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coronavirus

Rosa se enfrenta a la muerte y le arranca vidas

Miles de trabajadores sanitarios han visto sus vidas trastocadas desde que la pandemia del nuevo coronavirus empezó a afectar el sur de Florida
Por CÉSAR MENÉNDEZ

MIAMI.- Rosa es enfermera. Como todo el personal sanitario desde que comenzó la pandemia del nuevo coronavirus, su vida ha dado un vuelco radical.

Rosa no llegó a esta profesión fruto de la casualidad. Es enfermera de vocación, siempre tuvo claro que ese era el objetivo de su vida, incluso cuando ser enfermera era considerado como un oficio innoble. “Las enfermeras son como las meretrices”, le dijo alguien hace muchos años para convencerle de que cambiara de carrera.

Pero Rosa perseveró en su empeño y se graduó con honores y se especializó con honores. Cuando llegó a EEUU revalidó su título a la primera a pesar de no dominar a la perfección el inglés. Estaba escrito: para Rosa ser enfermera es una forma de vida.

Si vas a su casa verás en una repisa cientos de figuras de enfermeras, de cristal, de tela, de barro, de plástico, de semillas de porcelana, de Swarovski, japonesas, rusas, chinas, italianas, españolas, figuras que irremediablemente comparten la misma vocación que su dueña y han llegado a este mundo mágico traídas por el afecto y la admiración que sus amigos sienten por la vocación de Rosa. Una vez que la conoces, las visitas a las tiendas de souvenirs del mundo cambian de sentido. Y siempre terminas preguntando: Por favor, ¿tiene usted una figurita de enfermera?

Rosa tiene una hermosa casa y una hermosa familia que ha ido creando a fuego lento junto a su esposo. De repente llegó esta pandemia que inmovilizó, infectó y mató a muchos por el mundo entero.

Rosa es de esas personas que cada día se viste de heroína y se encierra en una UCI a disputarle una vida a la muerte. Dicen que el virus es invisible, pero Rosa puede mirarle a los ojos y advertirle que no será fácil la pelea. Porque ella está allí, protectora, y dispuesta a hacérselo pagar muy caro.

Es lo que hace Rosa día tras día. Pero el coronavirus es traicionero y se agazapa y ataca donde más duele.

Por ello, Rosa vuelve a su casa y entra en silencio, pensativa, por la puerta trasera. Se desnuda en el umbral y pasa a su habitación aislada y se baña, aislada, pensando en su familia, que está del otro lado de la pared. Dos toques en la puerta significan que la comida está lista. Rosa disfruta de lo que le preparó su esposo del otro lado de la pared. Y hablan de sus cosas por teléfono estando en la propia casa. Se ven a través de la ventana de la habitación. Y Rosa duerme sola, repone sus fuerzas de heroína para nuevamente salir al combate.

Con el alba, en cada UCI, la muerte tiembla frente a un batallón de enfermeras que, como Rosa, le disputarán con fiereza la vida que pretende arrancar. Así son los héroes de esta batalla, las heroínas.

cmenendez@diariolasamericas.com
@menendezpryce

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