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OPINIÓN

La debacle de Petro

El gobierno de Petro mantiene el mismo 'modus operandi' que ha 'libreteado' por décadas el régimen cubano y ha sido adaptado por líderes de izquierda
Por JUAN DAVID VÉLEZ

Gustavo Petro no ha cumplido un año de gobierno y sus indicadores no solo no le favorecen, sino que tienden a empeorar a causa de su forma de gobernar, apegado a la improvisación, la ausencia en la búsqueda de consensos nacionales en los temas fundamentales y la megalomanía con la que lidera su gobierno para cambiar absolutamente todo.

Los escándalos en gobiernos radicales, como el que hoy tiene Colombia, parecen nunca terminar. Semana tras semana somos conocedores de un nuevo espectáculo, salidas en falso de algunos de sus colaboradores, discursos arbitrarios, actitudes desafiantes, descalificaciones permanentes a la oposición y la radicalización en el discurso y su accionar.

El gobierno de Gustavo Petro mantiene el mismo modus operandi que ha ‘libreteado’ por décadas el régimen cubano y que ha sido adaptado por líderes de izquierda del continente que hacen un llamado al “cambio”.

El futuro de Colombia es cada vez más incierto, la ausencia de realizaciones del gobierno a favor de la ciudadanía tiene un contraste espeluznante con los hechos de varios de los miembros de ese gobierno. No en vano, ya se ve el descenso de la aprobación del gobierno y la popularidad de sus dirigentes. El futuro de Colombia es cada vez más incierto, la ausencia de realizaciones del gobierno a favor de la ciudadanía tiene un contraste espeluznante con los hechos de varios de los miembros de ese gobierno. No en vano, ya se ve el descenso de la aprobación del gobierno y la popularidad de sus dirigentes.

El caso de Francia Márquez ha sido bien notorio, pues subió al poder con un discurso supuestamente de reivindicación de la raza negra por los años de injusticia y discriminación vividas, a convertirse en una vicepresidente con discursos cargados de odio, rencor, victimización permanente, ejecuciones nulas y abuso indiscriminado de los recursos públicos de la nación.

La ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, muy querida y protegida por el presidente Petro, con sus intervenciones y accionar ha logrado socavar el futuro energético del país y deteriora la competitividad en esa materia de Colombia en la región.

La política exterior, a manos del canciller Leyva, está más focalizada en lavarle la cara al dictador Nicolás Maduro, afianzar las relaciones con el régimen cubano, y acusar de un supuesto entrampamiento a los Estados Unidos.

En tan solo nueve meses de gobierno, las 18 carteras ministeriales han superado 26 ministros. La exministra del Deporte ha sido acusada por la Fiscalía General de la Nación por corrupción y la crisis interna en los ministerios ha sido una constante.

Para agravar la situación nacional, las cifras económicas no son alentadoras. El crecimiento económico para este año se estima por debajo del 1.5%, la inflación no cede y sigue estando en dos dígitos. Los cultivos de coca han aumentado en todo el país, el secuestro, la extorsión, los asesinatos a líderes sociales y las masacres se han incrementado y, peor aún, los gobernadores de todo el país temen por las elecciones de octubre, pues, como un hecho que no sucedía en el país hace más de 20 años, se podría aplazar el certamen electoral en algunas zonas de Colombia a causa de amenazas y violencia.

El escándalo llamado “El pacto de la picota” del hijo y hermano del presidente Petro sigue su curso en la Fiscalía, pues aún no han tenido la capacidad de aclarar respecto a las negociaciones y encuentros en las cárceles con narcotraficantes para presuntamente apoyarlos tanto económicamente como con votos en las elecciones presidenciales, a cambio de beneficios jurídicos.

No es menor lo sucedido con Armando Benedetti, exembajador de Colombia en Venezuela, y Laura Sarabia, exjefa de gabinete, que cada vez que habla alguno de los dos se agrava la situación. El supuesto robo de 4.000 dólares en casa de Sarabia se convirtió en un caso gravísimo de interceptaciones ilegales y una posible entrada de más de 15.000 millones de pesos a la campaña presidencial de Gustavo Petro, que no fueron registrados, y se desconoce la procedencia de dichos recursos.

A este caso se le suma la extraña muerte del coronel de la Policía Óscar Dávila, al que apresuradamente y de manera extraña, el gobierno de Petro asumió con la narrativa de que fue un suicidio. Justamente, previo a la intención manifestada por el coronel de dar declaraciones a la Fiscalía sobre el caso de las ‘chuzadas’ (interceptaciones telefónicas) que son materia de investigación.

La debacle de Petro ha sido prematura, pero predecible. Preocupa, eso sí, su radicalización, la utilización de métodos ortodoxos muy al estilo a los de Fidel Castro, su desafío permanente a las instituciones del país y su burdo ataque a la libertad de prensa que ponen en alto riesgo el Estado de derecho, la democracia de Colombia y la libertad de todos sus ciudadanos.

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