Muchas veces es más importante el porqué se hacen las cosas, que las cosas que se hacen. Un mismo acto puede ser bueno en unos casos y malo en otros. Al final, su juicio dependerá de las razones que llevan a la acción y de su contexto.
El error de la Casa Blanca en Venezuela
La justificación o el rechazo de estos actos es una de las principales materias del derecho internacional, pero cada vez es menos invocado, ya que ha ido perdiendo la confianza del público
Esto es lo que permite diferenciar entre la intervención de Estados Unidos en Venezuela, la reclamación del gobierno norteamericano sobre Groenlandia, la invasión rusa de Ucrania, la intervención israelí en Gaza o la defensa de Taiwán por las potencias occidentales. Todos esos conflictos geopolíticos tienen aspectos comunes, pero fundamentos distintos, y eso es lo que permite aprobar algunos y rechazar otros.
La justificación o el rechazo de estos actos es una de las principales materias del derecho internacional, pero cada vez es menos invocado, ya que ha ido perdiendo la confianza del público. Esto acarrea grandes peligros para todas las naciones, sin importar su tamaño o poderío.
En este sentido, si bien en este mismo medio he defendido la legitimidad del arresto de Nicolás Maduro, no puedo dejar de llamar la atención sobre lo negativo de la forma en que la Casa Blanca ha justificado su actuar.
El gobierno del presidente Trump se ha centrado en la defensa de los intereses geopolíticos y económicos de los Estados Unidos, a la vez que celebra la demostración de poder militar que este arresto ha supuesto. Ello es perjudicial para el interés global y el particular de los Estados Unidos.
En cuanto a lo primero, enfocar la justificación de esta manera revela una pérdida de interés en la búsqueda del desarrollo común de la humanidad y, en consecuencia, en el derecho internacional. En efecto, el uso de la fuerza no puede justificarse por intereses egoístas. Aquello es el fin del derecho y de cualquier intento de forjar una sociedad global.
En cuanto a lo segundo, la falta de justificación jurídica de lo ocurrido en Venezuela, al unirse a otros hechos recientes como la reclamación de Groenlandia, genera una inseguridad mundial significativa y amenaza el liderazgo global de los Estados Unidos.
El poder norteamericano no sólo se basa en sus fuerzas militares y en su inmenso poderío económico. También en su respetabilidad y liderazgo internacional, que se fundamentan en la previsibilidad de sus acciones y en el respeto a un orden jurídico establecido.
Si los Estados Unidos comienzan a despreciar dicho orden y sus fundamentos jurídicos, perderán la posibilidad de construir alianzas sólidas y su justificación moral para liderar geopolíticamente, al menos, al bloque compuesto por las naciones occidentales.
Por el contrario, dará paso a la justificación de las acciones de sus rivales por el gobierno mundial, los que, incluso, podrían ser vistos como una opción más benigna y segura por las naciones más pequeñas.
En este orden de ideas, es imperioso que el gobierno norteamericano se esfuerce por justificar, en el ámbito del derecho internacional, su intervención en Venezuela. Las razones sobran, pero es importante que las esgrimen y, de esa manera, dé paso a un debate sobre la materia.
Este debate es de particular importancia para la comunidad hispanoamericana, pues obligará a los gobiernos de la región a exponer su visión sobre las obligaciones que asumirán en materia de preservación de la paz y respeto de los derechos humanos, definiéndose frente a Estados que recurren al crimen contra su propio pueblo y amenazan de forma permanente la paz en el ámbito internacional. Es decir, nos forzará a sincerar posiciones y a exponer nuestro punto de vista sobre qué se debe hacer con Cuba.
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