justificar una nueva confrontación.

Su notoriedad contribuyó a que el nombre del creador figurara en pronunciamientos de gobiernos, organismos internacionales y campañas de derechos humanos. Esa presión resultó importante para denunciar su caso y exigir la excarcelación.

Pero el reconocimiento también supone una responsabilidad. Haber padecido cinco años de reclusión no lo obliga a convertirse en portavoz de todos los opositores, aunque sí permite exigirle coherencia, claridad y una defensa constante de quienes afrontan las mismas condiciones que él sufrió.

Su llegada a EEUU ofrecía una oportunidad para colocar en primer plano los nombres, las enfermedades, las familias y las necesidades urgentes de otros cautivos. Hasta ahora, buena parte de la conversación pública se ha concentrado en sus opiniones sobre el futuro del país y en el relato de su propia experiencia.

La inconformidad expresada desde Las Mangas parece surgir precisamente de esa diferencia: mientras una de las figuras más conocidas de la disidencia debate en el exilio sobre cómo podría terminar el sistema, otros todavía esperan medicamentos, alimentos, una llamada familiar o el simple cumplimiento de sus condenas.

No es la primera vez que Barzaga consigue enviar grabaciones desde un penal. En comunicaciones anteriores denunció problemas de salud, restricciones de visitas, falta de comida y presuntos abusos de los custodios.

También dirigió mensajes al encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer, y solicitó a la diáspora no olvidar a los privados de libertad. En abril relató que el encierro le había costado el vínculo con sus hijos, su matrimonio y su hogar.

Prisoners Defenders documentó al cierre de junio 1.306 personas sometidas a condenas o disposiciones de carácter político en Cuba. De ese total, aproximadamente 820 se encontraban efectivamente recluidas.

Las restantes cumplían sanciones bajo arresto domiciliario, libertad condicionada u otras modalidades de control estatal. Desde julio de 2021, más de 2.100 ciudadanos han pasado por el sistema penal por motivos políticos, según la organización.

El caso plantea una pregunta que la diáspora no debería eludir: ¿reciben todos los prisioneros de conciencia la misma solidaridad o la atención depende de la fama, las relaciones y la capacidad de convertir un nombre en símbolo?

Otero Alcántara fue víctima de una condena injusta y de un destierro impuesto. Esa realidad merece ser denunciada, pero no lo coloca fuera del escrutinio ni vuelve acertadas todas sus afirmaciones.

La salida de una figura reconocida constituye una buena noticia. La verdadera medida de su compromiso, sin embargo, estará en cuánto contribuya esa voz a rescatar del anonimato a quienes todavía permanecen en las mazmorras de la dictadura cubana.

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