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OPINIÓN

Cuestión de moda

Así como algunos optan nuevamente por teléfonos  "no tan inteligentes", en la política latinoamericana cada vez es más fuerte el rechazo a los gobiernos progresistas revolucionarios
Por LUCÍA NAVARRO

No es la prenda, el deporte, el lugar o la política: es “la moda”. Así percibí el auge de los gobiernos progresistas y social revolucionarios que ganaron auge desde que comenzó el siglo.

Moda es lo que gusta y es adoptado porque hace que volteen a vernos, porque nos hace distintos y en algunos casos rebeldes e independientes.

Pero así como las modas viven a partir de ciclos, los estilos de gobierno pasan por sus propios círculos de nacimiento-crecimiento-desarrollo-decadencia y muerte. Nuestra bella América Latina nos provee de ejemplos ilustrativos a todas luces y, Ecuador, podría ofrecernos un ejemplo este 2 de abril, durante la segunda vuelta electoral para definir quién remplazará a Rafael Correa en la silla presidencial.

Lenín Moreno, el candidato del presidente Correa llegará a la jornada como puntero en la primera ronda, título que podría perder en la segunda vuelta ante Guillermo Lasso, su contrincante más cercano en la pasada tensa primera ronda electoral. Así paso en Argentina en diciembre de 2015 cuando Mauricio Macri - quien resultó en segundo lugar en la elección general- derrotó en segunda vuelta a Daniel Scioli, candidato respaldado por la entonces presidenta Cristina Fernández.

Desde principios del siglo se ha visto como los gobiernos progresistas han tomado auge en América Latina; coronaron en Venezuela, Argentina, Bolivia, Chile y Ecuador, impulsados - de alguna forma - por la guía del fallecido Fidel Castro. Nicaragua tiene otra historia, una que data de mas atrás.

Esta moda no contagió a países como México, Panamá, Colombia, Perú, los que creo han ayudado a mantener el equilibrio en la región. De que hubo tentaciones por caer en el cesto de los progresistas revolucionarios no lo dudo, pero los pueblos hablaron a través del voto y las historias políticas de estas naciones se inclinaron hacia otra dirección.

En Ecuador, el voto es una obligación para los mayores de 18 años. Quienes no cumplan podrían ser sujetos a multas equivalentes al 10% del salario mínimo (unos 37.50 dólares) sumados a 8 dólares por concepto del certificado de votación.

En la víspera de la segunda vuelta electoral en Ecuador, recordemos al partido en el gobierno que, la suma del resto de los partidos podría ser la espada que corte su racha de buena suerte, tal como sucedió al kirchnerismo. De ser así, felicidades a los ecuatorianos. De otra forma, a seguir en el camino que trazó un gobierno que retiró el respaldo a áreas muy importantes para el crecimiento y fortalecimiento de la democracia y la economía. Gobierno que, por cierto, ha dicho que se convertirá en el opositor mas crítico y con miras a intentar regresar a la palestra política tan pronto como sea posible.

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