MIAMI.-Muy temprano en el debate, la candidata demócrata, Hillary Clinton, empezó el ataque: hizo el contraste entre sus orígenes de clase media con los inicios de Donald Trump, a quien su padre le prestó 14 millones de dólares para consolidar sus negocios.

Y desde el principio se vio con claridad el temperamento de los dos candidatos. Trump a veces se mostraba arrogante, otras hacía gestos de desaprobación, suspiraba, respiraba fuerte o, simplemente, interrumpía a su contrincante. Clinton mantuvo la calma, mostró siempre una sonrisa cuando miraba al moderador, Lester Holt, y dejó pasar por alto varios ataques, uno de ellos cuando el candidato republicano recordó que Hillary Clinton llamó a jóvenes afroamericanos “súper depredadores”.

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Tensiones raciales, el papel de la Policía y el sistema judicial, el terrorismo, los ataques cibernéticos, empleo, impuestos, fueron los temas que planteó el moderador a los dos candidatos.

Frente al empleo y los impuestos fueron claras y contundentes las diferencias. Mientras Trump planteó un recorte, tanto para los ricos como para las clase media, Clinton insistió en recortes para los trabajadores e insistió en subir las tasas de tributación a los de grandes ingresos.

En ese momento, el moderador puso el dedo en la llaga: la sistemática resistencia del candidato republicano a revelar sus impuestos. Trump contraatacó en su mejor estilo: “Voy a dar a conocer mis impuestos, contra la voluntad de mis abogados, cuando ella saque a la luz los 33.000 emails que fueron borrados. Y tan pronto ella haga eso, yo saco a la luz mis impuestos”.

Pero la exsecretaria aprovechó la oportunidad para golpear uno de los flancos más vulnerables de Trump: “¿Por qué él no da a conocer sus impuestos? Yo creo que hay un par de razones: primero, tal vez no es tan rico como dice ser; segundo, tal vez no hace tantas obras sociales como dice que hace; tercero, no conocemos todos sus negocios pero se nos ha dicho a través de investigaciones periodísticas que debe 650 millones a Wall Street y a bancos extranjeros; o no quiere que el pueblo estadounidense sepa que él no ha pagado nada en impuestos federales”.

Cuando Clinton hablaba de la crisis financiera del año 2008, recordó lo que Trump pensaba si estallaba la burbuja inmobiliaria: “De hecho, Donald fue uno de los que se aprovechó de la crisis inmobiliaria. Lo dijo en 2006, ‘espero que eso colapse para comprar y hacer dinero’”. Trump de inmediato respondió: “eso es hacer negocios”. Y Clinton remató: “9 millones perdieron sus empleos, 5 millones perdieron sus casas”.

Comercio internacional

El candidato republicano no dejó pasar la oportunidad para atacar con dureza los tratados de libre comercio. Se refirió al firmado en 1993, en la presidencia de Bill Clinton. “Su esposo firmó NAFTA que fue el peor tratado para la industria manufacturera. Vaya al norte, a Ohio, a Pensylvania, a cualquier lugar donde vaya verá devastación, con la manufactura que ha decaído el 40% y hasta el 50%.”

Con respecto al TPP (Acuerdo Transpacífico) Trump recalcó que su oponente había estado de acuerdo, al señalarlo como “el estándar de oro de los acuerdos, el mejor tratado que usted haya visto”. Y volvió al ataque: “Ahora quiere aprobar el acuerdo Transpacífico. Usted estuvo totalmente a favor de él, luego oyó lo que yo decía, vio lo malo que era, y decidió que no podía ganar ese debate, y usted sabe que si gana va a aprobar ese acuerdo. Y va a ser casi tan malo como NAFTA”.

Hillary Clinton, también en el terreno internacional y en la lucha contra el terrorismo, recordó cómo el candidato republicano ha sido desdeñoso con la OTAN y además ha atacado a los musulmanes, dentro y fuera de Estados Unidos. Trump respondió que como hombres de negocios hay que obligar a los países miembros de ese tratado atlántico a pagar cuando este país sale en su defensa.

Certificado de nacimiento

El contraste no pudo ser más grande en el tema del racismo y el sistema judicial.

Clinton habló de las relaciones que debe haber entre las comunidades y las autoridades, aclaró que el racismo no es sólo de la policía sino que se extiende a la sociedad. “Muchos jóvenes afroamericanos y latinos terminan en la cárcel por delitos no violentos. Y es un hecho que si un afroamericano y hace lo mismo que un blanco, es más probable que ese afroamericano sea arrestado, acusado, sentenciado y encarcelado. Por lo tanto tenemos que enfrentar el racismo estructural en nuestra justicia”.

Y en esa discusión, salió el tema que Trump quiso evitar que se convirtiera en una poderosa arma de ataque de su adversaria: el certificado de nacimiento de Barack Obama, ante la denuncia del magnate inmobiliario, durante cinco años, de que el primer presidente afroamericano en la historia de Estados Unidos, no había nacido en ese país.

Trump insistió en que las dudas sobre el origen de Obama nacieron en la campaña de Clinton de 2008, a través de sus más cercanos amigos y estrategas. Sin embargo, la candidata demócrata no respondió directamente a ese ataque, pero sí subrayó que su oponente se lanzó a la arena política con ese tema. “El empezó su actividad política basado en la mentira de que nuestro primer presidente afroamericano no era un ciudadano estadounidense. No hay evidencia de eso, pero el persistió año tras año porque algunos de sus simpatizantes, que quería atraer, no creían y no querían creer en eso”.

Final

La parte final del debate fue dura. El moderador rectificó a Trump en su supuesta oposición a la guerra en Irak, y después le preguntó por qué el juicio del candidato republicano era distinto al de su contendiente. “Yo tengo mejor juicio que ella. Sin duda. Yo también tengo mejor temperamento que ella. Es mi activo más fuerte, tengo un temperamento ganador. Sé cómo ganara, ella no lo sabe”.

También se refirió a la falta de energía, de fortaleza de Clinton. Ella aprovechó esa oportunidad para recordarle a la audiencia sus cuatro años como secretaria de Estado: “Viaje a 212 países, negocié acuerdos de cese al fuego, de paz y liberación de disidentes, abrir oportunidades en naciones alrededor del mundo, o incluso estar durante 11 horas dando testimonio enfrente de un comité del Congreso, usted me habla a mí de energía, de fortaleza.”

Pero esa crítica del candidato republicano a la energía de Clinton, también le dio a ella pie para recordarle sus comentarios inadecuados sobre las mujeres: “Él está tratando de dar cambiar el tema de la apariencia por el de la energía. Pero este es un hombre que ha llamado a las mujeres cerdos, perras, detestables; que ha dicho que las mujeres no merecen el mismo salario a menos que hagan el mismos trabajo que los hombres”. Y citó como se refería a las mujeres en los reinados de belleza, a una de ellas primero la llamo Miss Piggy y después Miss empleada de servicio doméstico, por su origen latino.

Y uno de los comentarios que cogió por sorpresa a al empresario neoyorquino fue la insistencia de que Clinton se había su casa a preparar el debate. “Donald me ha criticado por prepararme para este debate. Y sí, lo hice. ¿Y sabe para qué más estoy preparada? Para ser presidenta y creo que es una buena cosa”.

 

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