domingo 22  de  marzo 2026
OPINIÓN

El fin del anonimato: La "Kill List" como arma de desmoralización en Irán

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

El anuncio de una lista de objetivos a matar, una Kill List, elaborada por Estados Unidos con el respaldo de la inteligencia israelí marca un cambio en la gestión de conflictos internacionales. Esta vez, el objetivo es el individuo. Se trata de una amenaza quirúrgica dirigida a quienes aprietan el gatillo en las calles de Teherán; y no estamos ante el lenguaje habitual de la diplomacia, ni frente a las sanciones económicas que suelen castigar a la población civil sin rozar a las élites.

El concepto de la Kill List tiene una genealogía clara que se remonta a la operación "Cólera de Dios", activada por Israel tras la masacre de Múnich en 1972. En aquel entonces, el mensaje fue que nadie implicado en el terrorismo contra ciudadanos israelíes podría dormir tranquilo, sin importar en qué lugar del mundo se escondiera. Décadas más tarde, Estados Unidos institucionalizó esta práctica con la "Disposition Matrix" durante la guerra contra el terrorismo, convirtiendo la eliminación de líderes insurgentes en un proceso burocrático y tecnológico.

Sin embargo, la aplicación de este modelo al escenario iraní de 2026 introduce una variante psicológica devastadora. A diferencia de las listas anteriores, centradas en líderes terroristas escondidos en cuevas o estados fallidos, esta apunta a funcionarios de un Estado constituido. El comandante de los Basij, o el jefe de policía que ordena la carga contra una manifestación, ya no goza de la protección por anonimato estatal. Su nombre, su rostro y sus movimientos están identificados.

La efectividad de esta medida no debe medirse únicamente por el número de ejecuciones físicas, sino por su capacidad de paralización de la cadena de mando. Cuando un oficial de rango medio comprende que su identidad fue filtrada por la inteligencia externa, se instala una paranoia corrosiva dentro del régimen. El miedo a ser el próximo nombre en la lista genera una pregunta inevitable entre los represores: ¿vale la pena arriesgar la seguridad personal y familiar por un sistema que no puede proteger ni siquiera su propia información confidencial?

Al final, la Kill List funciona como un espejo de la vulnerabilidad del régimen iraní. Para que un nombre llegue a esa lista, es necesaria la existencia de informantes internos y una vigilancia tecnológica total. Al señalar directamente a los ejecutores de la represión, la alianza entre Washington y Jerusalén busca tanto la justicia para las víctimas de las protestas, así como el quiebre de la voluntad para quienes sostienen el aparato de fuerza del Estado iraní. El anonimato, el mayor escudo de la impunidad, ha desaparecido.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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