REDACCIÓN. MIAMI.-
“El G20 tiene que ir a la vanguardia contra el cambio climático”
Christoph Bals, director financiero de la ONG Germanwatch, señala la necesidad de que los países de este grupo sean los que impulsen medidas urgentes contra el calentamiento global
Los líderes de los 20 principales países industrializados y emergentes (G20) tienen que aprovechar la cumbre que celebran este fin de semana en Turquía para darle impulso a las conversaciones sobre clima que comienzan en dos semanas en París, señala Christoph Bals, director financiero de la ONG Germanwatch en una entrevista con la agencia alemana dpa.
Bals subraya que aunque las promesas hechas hasta ahora no son suficientes, podrían ser un primer paso para iniciar en el futuro las medidas urgentes.
Aunque haya acuerdo en París, será al parecer insuficiente para limitar el aumento de la temperatura del planeta a dos grados. ¿No se puede hablar por tanto de fracaso antes de empezar?
Bals: El cambio climático es una cuestión que afecta a las futuras generaciones, como fue en su día la eliminación de la esclavitud. Hay que cambiar rápidamente el motor de bienestar de la comunidad mundial, de eso se trata cuando se habla del abandono del carbón, el petróleo y el gas hasta mediados de siglo. Por eso es decisivo que París sirva como catalizador del próximo paso en esta transformación. Si la cumbre del G20, que el año que viene se celebra en China, pone un precio al CO2 global, si el mercado financiero transforma su comportamiento, si la sociedad global gana nuevo impulso en muchos países, entonces la cumbre habrá sido un éxito. Y puede ser una base para objetivos ambiciosos en cinco años.
¿Entonces París es una etapa intermedia?
Bals: Para hacer un símil futbolístico, Ronaldo dice que en un partido hay dos tareas. Primero, acercar el balón al área del adversario, y segundo, meter un gol. La cumbre sobre clima tiene la tarea de acercar la pelota al arco, y los goles entrarán cuando los gobiernos nacionales acuerden abandonar el carbón, el petróleo y el gas, cuando las empresas desarrollen nuevos modelos de negocio, cuando a la sociedad civil le resulte inaceptable utilizar electricidad procedente del carbón.
¿Es posible que nos estemos autoengañando?
Bals: Nadie debería llamarse a engaño. Si la subida de la temperatura no se puede frenar por debajo de los dos grados o de 1,5 grados centígrados, eso transformará de forma gigantesca la situación de riesgo del mundo. Nosotros, como sociedad civil, tenemos que aprovechar el impulso de París, pero no nos podemos dar por satisfechos con París.
¿Qué pueden hacer los líderes del G20 en Antalya?
Bals: Los jefes de Gobierno pueden formular propuestas para importantes compromisos, por ejemplo ¿cómo se debe formular el objetivo a largo plazo para que se envíe una señal efectiva para las inversiones? ¿Se puede acordar un mecanismo para ir aumentando los objetivos de modo de que cada cinco años nos acerquemos cada vez más a la meta de dos grados como máximo? ¿cómo se puede garantizar que los países industrializados pongan a disposición suficientes fondos para financiar el cambio y que los emergentes asuman por primera vez sus obligaciones?
¿Qué impide el acuerdo?
Bals: hay dos problemas centrales: primero, la influencia del lobby del carbón, el petróleo y el gas. Segundo, un problema enorme es que hasta ahora las negociaciones se llevan a cabo en los bloques, de países industrializados contra países en vías de desarrollo. Es importante el hecho de que no se puede exigir lo mismo a los países pobres que a los ricos. Pero el mundo ha cambiado desde 1990. En términos absolutos, los países emergentes y en desarrollo liberan el 60 por ciento de las emisiones, aunque per cápita esto es aún en promedio mucho menos que la media de los países industrializados. Los viejos patrones ya no valen, pero siguen dominando muchas cabezas.
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