El fallecimiento del escritor y periodista Víctor Manuel Domínguez, ocurrido el pasado 10 de julio de 2026 en La Habana a la edad de 69 años, marca un doloroso punto de inflexión para el movimiento intelectual autónomo dentro de la Isla.
Víctor Manuel Domínguez, una voz libre que la dictadura de Cuba no pudo callar
Encarnó una resistencia cultural inquebrantable en un entorno hostil. Perseguido con saña, su firma se convirtió en un símbolo de audacia lírica y narrativa impulsando a nuevas generaciones
El creador bayamés murió en La Habana, la capital de Cuba, debido al progresivo deterioro de su salud, tras arrastrar severas complicaciones médicas durante largo tiempo.
Domínguez encarnó una resistencia cultural inquebrantable en un entorno hostil. Perseguido con saña por los órganos de la Seguridad del Estado, su firma se convirtió en un símbolo de audacia lírica y narrativa. Aunque certámenes como "El Caimán Barbudo" reconocieron su talento temprano, el aparato de censura gubernamental vetó de forma sistemática la impresión de sus manuscritos, recuerda el portal web Diario de Cuba.
Títulos emblemáticos como su novela Operación Caldosa y el volumen de relatos Pasaporte para las estrellas sufrieron el retiro forzoso de los catálogos editoriales controlados por el Estado.
Víctor Manuel Domínguez, el intelectual disidente
Domínguez, con casi 3 décadas participando activamente en contra del régimen castrista, está entre los pioneros del sindicalismo y el periodismo independiente.
Padeció de hipertensión y diabetes, entre otras complicaciones, razón por la cual le amputaron una de sus piernas y debido a la pérdida progresiva de su visión, apenas lograba escribir.
En 2007, cuatro años después de la Primavera Negra, la razia represiva de Fidel Castro que encarceló a 75 opositores pacíficos, Domínguez fundó el Club de Escritores Independientes de Cuba. Eran tiempos difíciles. Tener una laptop o una impresora era un delito contra la seguridad del Estado, sancionado hasta con veinte años de cárcel.
Para entonces, Víctor Manuel Domínguez no se amilanó. Y fue el artífice de que varios escritores e intelectuales que trabajaban en instituciones oficiales se afiliaran al Club. En sus inicios se reunían donde podían, lo mismo en su reducida habitación, en un parque o en la barra de un bar. Entre ellos se leían los borradores de poemas y textos inéditos que jamás, ni en sus mejores sueños, pensaron que algún día se publicarían.
Eran intelectuales marcados por el régimen con letra escarlata. No tenían un espacio cultural para debatir y los agentes de la policía política les pisaban los talones. El Club comenzó con siete u ocho miembros. Ya para el verano de 2014, coincidiendo con la apertura migratoria de la dictadura y luego el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos, en diciembre de ese año, su membresía, entre fijos y colaboradores, superaba los treinta.
La ayuda del exilio fue clave para que aquellos textos inéditos escondidos en cajones fueran publicados. El Club de Escritores Independientes llegó a publicar 21 libros. El último, publicado recientemente, se titula Maleconazo, del periodista independiente y politólogo Julio Aleaga Pesant. Pero, después de quince años de fundado, entre la falta de recursos, la pandemia y una nueva ola represiva de la Seguridad del Estado, el Club se ve obligado a cerrar. También ha influido la precaria salud de Víctor Manuel.
También en 2007, Yoani Sánchez abría su blog Generación Y que marcaría un antes y un después en Cuba en el uso de las nuevas tecnologías y la activación del periodismo ciudadano con la apertura de una blogosfera alternativa y finalmente con el diario digital 14ymedio. En trece años (2007-2020), el activismo político, periodismo sin mordaza y la incipiente sociedad civil cubana se multiplicó. Artistas, escritores y periodistas como Luis Manuel Otero Alcántara, Maykel Osorbo, Ángel Santiesteban, Tania Brugueras, Julio Casal-Llópiz, Hamlet Lavastida, Carlos Manuel Álvarez, Mónica Baró, Abraham Jiménez, Elaine Díaz, Camila Acosta, Boris González Arenas, Jorge Enrique Rodríguez, Darcy Borrero y muchos otros, dieron mayor visibilidad al arte, la prensa y la intelectualidad contestataria en la Isla.
Decenas de reporteros graduados de universidades presuntamente creadas para el ‘hombre revolucionario’ ingresaron en el periodismo independiente y crearon nuevas publicaciones como El Estornudo, Periodismo de Barrio, El Toque, Tremenda Nota, Árbol Invertido y Alas Tensas, entre otros.
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