MIAMI.- La palabra reinventarse cobró especial importancia en medio de la pandemia de coronavirus, pero Techy Carreno ya la había puesto en práctica varias veces desde que llegó al país en 2003, procedente de su tierra natal Perú.
Profesora de cosmetología transforma la pandemia en logros
En marzo de 2020, cuando tuvo que cerrar su negocio, que solo tenía un poco más de un año, no le fue difícil volver a buscar opciones que evitaran su cierre definitivo para continuar buscando su sueño americano.
“Soy enfermera graduada en Perú, pero en un momento no me sentía a gusto con mi trabajo. Cuando llegué a los Estados Unidos comencé limpiando casas, cuidando personas de la tercera edad, cuidando a niños, hasta animales”, recordó.
“Luego conseguí un trabajo repartiendo publicidad, cuando no existían las redes sociales, y con una sonrisa enorme en mi rostro, salía a las 6 de la mañana todos los días para entregar miles de volantes en las calles de la ciudad”, añadió.
Carreno comentó que con ese trabajo logró reunir dinero, con el que pudo avanzar para pagarse sus estudios y continuar con su crecimiento personal.
“Ganaba 50 dólares por cada mil hojas de publicidad entregadas. Comenzaba a las 6 de la mañana y terminaba antes de las 10. Entonces me di cuenta de que podía repartir para dos empresas que no tuvieran choque de intereses y así ganaba 100 dólares y mi esposo, que hacía lo mismo, ganaba otros 100. Nos dimos a conocer y logramos tener otro turno en la tarde, y así ganábamos 400 dólares diarios”.
Carreno recuerda que el entusiasmo que le ponía al trabajo y el espíritu con el que repartían cada uno de los volantes de publicidad le ayudó a salir adelante.
“Pudimos comprar una casa y comencé a estudiar para obtener certificaciones y así trabajar en un spa de belleza, pero luego quisimos tener un negocio, pero no sabíamos cómo lograrlo”, recordó.
"Un día tuve un accidente y me corté el dedo pulgar derecho. Prácticamente lo perdí. Quedó desprendido y aún conservo las fotos. Allí me di cuenta de que no podía depender de mis manos para ganarme la vida”, alegó.
En poco tempo se dio cuenta que era posible montar su propio negocio, preparándose, estudiando y buscando la forma de emprender su sueño.
“Así nació Skin Spa by Techy Carreno, un sueño cumplido, para lo cual comenzamos la afiliación con la franquicia de Post Quam. El spa requirió de una importante inversión que no teníamos y tuvimos que pedir un préstamo grande, con la seguridad que nos iría bien. Y cuando ya nos estaban empezando a conocer, llegó la pandemia y nos vimos obligados a cerrar las puertas del local”, comentó.
Techy explica que a través de PostQuam se ofrecen cursos sobre nuevas técnicas para cosmetólogos del sur de la Florida, y las horas cumplidas en estos cursos son válidas para las exigencias anuales requeridas para las renovaciones de sus licencias del Department of Business and Professional Regulation's (DBPR).
“Cuando tuvimos que cerrar durante la pandemia nos embargó el miedo, ante toda la situación de incertidumbre en la que no sabíamos qué hacer. No queríamos cerrar para siempre el spa pero también había muchas deudas que pagar”, recordó
Luego comentó que, junto al propietario de la franquicia y otros profesionales colegas, decidieron comenzar a dar los cursos gratuitos vía online para ayudar a las cosmetólogas que estaban en sus casas, confinadas, desesperanzadas y también sin saber qué hacer.
“Para muchos fueron tiempos difíciles. Había mucha gente en sus casas encerradas y nosotros fuimos una luz para apoyarlos, preparándolos para que cuando todo volviese a la normalidad ya estuviesen preparadas. Comenzamos con algunas clases, pero en pocos días eran clases a toda hora, con alumnas de todo el sur de la Florida”, subrayó.
Meses más tarde, Carreno intenta volver a la normalidad, aunque las dificultades económicas no están superadas del todo. Ya abrió Skim Spa, aunque la capacidad de atención al público está reducida. Inició con los cursos presenciales para seguir capacitando cosmetólogas en distintas áreas de la belleza.
“Siempre le digo a mis alumnas que hay que dar un poco de los que se recibe. Decidimos que las modelos de nuestras clases fuesen mamás de niños con alguna condición, que sabemos que muchas veces no tienen tiempo para sí misma. También ofrezco el trabajo en las cejas a aquellos pacientes de cáncer que han perdido el vello. Así devolvemos a otros lo que la vida nos ha dado”, concluyó.
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