Faltando menos de seis semanas para las elecciones presidenciales, todavía no es posible vislumbrar quién llenará el perfil de ganador. Los sondeos de opinión dan unas veces el triunfo a Hillary Clinton y otras ponen a Donald Trump en la línea con las mejores posibilidades.
Y aunque los debates presidenciales representan una buena oportunidad para exponer en público las posturas de los nominados, no necesariamente predicen quién ganará con mayor facilidad.
En el pasado, los debates mostraban el candidato que resaltaba sobre el otro, pero no representaban un factor clave como para cambiar las decisiones del votante o revertir una tendencia.
Por ejemplo, quienes ya se decidieron a votar por Trump no van a cambiar su intención, tan solo porque Clinton muestra tener un mejor dominio de la realidad internacional.
Los debates pueden representar un buen espectáculo para la televisión, pero no tienen un impacto significativo en el comportamiento electoral.
En ese caso, ¿podría entonces haber algún ingrediente que surja de estos enfrentamientos públicos que cambie la pauta?
Aunque parezca poco importante, Trump mide 1.88 m y Clinton está cerca de 1.71 m. ¿Pueden acaso esos 17 centímetros de diferencia influenciar en la percepción del votante?
La historia reciente confirma que la mayoría de los presidentes estadounidenses han sido altos.
El presidente Barack Obama tiene 1.86 m de altura, Bill Clinton, por su parte, mide lo mismo que Trump, Ronald Reagan medía más de 1.82 m, mientras George W. Bush alcanza 1.82 m y su padre 1.88 m.
Por otra parte, el presidente número 16, Abraham Lincoln, tenía 1.95 m de altura.
Si el hoy secretario de Estado John Kerry hubiera ganado la presidencia en 2004, habría aventajado al resto de los líderes del mundo en tamaño, con su 1.95 m de estatura.
Obviamente, la altura no es esencial para que una persona se convierta en líder, pero qué sucede en un debate por la presidencia del país, entre una mujer de 1.70 m y un hombre, de 1.88 m ¿Podría la diferencia representar una desventaja para Clinton?
Aunque puede parecer irrelevante, cuando los candidatos están parados, uno al lado del otro, es evidente que Trump físicamente domina el espacio.
Es un hecho que la personalidad y la presencia física son ingredientes importantes en una carrera presidencial. Obama, venció a Hillary Clinton para la nominación demócrata en 2008 por una serie de razones, y dos de ellas eran justamente, su carisma y su elegancia juvenil.
Ronald Reagan ganó la presidencia, no sólo con la promesa de convertir a Estados Unidos en la mayor potencia militar mundial pero también, como otrora estrella de Hollywood, sabía transmitir el encanto y la accesibilidad a él.
John F. Kennedy ganó las elecciones en parte por su atractivo de estrella de cine y su mensaje inspirador.
Al final, será la talla de las ideas lo que cuente en estados cruciales, como Ohio, pero la altura física durante los debates de televisión podrían dar una oportunidad adicional a Trump para de dominar a su rival femenina.
El riesgo para el magnate está en convertir los debates en una batalla de sexos para intimidar a Clinton y cuando ella encarne la esperanza de ser la primera mujer presidenta de Estados Unidos, eso la podría convertir en el blanco de las críticas y antipatías de cada mujer en el planeta.