TÚNEZ.- RICARD GONZÁLEZ
Elecciones sin votantes en Egipto, un latigazo al régimen
Ante la feroz ola de represión del Gobierno de Al-Sisi, pocos egipcios se creen la retórica sobre la democratización del país, más bien destinada al consumo externo
Especial
Túnez. El perfil de los candidatos, los colegios electorales vacíos, la fuerte presencia policial... Por muchas razones, las elecciones legislativas que se iniciaron el fin de semana en Egipto, y que se prolongarán hasta diciembre con varias rondas, provocaron una sensación de dejà vu.
Los comicios representan la última etapa de la hoja de ruta de la transición elaborada por las autoridades militares tras el golpe de Estado de 2013. Ahora bien, ante la feroz ola de represión del Estado, pocos egipcios se creen la retórica sobre la democratización del país, más bien destinada al consumo externo.
A falta de una cifra oficial de participación, incluso los diarios afines al Gobierno reconocieron que la ausencia de electores era alarmante. Algunas estimaciones la situaban alrededor del 15%. Cuatro años antes, en las primeras elecciones libres después de la caída del dictador Hosni Mubarak, votó un 65% de la ciudadanía.
El lunes era trending topic en Egipto el hashtag #badal_ma_intijab (“en lugar de votar”), una campaña lanzada por varios jóvenes activistas para promover el boicot que animaba a proponer actividades alternativas al voto. Aunque no debe interpretarse toda abstención como un signo de apoyo a la oposición, sí muestra una importante erosión de la popularidad del régimen, que movilizó todos sus recursos para persuadir a los ciudadanos a que votaran. Por ejemplo, dio un día de fiesta a los funcionarios.
La constitución del Parlamento pondrá fin a más de tres años sin poder legislativo en el país árabe. La Asamblea Popular fue disuelta en junio de 2012 por el Tribunal Constitucional al considerar inconstitucional la ley electoral que rigió su elección. Entonces, los diversos partidos islamistas lograron una victoria aplastante. Obtuvieron cerca del 70% de los votos.
De aquellas formaciones, sólo los salafistas ultraconservadores del Partido Nur, los únicos que apoyan al presidente Abdelfattà Al-Sisi, participan este año. Los vencedores, los Hermanos Musulmanes, son ahora considerados una "organización terrorista", y buena parte de sus líderes, incluido el expresidente Mohamed Mursi, se encuentran en el corredor de la muerte.
Pesimismo reinante
Tampoco los partidos laicos de la oposición cuentan con unas perspectivas optimistas. Debilitados por las luchas intestinas, algunos han optado por boicotear el proceso, mientras que otros se presentan en un reducido número de circunscripciones. "Los intentos de hacer un bloque progresista fracasaron. Entre otras cosas, porque algunos partidos no pudieron sufragar los elevados costes establecidos por una ley electoral injusta", lamenta Hussein Gohar, responsable del Partido Socialdemócrata, que ocupó responsabilidades de Gobierno tras el derrocamiento de Mursi.
En parte, la débil posición de los partidos políticos es fruto de una estrategia diseñada por el régimen de Al-Sisi, que los considera una molestia. Para los uniformados, la deliberación parlamentaria mina la unidad de la patria.
El sistema electoral favorece la elección de caciques y ricos hombres de negocios. De los 596 escaños en juego, sólo un 20% serán escogidos a partir de las listas de partidos. Los otros se decidirán de la pugna entre candidatos independientes, entre los que destacan los miembros de la vieja guardia del PND, el partido de Mubarak. Según el diario Al Ahram, un 40% de los aspirantes pertenecían al partido único que dominaba la Asamblea antes de 2011.
Famosos pegados de poder
La coalición favorita para llevarse la victoria reúne un heterogéneo grupo de famosos, oficiales retirados y caciques locales bajo el curioso nombre de "Por el amor de Egipto". Lo único que parecen tener en común los integrantes de la lista es su apoyo a Al-Sisi y su ambición por alzarse con un escaño. De hecho, ¡ni siquiera disponen de un programa político! Informaciones oficiosas apuntan a que esta coalición habría arrasado en la primera ronda, celebraba en 14 provincias.
De acuerdo con la nueva Constitución, el nuevo Parlamento contará con amplios poderes, incluido el de vetar la elección del primer ministro. Sin embargo, nadie prevé que se erija en un centro de oposición a un rais acostumbrado a gobernar a golpe de decreto-ley.
"El Parlamento será dócil, no creo que se pueda formar ningún bloque ideológico sólido y coherente", afirma Fahmi. Más que un foro para la competición ideológica, la cámara será el escenario de una lucha entre redes clientelares para hacerse con los recursos públicos. Exactamente igual que antes de la Revolución de 2011.
Claves de los comicios
Las elecciones se celebran sin la concurrencia de la principal fuerza política del país, los Hermanos Musulmanes, que en el Parlamento de 2012 lograron cerca del 50% de los escaños, y que tras el golpe de Estado de 2013 fueron proscritos y posteriormente declarados grupo terrorista.
Ante su ausencia, las dos fuerzas que se perfilan como favoritas son el también islamista partido Al Nur y la coalición Por el Amor de Egipto, que al igual que un gran número de partidos y candidatos, ha mostrado su total apoyo a las políticas del presidente egipcio, Abdelfatah Al-Sisi.
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