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ENTREVISTA

Daniel Echenagucia: el rostro de los presos políticos italianos en Venezuela

Entrevista exclusiva a María Milagros Vallenilla, la madre de uno de los veinte presos políticos italianos que esperan por ser liberados

Por MARINELLYS TREMAMUNNO

El pasado viernes 10 de abril, en Roma, la vicecanciller italiana Maria Tripodi recibió al vicecanciller venezolano Oliver Blanco, en un encuentro que marcó la reanudación del diálogo bilateral luego de casi siete años de parálisis diplomática (2019–2025), debido a que Italia no reconocía plenamente la legitimidad de Nicolás Maduro tras las elecciones presidenciales de 2018.

Pero, más allá del gesto diplomático, el gobierno italiano reiteró durante el encuentro una exigencia concreta: la liberación de más de veinte ciudadanos italianos detenidos en Venezuela y, especialmente, “la adopción de medidas humanitarias para los casos más vulnerables”, según el comunicado oficial publicado por la cancillería italiana, en donde se recordó además “la ley de amnistía y el compromiso de garantizar plenas garantías procesales”.

Sin embargo, el acercamiento diplomático y el reconocimiento italiano no ha sido suficiente para que el gobierno interino de Delcy Rodríguez cumpla con la deuda pendiente de liberar a los ítalo-venezolanos detenidos arbitrariamente en las mazmorras del régimen. Uno de ellos es Daniel Echenagucia, un joven empresario de 48 años, detenido el 2 de agosto de 2024 junto a su familia -esposa y dos hijos menores de edad- y posteriormente sometido a desaparición forzada durante semanas. Su caso resume, con crudeza, la persistencia de prácticas represivas que desdibujan cualquier narrativa oficial de apertura.

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“Mi hijo ha perdido más de 30 kilos”

Tras más de veinte meses de reclusión en la cárcel de Rodeo I, su madre, María Milagros Vallenilla, ha decidido romper el silencio. Y, desde Estados Unidos, donde reside como ciudadana americana, conversó en exclusiva para el DIARIO LAS AMÉRICAS, para ofrecer por primera vez su testimonio y exigir que se cumpla la medida de excarcelación que permita salvaguardar la vida de su hijo.

“Daniel sufre desde pequeño de asma crónica, la cual se ve afectada en la situación donde está, porque es una celda de dos por dos donde hay muchísima humedad”, relató. La descripción de las condiciones de detención no deja espacio a interpretaciones: “Hay una letrina al lado de su cama de cemento… y está obligado a respirar el humo de los desechos de basura que queman a diario”.

El deterioro físico es evidente. “En los primeros 64 días que estuvo desaparecido había perdido 18 kilos, y ahora ha perdido más de 30 kilos”, afirmó. Para un hombre de 1,86 metros, esa pérdida de peso refleja algo más que precariedad alimentaria. “La mayoría de la dieta son carbohidratos y no proteínas”, explicó y aseguró que además sufre de un síndrome metabólico.

Y el drama familiar trasciende el drama individual: “sus hijos están muy afectados… hemos tenido que ponerlos en tratamiento psicológico”, dijo, aludiendo al impacto emocional sobre dos adolescentes que no sólo fueron testigos de la detención, sino que además sufren a diario por la injustificada ausencia de su padre.

El caso adquiere una dimensión aún más compleja en el plano legal. Según Vallenilla, existe una orden de excarcelación con medidas cautelares emitida el 19 de enero de 2026, pero nunca se ejecutó. “Tenemos los datos de la boleta, pero no la han querido entregar”, denunció. Y, a pesar de que el expediente cumpliría con los requisitos para una amnistía, la solicitud fue rechazada: “estamos con muchísima angustia”, indicó con la voz entrecortada.

El drama que describe Vallenilla representa la realidad de centenares de madres venezolanas que a diario hacen filas en las puertas de los centros de reclusión en espera de más liberaciones. “Han hablado de perdón y reconciliación, pero la realidad es otra. La represión continúa, y más de 500 personas siguen detenidas en condiciones inhumanas”, advirtió.

“No hay progreso sin libertad”

Desde su condición de ciudadana estadounidense, Vallenilla dirige también un mensaje a la comunidad internacional, en particular a la administración de Donald Trump y al secretario de Estado Marco Rubio. “Les pido que me ayuden para asegurar la liberación de mi hijo”, afirmó, subrayando la necesidad de que la situación de los presos políticos sea un elemento central en cualquier negociación con Caracas. “La liberación debe ser un elemento clave e innegociable en cualquier avance hacia acuerdos económicos o de inversiones internacionales”, puntualizó.

María Milagros Vallenilla concluyó la conversación con una frase que sintetiza el trasfondo de la actual crisis venezolana: “No puede haber progreso en ningún país mientras haya madres esperando por la libertad de sus hijos”.

Historias como la de Daniel Echenagucia recuerdan que el verdadero termómetro de cualquier proceso de normalización en Venezuela sigue estando en las cárceles y los presos políticos del régimen. Allí donde el tiempo se mide en kilos perdidos, enfermedades no tratadas y familias suspendidas en la incertidumbre.

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