WASHINGTON.- SONIA SCHOTT
@schottv
Resulta curioso que la nueva guerra de Obama en el Medio Oriente, que hace tiempo dejó de ser una coyuntura adversa que se analizaba desde una cómoda y segura distancia, no ha estado presente en las campañas presidenciales, demócrata y republicana, aunque cada candidato ha opinado sobre el Estado Islámico
WASHINGTON.- SONIA SCHOTT
@schottv
No hay duda de que tanto la economía como la seguridad ocupan espacios estelares en Washington y ambos temas han funcionado como bisagra estratégica del liderazgo de Estados Unidos. Por eso, cuando el 10 de septiembre de 2014, el presidente Barack Obama anunció que planeaba destruir al grupo terrorista Daesh en Irak y el Medio Oriente, estaba claro que la defensa nacional e internacional era una prioridad que no admitía titubeos.
Esta advertencia marcó el inicio de los ataques aéreos, que no han parado desde entonces, y que han costado millones de dólares invertidos en decenas de miles de bombas. No obstante, Obama dejará el cargo en enero de 2017 y no hay duda que Daesh o ISIS, como también se le conoce, continúa aún vital, propagando su agenda de terror sin discriminar límites ni fronteras, lo que significa que el próximo inquilino de la Casa Blanca tendrá que intentar terminar lo que Obama empezó.
Ante esta realidad, resulta curioso que la nueva guerra de Obama en el Medio Oriente, que hace tiempo dejó de ser una coyuntura adversa que se analizaba desde una cómoda y segura distancia, no ha estado presente en las campañas presidenciales, demócrata y republicana, aunque cada candidato ha opinado sobre el Estado Islámico.
Obviamente, los aspirantes a la Casa Blanca coinciden en que los yihadistas representan un peligroso desafío porque se valen de una crueldad asombrosa para alcanzar su desmedida ambición de poder y por eso deben ser eliminados, pero ninguno ha mencionado un plan con más posibilidades de éxito que sustituya la propuesta de Obama de 2014.
Donald Trump y Ted Cruz, del lado republicano, sólo se han comprometido hasta el momento con hacer más, una posición que convenientemente no revela pormenores.
La verdad es que Daesh, cuyas fuentes de financiamiento han sido afectadas por los bajos precios del petróleo, sigue sobreviviendo a los bombardeos de Obama porque utiliza civiles como escudos humanos, cuando toma poblaciones por la fuerza, al tiempo que se vale de rescates por secuestro, redes de extorsión o actividades delictivas para obtener fondos.
Este mes, Estados Unidos anunció el envío por primera vez, de bombarderos B52 para iniciar una batalla desde Qatar contra ISIS, ataques precisos y no masivos como en Vietnam, para evitar bajas de civiles.
Ante este panorama, es todavía difícil imaginarse cómo Trump o Cruz podrían hacer algo diferente, a menos que enviaran tropas a Siria e Iraq para librar una guerra a gran escala, algo que el gobierno iraquí nunca aprobaría; y mientras Siria esté invadida de milicianos, pro y contra el gobierno, el despliegue de una fuerza de ocupación estadounidense supondría una animosidad peligrosa para la región. Tal vez por eso el presidente Obama, durante su visita a Londres, rechazó nuevamente esa posibilidad, admitiendo también que la derrota de ISIS no formará parte de su legado.
Va a ser un reto difícil igualmente para una presidenta Clinton, o un Sanders, aunque las medidas de Obama hayan facilitado el camino, especialmente con la reciente incorporación de 200 estrategas militares en Iraq y 250 fuerzas de operación adicionales en Siria, como apoyo a las fuerzas locales.
En cualquier caso, los candidatos demócratas no parecen favorecer un cambio de curso, y enviar tropas para combatir a ISIS, algo que está muy en sintonía con los deseos del pueblo norteamericano que está cansado de ver a su país involucrado en guerras de países lejanos.

video