Ver “2000 mulas” de Dinesh D’Souza es transitar el umbral entre el inmaculado mito de origen de las elites liberales de segunda mitad del siglo XX y la oscura historicidad del partido Demócrata erigido durante la Gilded Age; es aventurarse fuera de la sobria historia oficial de la democracia americana para revisitar las crónicas prohibidas de un sórdido episodio que pudo pertenecer a la “Historia Universal de la Infamia” de Borges, o a las extraviadas geografías de su reverenciado Lovecraft, pero que ocurrió en América: Tammany Hall.
Dinesh D'Souza y el retorno de Tammany Hall
Aunque desacreditado y censurado por los apéndices de la cultura de la cancelación, por alertarnos sobre el reemerger de un peligro que imaginamos irreal, “Dos mil mulas” no es un libelo partisano sino una etnografía comparada de la cultura política liberal que toma como unidad de análisis las Elecciones 2020 para identificar la reposición de prácticas que forman parte del primitivo arsenal electoral del partido de los Clinton, los Pelosi, los Obama y los Biden.
En él D’Souza elabora sobre los hallazgos de un perito forense con 40 años de carrera en integridad electoral que excavó en esos nuevos yacimientos arqueológicos que son los registros de cámaras de seguridad públicas, y la cruzó con la geo-huella de sujetos de interés en la “caja negra” de sus dispositivos móviles para establecer, con precisión de Carbono 14, la ruta del fraude e identificar vulnerabilidades y puntos críticos en el sistema electoral de los EEUU.
Su hipótesis de trabajo parece ser que los fenómenos políticos no son eventos aislados sino parte de cadenas de acontecimientos con un curso rastreable a lo largo del tiempo y que, por inverosímil que la retórica escéptica de la media lo haga lucir, el bucle Demócratas/fraude no es una suposición sino una referencia histórica a una práctica de clientelización electoral que ésta organización ejercitó sistemáticamente entre 1760 y 1925, de la que ya daba cuenta en sus crónicas de principio del siglo XX el cronista Herbert Asbury.
El documental revisita la regresión liberal de 2020 a conductas pre-democráticas del siglo XIX, cuando el partido de Martin Van Buren articuló en Nueva York instituciones electorales, patronazgo caritativo, pandillas del hampa y el factor migrante como componentes de una maquinaria de fraude que redujo la democracia al acarreo y recuento de boletas apócrifas en reemplazo del acto jurídico de apersonamiento público y auditado para sufragar, extremo que en enero de 2022 se pretendía reponer en la ciudad de Nueva York con la Ley 1867 de “voto sin identificación” que la Corte Suprema del Estado declaró inconstitucional.
Quizá por esto el establishment liberal se esforzó en censurar, amedrentar y disuadir al público de atender a la tesis de D’Souza, pero al no poder refutar su argumento de fondo sobre las vulnerabilidades del sistema electoral, se enfocan en minimizar las violaciones reportadas – léase acarreo masivo y admisión de votos sin acreditar votante – cual “singularidades” de la cultura electoral americana “autorizadas” por la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales.
Pero ni “autorizado” ni “recurrente” permiten presumir la constitucionalidad de esa práctica y aunque tras la pandemia 26 estados y el Distrito de Columbia dejan votar en ausencia o por correo, sin mediar justificación, y ocho estados más normalizan el voto no-presencial, éste entraña la cosecha y tráfico de boletas, bajo el modus operandi de los cárteles dedicados al tráfico de drogas y el tráfico humano, por un grupo al que los mismos migrantes asignan el despectivo “politiqueros” (dícese del individuo sin oficio dedicado a sacar ventaja de hacer política). La actividad de los “politiqueros”, que irónicamente la media considera filántropos y no burdas mulas, es una reedición del trabajo que pandillas afiliadas a la “Sociedad Tammany de Nativos Americanos” hacían para los Demócratas de la Nueva York victoriana.
Tammany Hall, sustantivo profano, es parte de la protohistoria secreta y prohibida de un partido que se imagina liberal pero cuya ideología y métodos provienen de El Capital, el Libro Rojo de Mao, las memorias de la eugenista Sanger, el Manual de Fraude de Boss Tweed y los alucinógenos sofismas de George Soros en Project Syndicate; es la utopía no declarada de un partido que se embanderó de las libertades civiles y el anti belicismo, hasta que hace poco decidiera instituir la pesadilla de espionaje doméstico de Orwell en una oficina gubernamental y financiar con 40 billones un conflicto en Eurasia sin mayor perspectiva que Vietnam.
“Dos mil mulas” no es una ficción política, sino una imperdible disertación sobre la centralidad del fraude en la historia del partido Demócrata y sobre la trágica tendencia de la historia a repetirse a sí misma.
Analista y Consultor en Comunicación Política
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