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ANÁLISIS

El exilio histórico cubano, un significado que no se puede desconocer

No hay justificación para que las nuevas generaciones, especialmente las que llegan al exilio con la intención de opinar o participar en la lucha por la libertad de Cuba, carezcan de una correcta educación político-histórica

Por Luis Zúñiga

Una característica afín a todos los regímenes comunistas que han existido en el mundo es el reescribir la historia anterior y presentar la suya como una epopeya de éxitos sin precedente gracias a su sistema político. Para imponer esas “versiones ficticias” usan el control absoluto que imponen sobre todos los medios de comunicación y propaganda.

Un componente importante en la redacción de “su historia” es la distorsión de la personalidad y propósitos de sus adversarios.

La lista de descalificaciones que han hecho en Cuba es muy extensa: Los alzados en armas no han sido patriotas, campesinos y exmiembros del mismo ejército rebelde de Fidel Castro, sino “bandidos que robaban ganado y asesinaban personas inocentes”. Los que renunciaban al régimen y acusaban a Fidel Castro de que los traicionó violando la “Carta de México” que firmó con José Antonio Echeverría, comprometiéndose a restablecer la Constitución de 1940 y a realizar elecciones libres y democráticas en 18 meses una vez Fulgencio Batista estuviera fuera del poder, se les identificaba como “traidores”. Los que conspiraban en toda la isla para derrocar la dictadura eran calificados de “subversivos y contrarrevolucionarios”. Los invasores de Bahía de Cochinos fueron etiquetados como “mercenarios”. Los que realizaban operaciones de infiltración y desembarco con armas eran calificados como “agentes de la CIA”.

Las difamaciones nunca han dejado de estar presente en las bocas y medios de prensa del régimen: Los que no simpatizan con la dictadura comunista son identificados como “gusanos”, a los que se marchan del país los llaman “antisociales”, los exiliados son calificados como “apátridas”. Los exiliados que han tratado de usar el poder e influencia de los Estados Unidos para lograr la libertad de Cuba son etiquetados por el régimen como “anexionistas”.

Es un hecho que varias generaciones en la isla solo tuvieron como referencia informativa esas descalificaciones omnipresentes en la radio, televisión y la discursiva oficial.

Sin embargo, la llegada de la internet a Cuba, que coincidió con el nuevo milenio, abrió la posibilidad de buscar desde un teléfono la información correcta sobre los acontecimientos ocurridos en la isla. Adicionalmente, cientos de miles de cubanos han tenido la oportunidad de venir de visita a los Estados Unidos y de leer o escuchar la verdad de todo lo acontecido.

En efecto, no hay justificación para que las nuevas generaciones, especialmente las que llegan al exilio con la intención de opinar o participar en la lucha por la libertad de Cuba, carezcan de una correcta educación político-histórica de lo acontecido en estos 67 años.

En el exilio histórico están los que pelearon con las armas contra Castro antes y después de su toma del poder. Están los heroicos que desembarcaron en Bahía de Cochinos, los que realizaron operaciones de infiltración a Cuba, los que conspiraron para derrocar al régimen, los primeros luchadores que esgrimieron el reclamo de derechos humanos y que sufrieron persecución o cárcel, los que fueron encerrados en campos de concentración de las UMAP por no comulgar con el régimen.

Todos esos hombres y mujeres que pelearon con coraje y arriesgaron sus vidas, como lo hicieron los que cayeron y que son parte del altar de la Patria, merecen respeto y admiración. En el exilio histórico están además los que sufrieron prisión política, hombres y mujeres, especialmente los que se plantaron y rehusaron la “reeducación” política y padecieron torturas, hambre, golpizas y maltratos por mantener el espíritu de resistencia aún bajo las garras del régimen, de forma que su ejemplo sirviera de estímulo para las nuevas generaciones.

Y aunque la mayoría de los integrantes del exilio histórico son hoy sexagenarios y hasta octogenarios, la abrumadora mayoría sigue participando de la lucha integrados en sus organizaciones patrióticas, aunadas ahora bajo la sombrilla de la Asamblea de la Resistencia Cubana. Poco importa que tengan que usar bastones o “walkers” para asistir a los actos patrióticos porque sus voluntades siguen fieles a la lucha por la libertad de la Patria y hacen lo que les permiten sus años.

En el exilio histórico están también los que no participaron en Cuba en la lucha porque sus padres los sacaron temprano, lograron estudiar o crear empresas y se sumaron poniendo sus recursos al servicio de la lucha por Cuba.

Diferenciadamente, el exilio histórico está compuesto por patriotas de una etapa donde prevaleció la lucha armada, mucho más riesgosa que las formas de lucha prevalecientes hoy de protesta cívica, que, aunque respetable y necesaria también, no conlleva los enormes riesgos que asumieron los patriotas de esa etapa. Desdeñar o disminuir al exilio histórico, especialmente debido a ignorancia sobre su quehacer y sacrificios, es una falta intolerable para quienes la Patria los observa agradecida.

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