El 2 de abril de 2026, un grupo de legisladores estadounidenses presentó un proyecto de ley que extermina la ambición tecnológica de China. La ley se llama MATCH Act y su mecanismo es quirúrgico, y el efecto potencial es el de un apagón industrial permanente.
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China en la oscuridad: La MATCH Act y el final de la ilusión semiconductora
Un análisis preciso para contar las cosas como son
Para entender por qué, es necesario comprender una distinción técnica que los medios generalistas ignoran. Hay dos tipos de máquinas que fabrican los chips modernos. Las de litografía ultravioleta extrema, conocidas como EUV; y las de litografía ultravioleta profunda, conocidas como DUV. La diferencia entre ambas es muy grande.
La máquina que mueve el mundo
Las máquinas EUV, que cuestan alrededor de $200 millones de dólares cada una y son el único medio para producir chips de 5 nanómetros o menos. La neerlandesa ASML es el único fabricante en el planeta y sin estos equipos no existe la inteligencia artificial (IA) de frontera, no existen los procesadores modernos y no existe la ventaja computacional que separa a las potencias militares del siglo veintiuno.
China nunca tuvo acceso a ellas y Washington bloqueó su exportación en 2019. Ese impedimento era conocido y generó una respuesta de adaptación notable. Así, SMIC, el principal fabricante chino, produjo chips de 7 nanómetros usando máquinas DUV con técnicas de exposición múltiple. Este método es menos eficiente, más costoso y produce rendimientos inferiores comparados con los procesos de TSMC y Samsung.
Ese logro fue durante años el orgullo tecnológico de Pekín, sin embargo, la MATCH Act tiene como objetivo preciso destruirlo.
Lo que la ley prohíbe
Las restricciones anteriores ya prohibían a ASML exportar sus máquinas EUV a China, pero la empresa vendía equipos DUV a clientes chinos con libertad. Ahora, la MATCH Act elimina esa excepción por completo.
Pero la parte más letal no es la prohibición de nuevas ventas, sino la restricción del mantenimiento técnico sobre las máquinas ya instaladas.
ASML y Tokyo Electron prestaron servicio técnico a equipos dentro de instalaciones chinas, mientras que las empresas estadounidenses tenían prohibido vender las mismas soluciones. Esto permitió a las fábricas chinas reparar máquinas rotas y continuar la producción de chips avanzados. Otras fábricas actualizaron sus máquinas DUV para acercarse al rendimiento del EUV.
Un experto chino advierte que cortar el soporte de mantenimiento condenaría a los equipos a una “muerte crónica”. Este no será un colapso instantáneo, sino una degradación progresiva e irreversible, sin repuestos, calibración o ingenieros especializados. Las máquinas DUV son sistemas de complejidad extrema que no funciona solo.
Qué puede hacer China con chips de 90 nanómetros
Sin acceso al DUV de última generación y sin su mantenimiento, China retrocede a la frontera que sus propias empresas pueden fabricar de forma autónoma. La herramienta comercialmente más avanzada del fabricante chino SMEE es la serie SSA600. Esta admite procesos de 90 nanómetros o más y según estimaciones, China tendría que esperar hasta 2030 para lanzar un sistema de litografía capaz de producir chips de 14 nanómetros.
Con chips de 90 nanómetros, China puede producir microcontroladores para electrodomésticos, sensores industriales básicos, electrónica automotriz de gama media y circuitos de comunicación de bajo costo. En términos militares, muchos sistemas establecidos usan nodos entre 90 y 45 nanómetros porque son maduros y confiables. Los satélites GPS III del ejército estadounidense usan chips de 250 nanómetros. La electrónica endurecida contra la radiación para misiles balísticos emplea nodos incluso más grandes.
Eso suena alentador. Pero no es la historia completa.
Lo que China no puede hacer
Lo que se pierde con el corte del acceso a chips de menos de 90 nanómetros es todo aquello que define la competencia tecnológica del siglo veintiuno.
Los principales chips de IA de los Estados Unidos usan nodos de 16 nanómetros o menos. Los semiconductores de 20 nanómetros o más presentan costos por unidad de cómputo mucho más elevados. Un chip de 90 nanómetros puede ejecutar inferencia simple, no puede entrenar un modelo de lenguaje de frontera ni sostener sistemas de visión artificial en tiempo real a escala de combate.
El procesador del iPhone 16 se fabrica en 3 nanómetros, pero el chip más avanzado de Huawei se fabrica en 7 nanómetros mediante patrón múltiple con DUV. Ese proceso de 7 nanómetros sufre tasas de rendimiento de entre el 20 y el 40%, no es globalmente competitivo y depende de subsidios estatales para ser viable. Sin el servicio técnico de ASML, esas tasas se deterioran.
Por su parte, los sistemas militares modernos usan nodos por debajo de los 28 nanómetros para procesamiento avanzado de radar, IA y aviónica de nueva generación. Un dron con reconocimiento facial autónomo requiere chips de 7 nanómetros o menos, los de 90 nanómetros disponibles en China no alcanzan.
Según los mapas de desarrollo público de Huawei y Nvidia, para fines de 2027 el mejor chip de IA de Huawei tendrá apenas el 4% de la potencia respecto del mejor de Nvidia. Eso es sin la MATCH Act, con ella, la brecha amplía sin freno.
El truco que funcionó por un tiempo
La fabricación de un chip de 7 nanómetros mediante EUV requiere 9 pasos. Con DUV y patrón múltiple, el mismo componente requiere 34 pasos. Cada eslabón adicional multiplica la probabilidad de error, reduce el rendimiento y eleva el costo. Ese proceso de 34 pasos depende de máquinas perfectamente calibradas, y éstas necesitan mantenimiento de ASML. Sin esos cuidados el truco deja de funcionar.
China no puede construir el sustituto a tiempo
El director ejecutivo de ASML declaró que China no será capaz de producir tecnología al nivel de sus máquinas más avanzadas durante los próximos 10 a 15 años.
Los componentes clave de las máquinas de litografía dependen de importaciones. La resistencia fotográfica de ArF de fabricación china alcanza rendimientos de alrededor del 60 por ciento, comparados con el 95 por ciento de la japonesa Shin-Etsu Chemical. Cada eslabón de la cadena tiene su propio cuello de botella.
Los últimos actos
Las importaciones chinas de equipos de fabricación de semiconductores crecieron de $10.700 millones de dólares en 2016 a alrededor de $51.100 millones el año pasado. Ese crecimiento no fue soberanía tecnológica. Fue una carrera para acumular máquinas extranjeras antes de que la puerta se cerrara. La MATCH Act es el cierre de esa puerta.
El escenario resultante no es el de una China que no puede fabricar chips, sino que volverá al año 2004. Con esa base puede abastecer electrodomésticos y parte de su industria automotriz. Pero no puede competir en IA de frontera, equipar a sus fuerzas militares con electrónica para la guerra moderna y tampoco ofrece a su economía el sustrato computacional que este siglo exige.
La noche que se avecina sobre el sector semiconductor chino no es metafórica. Es técnica, medible y, si la MATCH Act prospera, irreversible en el horizonte de esta década.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.
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