miércoles 28  de  enero 2026
OPINIÓN

El salvavidas de silicio

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

En Wall Street, las luces de alarma llevan meses parpadeando. El argumento bajista, liderado por analistas escépticos, es matemáticamente simple y aterrador, y dice que la inteligencia artificial (IA) se volvió un negocio donde el costo de construir la "fábrica", o sea el centro de datos, crece más rápido que el dinero que se puede sacar de ella. Si se gasta un dineral en infraestructura para obtener ingresos estancados la burbuja debería estallar.

Tienen razón en el diagnóstico macroeconómico, pero se equivocan en el calendario. Omitieron en sus cálculos la llegada de la arquitectura Vera Rubin. Esta nueva generación de chips no es la "solución final" a los límites de la física, como pregonan los departamentos de marketing, pero es la corrección técnica exacta que la industria necesita para no quebrar en los próximos tres años.

Enfriar la fiebre

El primer punto donde los críticos fallan es en asumir que los costos de construcción subirán indefinidamente. La arquitectura Rubin ataca este problema cambiando la fontanería del negocio.

Hasta hoy, la construcción de un centro de datos se asociaba con una planta frigorífica masiva. Ya que los chips anteriores eran térmicamente ineficientes y requerían "chillers", es decir refrigeradores industriales, que devoraban electricidad y espacio. Rubin, diseñado para tolerar temperaturas de operación más altas, permite el uso de refrigeración líquida pasiva, como agua tibia a 45°C.

El chip sigue consumiendo energía, sin embargo, al eliminar la demanda de enfriamiento artificialmente el agua, se recorta una parte significativa del costo de infraestructura, o CapEx, así como también se reduce la factura eléctrica operativa, el OpEx. No es que la IA se vuelva "verde" de repente, es que deja de desperdiciar vatios en aire acondicionado. Esto estabiliza el costo de construcción por gigavatio, refutando la tesis de que los costos solo pueden subir.

La densidad como respuesta a los ingresos planos

El argumento más fuerte de los pesimistas es que los ingresos por unidad de energía están estancados, y aquí es donde entra la densidad computacional.

Si Rubin permite, como prometen los benchmarks técnicos, ejecutar tres veces más inferencias, lo que se traduce en respuestas de la IA, con el mismo consumo energético que la generación anterior, la ecuación financiera cambia, porque el producto es más abundante.

sto activa lo que los economistas llaman elasticidad, al abaratar el costo real por "token” o palabra generada, se abren nuevos mercados que antes no eran rentables. El centro de datos no genera los mismos ingresos porque tiene la capacidad de crear más valor porque es más productivo. Es la diferencia entre tener una fábrica de coches que produce 10 unidades al día y una que produce 30 con los mismos obreros.

Un parche, no una cura

Sin embargo, hay que ser honestos con el inversor y el lector ya que Rubin no rompe las leyes de la termodinámica, solo las estira.

Los críticos técnicos, a diferencia de los financieros, señalan con razón que esto es una solución temporal. En primer lugar, el problema está en la red eléctrica. Aunque Rubin sea eficiente, la demanda de IA es insaciable. Si reducimos el consumo a la mitad, pero duplicamos el número de chips instalados, la presión sobre la red eléctrica (Grid) sigue siendo crítica.

Segundo está el desafío del agua, porque al cambiar aire por agua se soluciona el problema energético, pero se introduce el problema hídrico. Localizar estos nuevos centros de datos en zonas con sequía será un desafío logístico y ético.

En tercer puesto, hay cuellos de botella por tener chips más rápidos; ya que no sirve de nada si no pueden "hablar" entre sí a la misma velocidad. La interconexión sigue siendo un límite físico real.

El puente hacia 2028

La "economía loca" que denuncian los analistas describe un escenario donde la tecnología se estanca. Pero la tecnología no se ha quedado.

Vera Rubin no es el motor perpetuo ni la salvación eterna de la IA, sin embargo, es un parche de ingeniería brillante. Lo suficientemente robusto para arreglar los márgenes de beneficio, calmar al mercado de bonos y hacer viables las salidas a bolsa de las grandes empresas de IA en 2026 y 2027.

La industria no chocó con el muro todavía gracias a la ingeniería térmica y la densidad de chips al tiempo que compró tiempo, un bien más valioso que el oro en tecnología. La crisis existencial de la IA no se cancela, simplemente se pospone para la próxima década. Y en este negocio, sobrevivir tres años más es sinónimo de éxito.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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