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Venezuela

Con represión y división el madurismo sobrevive

Siendo minoría, el madurismo, ha logrado con habilidad sobrevivir a la crisis económica, social y política, detener el deterioro de la imagen de Nicolás Maduro y hasta ahora, mantener cohesionada a la cúpula militar entregándoles el control económico del país
Por FRANCISCO OLIVARES

El madurismo se juega todo en las elecciones adelantadas para el mes de abril. No habrá concesión en la mesa de diálogo que tiene lugar en República Dominicana sobre ese punto. Es decir el Gobierno no cederá en posponer la fecha electoral, como tampoco permitirá cambios en la composición del CNE.

El tiempo está contado para sobrevivir, pues, la crisis económica sin precedentes hará insostenible al Gobierno y requiere de un proceso que lo relegitime de modo de imponer medidas mucho más severas a las conocidas hasta ahora.

Siendo minoría, el madurismo, ha logrado con habilidad sobrevivir a la crisis económica, social y política, detener el deterioro de la imagen de Nicolás Maduro y hasta ahora, mantener cohesionada a la cúpula militar entregándoles el control económico del país.

Todo ello ha sido posible aplicando una severa represión que tiene dos vertientes. La primera de ellas el haber impuesto una severa represión contra todas las manifestaciones de disidencia opositora que se han producido en el país, con los resultados demoledores que ye hemos conocido.

Pero esa represión no ha sido solo contra opositores, sino que hay otra. La que se ha aplicado contra la disidencia interna al chavismo. Esa represión se ha dirigido tanto a altos funcionarios, gerentes, como a militares. Como lo confiesa uno de los principales exponentes de este grupo, Rafael Ramírez, ex presidente de PDVSA y expulsado como representante ante la ONU: “recibo muchos mensajes de solidaridad, pero hay mucho miedo, la gente está aterrorizada, todo el mundo teme que lo acusen de algo”.

De manera que así, como fue el régimen de José Stalin en la URSS o el de los Castro en Cuba, Maduro, sin inteligencia, pero con gran habilidad, ha sido un sucesor mucho más radical que su “padre político” Hugo Chávez.

Otros de los aspectos que le ha permitido sobrevivir ha sido la división de la oposición. Los efectos de esas políticas lograron la división de la oposición, en algunos momentos entre “radicales y conservadores” en otros entre “abstencionistas o participantes” o entre quienes encuentran en el diálogo una tribuna de denuncia y quienes lo consideran un pacto entre traidores.

El punto de la división ha sido clave para el madurismo y allí la contra información, las noticias falsas y las campañas a través de los robots de las redes sociales y cuentas del régimen, utilizando expertos en guerra sucia, han completado el trabajo.

Frente a eso no se ha producido un liderazgo capaz de construir una plataforma lo suficientemente sólida para frenar a Maduro. Tanto radicales como conservadores, atados a mecanismos de acción política más tradicionales, no han logrado contrarrestar los golpes del madurismo.

En este escrito no se trata de señalar cuál de los dos bandos tiene la razón, o descifrar el dilema de votar o no votar, de negociar o no negociar. Sino de comprender que la inmensa maquinaria del madurismo no es posible enfrentarla, con declaraciones aisladas, con posiciones individuales, que ha resultado en tan profunda división.

A estas dos variables: represión severa y división, hay que agregar que el tema del hambre ha mantenido paralizado a los sectores populares, quienes, controlados y vigilados por las bandas de colectivos, en su mayoría han estado ausentes de la protesta nacional.

¿Quién o quienes serán los líderes que logren construir esa gran maquinaria unida que enfrente al madurismo en todos los escenarios? No lo sabemos. Pero es factible que un nuevo ciclo político se abra en el país con toda su dirigencia en un solo bloque.

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