El término Ayatollah proviene del árabe y persa, y significa literalmente "signo de Dios". Es un título honorífico que se otorga a los más altos líderes religiosos en el islam chiita, particularmente en Irán, o sea a los criminales que gobernaron Irán. Los Ayatollahs son supuestos expertos en jurisprudencia islámica, teología y filosofía, y suelen desempeñar un papel importante en la guía espiritual y social de la comunidad musulmana chiita, à fuerza de amenazas y asesinatos. Además, algunos Ayatollahs tienen influencia política, especialmente en países donde la religión y el Estado están estrechamente relacionados, como lo es todavía en Irán.
Ayatolá Halal
De modo que Ayatollah es: Autoridad religiosa superior en el islam chiita. Halal: Todo aquello que está permitido según la ley islámica
La palabra halal es árabe y significa "permitido" o "legal" dentro del islam. Se utiliza para describir alimentos, prácticas y productos que se consideran aceptables según la ley islámica (sharía). Por ejemplo, la carne debe ser sacrificada siguiendo ciertos rituales (los animales son vaciados de su sangre vivos) para ser considerada halal, y ciertos ingredientes o conductas (como el consumo de alcohol o carne de cerdo) están prohibidos (haram).
En el contexto islámico, los Ayatollahs pueden emitir opiniones o decretos religiosos (fatwas) sobre lo que es halal o haram, guiando a los fieles sobre cómo vivir conforme a los preceptos islámicos. Así, aunque "Ayatollah" y "halal" son conceptos distintos, ambos están relacionados a la vida religiosa y a la autoridad dentro del islam chiita.
De modo que Ayatollah es: Autoridad religiosa superior en el islam chiita. Halal: Todo aquello que está permitido según la ley islámica. Y la Conexión: Los Ayatollahs pueden definir o aclarar qué es halal a través de sus conocimientos y decretos.
En resumen, "Ayatollah" es un título religioso, mientras que "halal" es un concepto sobre lo permitido o aceptable según los preceptos islámicos. Ambos forman parte integral del vocabulario y la práctica diaria de millones de musulmanes en todo el mundo.
A partir de ahora, puesto que Ali Jameini -el ayatolá de Irán, dado de baja gracias a Donald Trump, Estados Unidos, Benjamín Netanyahu e Israel-, tenía por costumbre el asesinar mujeres por el mero hecho de que una hebra del cabello escapaba de debajo del trapo que las velaba, ahorcar homosexuales y a “infieles” colgados de las grúas, sacar ojos de deportistas de élite presuntamente “desobedientes”, debiéramos dedicarle un plato simbólico que se tome frío, bien frío, helado: Ayatolá halal.
Uno de los casos más emblemáticos de brutalidad bajo el régimen de Ali Jameini fue el del joven luchador Navid Afkari, deportista de élite iraní, quien fue ejecutado en septiembre de 2020. Afkari fue arrestado tras participar en protestas contra el gobierno y, a pesar de las protestas internacionales y la falta de pruebas contundentes en su contra, fue condenado a muerte y ahorcado. Su caso despertó la indignación de la comunidad internacional y evidenció el uso de la pena capital como herramienta de represión política en Irán. Navid Afkari se ha convertido en símbolo del sufrimiento de quienes se atreven a desafiar la autoridad de los ayatolás.
Otro caso relevante de represión bajo el régimen iraní es el de Elnaz Rekabi, destacada escaladora iraní. Rekabi se hizo mundialmente conocida en 2022 cuando compitió sin velo en un torneo internacional en Corea del Sur, un gesto interpretado como protesta silenciosa contra las estrictas normas de vestimenta impuestas a las mujeres en Irán. Tras regresar a su país, fue sometida a interrogatorios y presiones por parte de las autoridades, generando preocupación por su seguridad y libertad. Elnaz Rekabi representa la valentía de quienes desafían la opresión, convirtiéndose en símbolo para muchas mujeres que buscan romper las cadenas de la imposición religiosa y social.
Otro ejemplo reciente y estremecedor de la brutalidad estatal en Irán es la muerte del fisicoculturista Davoud Sohrabi, conocido popularmente como el “Brad Pitt de Irán” por su notable parecido con el actor hollywoodense. Sohrabi fue víctima de la represión durante una protesta, recibiendo un disparo en el ojo que lo dejó en coma durante más de 50 días antes de fallecer. Su caso, ampliamente difundido y lamentado en redes sociales, ha intensificado el debate sobre la violencia ejercida por el régimen y la constante represión que padecen quienes se atreven a alzar la voz en el país de Medio Oriente.
Por cierto, hoy más que nunca Donald Trump y Estados Unidos se han ganado el derecho al Mundial de fútbol. Además de que ninguna neoultrafeminista ha hecho en años lo que en horas hicieron Trump y Netanyahu, liberar las cabelleras y los cuerpos de las iraníes. ¿Saben cómo le llaman los iraníes al presidente norteamericano Tío Trump, mientras lo imitan, danzantes en su baile triunfal al compás del Y.M.C.A: “USA, USA…”
Sí, Ayatolá halal à la plancha en el menú, de manera simbólica, semanal o mensual. En homenaje a las víctimas que no pudieron huir de sus garras, a Neda Agha-Soltán, Mahsa Amini, y tantos otros; en honor a aquel padre al que mientras le rodeaban al cuello la soga atada desde el brazo de una grúa para ser colgado, sonreía a su pequeña de tres años (obligada a presenciar su primera muerte, el asesinato de su padre) queriendo hacerle creer a su hija que no iba a sufrir en esa espantosa despedida.
Por todos ellos: buen provecho.
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