BRUSELAS.- El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, consideró el martes "esencial" mantener abierto el aeropuerto de Kabul y prometió no olvidar a quienes quieren huir del régimen talibán pero no pudieron ser evacuados antes de la retirada de los últimos soldados estadounidenses de Afganistán.
Jefe de la OTAN promete "no olvidar" a los afganos que no pudieron ser evacuados
"Mantener el aeropuerto de Kabul abierto y en condiciones de operar es esencial tanto para hacer llegar ayuda humanitaria como para que salgan las personas, aquellas que así lo desean pero que no han podido formar parte de la evacuación militar", dijo Stoltenberg a la AFP. "Nos comprometemos todos a seguir trabajando duro para hacerlas salir. No las olvidaremos", agregó.
Miles de afganos temen lo peor
Este martes, los talibanes, nuevos gobernantes de Afganistán, se mostraron triunfales el martes en el aeropuerto de Kabul, con sus agentes de las fuerzas especiales y su bandera, tras la retirada de los últimos soldados estadounidenses. Pese a los esfuerzos de EEUU, miles de afganos que día a día intentaban llegar al aeropuerto no pudieron escapar de su país tras el regreso al poder de los fundamentalistas. Ahora, sin las tropas de EEUU temen lo peor.
El principal portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, llevó a un grupo de responsables sobre las pistas. Su rostro, normalmente impasible, lucía esta vez una gran sonrisa.
Las fuerzas especiales talibanas, llamadas "Badri 313", con sus trajes de camuflaje impecable, posaban para las fotos, alzando armas estadounidenses y enarbolando la bandera blanca del movimiento, en la que está escrito en negro el inicio de la "shahada" (profesión de fe islámica).
El aeropuerto civil de Kabul, considerado durante mucho tiempo como uno de los lugares más seguros del país, fue saqueado. En el suelo se podían ver cartuchos vacíos cerca de todos los accesos.
En los 15 días que siguieron a la toma del poder de los fundamentalistas el 15 de agosto, las inmediaciones del aeródromo fueron ocupadas por una inmensa multitud que intentaba desesperadamente subir a uno de los vuelos de evacuación de la comunidad internacional. Muchos vivieron el horror de los talibanes en el poder, por lo que salir era la única manera de sobrevivir.
Pero muchos más afganos quedaron bloqueados en el exterior de esta zona en una serie de puestos de control de los talibanes. El martes, todas estas barreras en la carretera que lleva al aeropuerto fueron desmanteladas, excepto una.
La actitud de los fundamentalistas también cambió: ahora mostraban su júbilo dando la mano a los automovilistas y sus pasajeros.
Aeronaves destruidas
Asegurar la seguridad del aeropuerto internacional Hamid Karzai de Kabul es una cuestión clave. Los talibanes no dejan de insistir en que no aceptarán ayuda militar internacional.
En el interior del complejo, había decenas de aviones y helicópteros que Estados Unidos había dado al ejército regular afgano, vacíos, después de que las tropas estadounidenses los destruyera antes de irse.
Unas 73 aeronaves fueron "desmilitarizadas", es decir quedaron fuera de servicio, según el jefe del comando central del ejército estadounidense, el general Kenneth McKenzie. "Esos aparatos no volverán a volar", dijo. "No podrán ser usados".
Se rompieron los cristales de sus cabinas y se reventaron sus neumáticos.
Unos 70 vehículos blindados MRAP resistentes a las minas antipersonas, de un costo de un millón de dólares cada uno, y 27 vehículos Humvee también fueron inhabilitados al final de la operación de evacuaciones que permitió sacar en dos semanas a unas 123.000 personas, en su mayoría afganas.
El ejército estadounidense también destruyó su sistema de defensa antimisiles C-RAM que detuvo el lunes cinco cohetes disparados por el grupo Estado Islámico contra el aeropuerto.
Hace falta "un procedimiento largo y complejo para desmontar esos sistemas", explicó el general. "Así que los desmilitarizamos para que no puedan volver a ser usados".
Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.
El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.
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FUENTE: Con información de AP/AFP
