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OPINIÓN

Cobardía y traición de Cuba comunista: no entraremos en guerra contra EEUU, ni por Venezuela

Muy duro debió ser para Maduro asimilar esa realidad de no cooperación militar contra EEUU, pues sus comandantes tiranos habían trabajado la unión de los dos países, Cuba y Venezuela

Por OSCAR ELÍAS BISCET

Su odio y su sed de sangre eran tan grande que se vanagloriaban en desangrar y matar a los hijos del norte. Guerrearon en muchos lugares diversos del mundo, en busca de la derrota de la primera potencia; incluso, torturaron dondequiera, en Vietnam, Angola y Venezuela. Querían crear mil guerras sangrientas, así como la de Vietnam e instaurar el comunismo mundial.

Si bien las guerras realizadas por el régimen castrocomunista no fueron directas contra Estados Unidos, tampoco en Bahía de Cochinos (1962), siempre operaron bajo el mercenarismo de una potencia militar como la Unión Soviética (URSS) y ahora lo hacen en el mismo concepto en Ucrania, con el padrinaje de la Federación Rusa.

El régimen castrocomunista tiene la habilidad pérfida de sostenerse a cualquier precio a su subsistencia adherida a los poderes del Estado y durante todos esos años, evitó temeroso la confrontación directa en su propio suelo, la mejor pelea, la definitoria, con EEUU. Por eso permanece hasta hoy la base militar de Guantánamo, Gitmo.

La Cuba comunista prefirió una guerra subrepticia contra la nación americana y con un plan abyecto, en las tinieblas sociales y subrepticiamente, para matar a la juventud y cultura estadounidenses, con drogas, abortos y sobrepoblación con la inmigración ilegal e infiltración de sus agentes del servicio de inteligencia.

Después del fin de la Guerra Fría, los Castro tuvieron una gran victoria, aunque pírrica, la flexibilización de las administraciones de Obama y Biden, que llegaron a instaurar una embajada en La Habana. Muy a pesar de eso, continuaron desestabilizando a EEUU con el tráfico de drogas, inmigraciones masivas transfronterizas, ataques sónicos y posicionaron agentes de influencia y de inteligencia en las universidades, gobierno y algunos de sus adeptos ideológicos, 62 legisladores federales, votaron en contra de la condena de los crímenes del socialismo en la Ley de Enseñanza Crucial del Comunismo.

El dictador Nicolás Maduro tenía una percepción sobredimensionada sobre el poder y la capacidad del régimen castrocomunista, hasta que el presidente Donald Trump mostró que podía usar en la práctica al poderoso ejército militar de la nación. Maduro, seguro del apoyo incondicional cubano castrista, propuso invadir por la fuerza a EEUU para arrebatarle Puerto Rico.

En su plena arrogancia, Maduro agredió a la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González, y la retó a que viniera de primera en la acción combativa. Sin embargo, con el presidente Trump, guardó su bravuconería y con voz eunucoide, habló bajito y discreto, el tipo hipócrita y cobardón ante las personas fuertes y poderosas, y pidió paz y diálogo, tratando que olvidaran sus graves crímenes contra la humanidad.

En una ocasión, cuando el robo de las elecciones, la usurpación del poder por régimen madurista y avalado por la Asamblea Nacional (en.-2025), Maduro se pavoneo sobre su alianza militar con Cuba, Nicaragua y sus hermanos mayores [Rusia, China e Irán].

El tirano Maduro mantuvo la esperanza de su alianza fiel con el régimen castrista, al no obtener respuesta concreta de este durante el despliegue militar estadounidense frente a sus costas, envió a su secuaz Diosdado Cabello a dar un mensaje público indirecto, quien manifestó que ahora vienen por nosotros y después por ustedes.

Las palabras del cabecilla narcoterrorista Cabello lograron arrancar un tímido respaldo político del régimen gobernante cubano y una de sus proposiciones fue recoger firmas de apoyo público entre la población cubana, un viejo ardid fidelista, donde se sabe que la gran mayoría en la Isla firmará por estar bajo el control de una tiranía totalitaria comunista.

Sin embargo, un balde de agua fría cayó sobre Maduro, Cabello y sus secuaces, los hundieron más en el pánico al oír del propio gobierno cubano que no los ayudaría militarmente y menos contra EEUU. Ahora la cobardía y el miedo separan mucho más esa unidad tiránica Castro- Maduro; cuando, desde las Naciones Unidas (ONU), Trump ordenó bombardear a los carteles de las drogas.

También en la ONU, otro de los esbirros castrocomunistas, el canciller Bruno Rodríguez, justificó y extrapoló todo el fracaso, hambruna y miseria estructural del sistema comunista, pero se negó hablar de su Estado policíaco, la represión estatal y el Estado fallido vigentes en el país. Recordándonos la célebre frase: “Si pones comunistas a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena”.

Muy duro debió ser para Maduro asimilar esa realidad de no cooperación militar contra EEUU, pues sus comandantes tiranos habían trabajado la unión de los dos países, Cuba y Venezuela. Un sabor amargo para los nativos patriotas por la invasión, ocupación y colonización del país venezolano por el régimen gobernante cubano, el verdadero dueño, el narcoestado de Cuba.

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