ver más
ANÁLISIS

Incertidumbre ante la cumbre climática en París

Frenar el avance del gas invernadero y el calentamiento global parece ser el gran desafío de estos tiempos, para el cual no se han hallado soluciones reales ni grandes consensos y las promesas que se tomaron tampoco se han cumplido, veremos qué sucede esta vez en la reunión de líderes mundiales en Francia. 

MIAMI. RUI FERREIRA.-

Especial

@ruiefe

El planeta tiene 196 países y esta semana, al borde del bello Río Sena, 222 de sus dirigentes se han reunido a hablar de los problemas climáticos del mundo. Mientras tanto, en las calles parisinas, unos 2.000 manifestantes han protestado por el cónclave y 218 de ellos han terminado tras las rejas. Sin embargo, ambos grupos bregan por lo mismo.

Los jefes de estado y Gobierno se han asociado para trazar políticas comunes para enfrentar una realidad, la de un planeta que está sufriendo un brutal cambio del clima, en gran medida producto del desarrollo industrial.

Los manifestantes, a quienes erróneamente se les llama “anticlimáticos”, realmente están de acuerdo con el mismo objetivo pero discrepan en los métodos para solucionar el asunto que los dirigentes están discutiendo, creen que no hacen lo suficiente y se rebelan. Y como siempre pasa, en medio de los reclamos se cuela media docena de encapuchados y la protesta se enciende. De ahí, los arrestos y la violencia.

En París, el objetivo principal de la reunión de jefes de Estado es acordar las reducciones legalmente vinculantes en las emisiones de gases con efecto invernadero con el objetivo, como dice el comunicado principal de la conferencia, de mantener las temperaturas promedio globales debajo de un aumento de 2 grados Celsius, que fue alcanzado después de la época industrial. O sea, después del siglo XVIII.

Frente a este paradigma, ni siquiera el papa Francisco ha dejado de decir lo suyo. “Estamos en un momento decisivo. Estamos al borde de un suicidio, por usar una palabra fuerte, y estoy seguro de que la mayoría de personas que se encuentra en la reunión tiene esta consciencia y quiere hacer algo al respecto", sostuvo.

En el año 2009, en una conferencia similar en Copenhague, los líderes mundiales suscribieron un pacto que tenía la intención de sustituir el llamado ‘Protocolo de Kyoto’ que obligaba a la reducción de las emisiones mundiales al calor de la situación entonces. Nada sucedió, entre otras razones por el resurgimiento del terrorismo hace 15 años. Pero hoy en día el ambiente ha cambiado.

Nuevas promesas

El mayor cambio es el acuerdo entre Estados Unidos y China, los dos mayores contaminantes del Mundo, que acordaron tomar medidas paralelas. EEUU, decidió que a finales de 2025 va a reducir 28% sus emisiones contaminantes atmosféricas con una agresiva política de evitar los llamados ‘gases verdes’ producidos por las emisiones de las plantas eléctricas de origen mineral, o sea, del carbón.

A su vez, el mandatario chino, Xi Jinping, ha dicho que su país ha decidido colocar un límite a la emisión de sus empresas. China produce el 51% de la economía mundial y sirve el 58% de las emisiones industriales sin tener una política oficial de contención ambiental. Este es su primero compromiso.

Latinoamérica es, posiblemente, la región del mundo menos preocupada con las consecuencias del calentamiento global. Especialmente Venezuela, donde los actuales directivos de su industria petrolífera no tienen como objetivo la limpieza de las extracciones. No es algo nuevo, todos los gobiernos anteriores no se preocuparon con el asunto, pero el actual no le ha prestado atención a la luz de sus responsabilidades mundiales.

De hecho, la postura venezolana en la conferencia de París es que no existe un problema a nivel de medio ambiente sino que se trata de una “patraña de Washington”. Al menos, por decoro, Cuba se remite a un discreto silencio.

El gran tema en discusión en París en estos días es quién va a pagar por una recuperación, aunque artificial, del clima en que vivimos. Fuentes de Estados Unidos calculan el asunto en aproximadamente 100.000 millones de dólares anuales. La propuesta estadounidense es que el dinero venga de fondos públicos, universales y comunes. La cuestión es: ¿quién convence a países africanos y asiáticos, los principales contaminadores del mundo a pagar ese impuesto?

El dilema va a seguir y, mientras tanto, conferencias como esta de París sirven para almuerzos y cenas, pasar el tiempo al borde del Sena y que los policías cobren horas extra cayendo a palazos a los manifestantes que se quedan sin comer.

LEA TAMBIÉN:

 

 NULL

    

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar