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OPINIÓN

El merengue de los interinos: "Vampiro vampiro, te chupa el vampiro (bis)"

El tan esperado amanecer desvanecerá la sombra del mal y disipará la atmósfera siniestra que ha invadido a Venezuela.

Por Edgar Cherubini Lecuna

La interina encargada por el “protectorado” de administrar el país, elogió hace unos días al vampiro caribeño Fidel Castro exaltando su “compromiso con la dignidad y la justicia social” y como "líder íntegro", calificando su sangrienta dictadura, que exportó la subversión a las democracias del continente y promovió el terrorismo internacional, como "una referencia para los pueblos libres". La mano derecha y cómplice de la narcodictadura, que continúa en funciones de un falso Estado, profirió este desatino que podría ser causado por una disonancia cognitiva, que se manifiesta en una persona cuando la realidad no coincide con lo que piensa o sus acciones van en contra de sus convicciones, la mente reacciona ante esa incoherencia a veces con desacierto y agresividad. Hagamos historia. Chávez fue quien invitó al Nosferatu caribeño a ocupar el país sin ninguna resistencia y a chupar del codiciado petróleo, oro y dólares que sustentaría a su isla en ruinas y a su decadente revolución. A Delcy también “la chupó el vampiro”, como dice el merengue de Wilfredo Vargas.

Una analogía con Venezuela

Las leyendas sobre vampiros y el vampirismo provienen de la novela Drácula de Bram Stoker, escrita en 1897, sin embargo, el film Nosferatu (1921), dirigida por F. W. Murnau, cuyo título original era Nosferatu, una sinfonía del horror, es uno de los más representativos del expresionismo alemán durante la República de Weimar. Heredero de la novela gótica y del llamado romanticismo oscuro, este filme representa una premonición del derrumbe de los valores occidentales que viviría Alemania y Europa con el ascenso de Hitler y el nazismo. Lo mismo ocurrió en Venezuela con la llegada de Fidel Castro, significando el preludio de la destrucción del país por la corrupta peste comunista. La dramática escena del arribo del conde Graf Orlok o Nosferatu a la ciudad portuaria de Wisborg, en la que el vampiro desciende de su tenebroso navío junto a miles de ratas que invaden la ciudad, siempre me ha parecido la analogía perfecta para describir a Fidel Castro llegando a Venezuela, invitado por Hugo Chávez en el año 2000. El reality show titulado Socialismo del Siglo XXI implementado por el chavismo, sirvió de escenario decadente para la propagación de la plaga de miseria y destrucción que asola al país desde entonces. Wilfrido Vargas lo dice cantando en su famoso merengue: “Vampiro, vampiro, te chupa el vampiro…”. El vampiro le chupó la sangre a Venezuela, dejándole el bagazo en herencia a su momificado politburó que aún inspira obediencia a los herederos de Chávez y Maduro ante la ingenua y débil presencia del “protectorado” norteamericano. Este último pareciera que aún no entiende la perversa naturaleza de los “interinos”.

Fotograma del film Nosferatu (1921), dirigida por F. W. Murnau, cuyo título original era Nosferatu, una sinfonía del horror.

Volviendo a la trama de la obra, Nosferatu se mueve en las sombras y poco a poco comienza a chupar la sangre de sus habitantes y a propagar la peste. La ciudad, antes floreciente, comienza a arruinarse. La bella y heroica Ellen, consciente del peligro que representa el vampiro, se entera de que, en lugar de una estaca en el corazón, Nosferatu sólo puede ser derrotado si una mujer pura de corazón decide sacrificarse entreteniéndolo hasta el amanecer. Ellen logra que Nosferatu vaya a su habitación, le clave sus filosos colmillos y beba su sangre. De pronto, amanece y el vampiro se desintegra al ser bañado por la naciente luz del sol. Una tibia claridad invade a la ciudad y a sus habitantes liberándolos del maleficio. Cualquier parecido con la realidad venezolana es mera coincidencia.

Alabanzas a los enemigos de la patria

Si bien fue Chávez quien invitó al vampiro y sus a huestes a ocupar el país y propagar su peste sin ninguna resistencia, es bueno recordar que éste ya había sido invitado de honor a la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez en 1989, conocida como la “coronación” de CAP. En ese entonces, el vampiro fue glorificado por la élite intelectual del país quienes, seducidos por su carisma, le entregaron el alma a través de una proclama de más de ochocientas firmas henchida de loas. Una vez que la intelligentsia venezolana fue inoculada por la mordida del depredador, la conspiración comunista cobró más fuerza y comenzó su cuenta regresiva hasta dar el golpe en 1992.

Fidel Castro, que había expresado “no querer morir sin ver incendiada Latinoamérica”, le pasó el testigo de la subversión a Chávez, durante la visita de este último a La Habana después de ser indultado durante el gobierno de Caldera. Una vez en el poder, Chávez adoptó el eslogan: “Patria, socialismo o muerte”, demostrando una vez más que las ideologías dogmáticas y sectarias que adoptan la muerte como su motto, son la fuente de un terrorismo de Estado que se arroga el derecho de aniquilar en forma física o política a quienes se opongan a sus objetivos. Escudados en una supuesta revolución de los pobres y esgrimiendo la bandera del antiimperialismo norteamericano, la izquierda venezolana colocó en la mesa del juego político una desatinada apuesta antidemocrática orquestada por Cuba en asociación con militares mafiosos y un caudillo populista, liados en una danza de la muerte con la narcoguerrilla colombiana, organizaciones criminales trasnacionales, países forajidos y corruptos de todo pelaje. Una apuesta temeraria y nihilista al ‘se vale todo’, conduciendo al desastre de estos 27 años de vampirismo y oscuridad.

El pasado 13/08/26 se cumplió un centenario del nacimiento de Fidel Castro. Delcy Rodríguez, ilegítima presidenta interina de Venezuela, publicó un sentido mensaje pleno de alabanzas al sanguinario dictador que tuteló la destrucción de Venezuela..

El beso del vampiro

La mordida del vampiro creó dependencias vehementes en quienes fueron inoculados, muchos con pleno consentimiento y goce. La seducción y posesión sobre sus seguidores dieron paso a una pulsión que floreció y dio sus frutos en el terreno de la psicopatía política, al apoyar incondicionalmente los desmanes del régimen chavista y la actitud perversa de callarse ante sus innumerables actos de violencia verbal y física que fueron convirtiendo al disidente, al adversario político en “enemigo” al que hay que encarcelar, torturar y aniquilar. Pasaron muchos años, antes de que algunos dirigentes de la oposición criticaran la entrega de la soberanía a Fidel Castro y su feroz tiranía comunista, con todo el legado de crueldades, genocidios, retrocesos, pobreza y calamidades que conlleva esta ideología de la destrucción. Habría que realizar un estudio a profundidad de los que padecen de este síndrome que avala toda clase de desviaciones, corrupciones y desmanes al sentirse seducidos por la fascinación de hombres fuertes y carismáticos como Castro o de tiranuelos ignorantes y mediocres como Chávez y Maduro.

El país vive aún una ópera gótica de un oscuro estilo expresionista, una mezcla melodramática de elementos macabros encarnados en personajes de rasgos sicopáticos inoculados con la peste castro comunista que continúan interpretando al pie de la letra el guion perverso y criminal elaborado por el vampiro, en un escenario desvencijado que patentiza la ruina espiritual y material de un país convertido en un Estado fallido, tal como ocurrió con la llegada de Nosferatu a la ciudad portuaria de Wisborg. El tan esperado amanecer desvanecerá la sombra del mal y disipará la atmósfera siniestra que ha invadido a Venezuela.

Wilfredo Vargas resume la ofuscación de los “interinos” en el merengue “El vampiro”: “Yo soy como los vampiros que salgo al anochecer / porque en las noches me inspiro y me llevo a una mujer (bis) / Vampiro vampiro, te chupa el vampiro (bis)”.

edgar.cherubini@gmail.com

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