Mi abuela repetía con frecuencia “la tierra habla”; lo decía en sentido metafórico, sugiriendo revelaciones ocultas como crímenes o cualquier otro secreto que afloraba a pesar del esfuerzo del hombre por ocultarlo.
La incapacidad de Delcy al descubierto
La ausencia de Delcy Rodríguez en momentos críticos de la emergencia en La Guaira contrasta con la gestión proactiva y la entrega de ayudas económicas en Colombia.
Hoy dos países hermanos han vivido una tragedia casi simultánea, y “la tierra habla” de muchas maneras, entre ellas, dejando al descubierto la actuación de los mandatarios de Colombia y Venezuela.
Abelardo De la Espriella con apenas tres días al mando, se activó de inmediato ejecutando lo necesario para salvar vidas y asistir a damnificados, mientras Delcy Rodríguez, primero desaparecida y después paralizada, ha permitido, y en algunos casos ha propiciado, la inacción de los organismos encargados de rescate y emergencias.
La tragedia de La Guaira ha expuesto deficiencias escandalosas de Delcy Rodríguez que saltan en cualquier comparación sobre acciones útiles y gerencia de crisis entre la presidenta encargada y el mandatario colombiano.
Por ejemplo, una hora después del doble sismo, a las 7:04 pm, nada se sabía de Delcy Rodríguez. No apareció ni por error; tampoco dispuso ni organizó un dispositivo nacional de rescate.
En cambio, transcurrido el mismo tiempo, es decir una hora después, a las 8:34 am después del sismo en su país, De la Espriella ya encabezaba el operativo de emergencia que había afectado especialmente a Cali, Pereira, Chocó y Manizales, en el que tomó las siguientes decisiones: estableció un puesto de mando unificado, convocó al Comité Nacional para el manejo de desastres, y exigió un informe detallado de daños y necesidades a la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo de Desastres de Colombia. También coordinó a autoridades nacionales y locales, y anunció que se trasladaría personalmente a las zonas afectadas.
A las 8:04 pm, 5 horas después de la tragedia en Venezuela, Delcy seguía sin aparecer; ninguno de los organismos de desastres, rescate y salvación habían recibido comunicación del Ejecutivo para poner en marcha un operativo.
En cambio, en Colombia, transcurridas 5 horas después del terremoto del 10 de agosto, De la Espriella en alocución nacional declaró estado de emergencia y estableció una prioridad inequívoca: rescatar a las personas atrapadas bajo los escombros. Precisó que las prioridades del gobierno estaban desplegadas para salvar vidas, asistir a las comunidades y distribuir ayuda. Además, el mandatario se movilizó hacia Quibdó y posteriormente a Cali.
El proceso en Venezuela fue cruel con el país. Transcurridas 5 horas y media después de la tragedia, es decir a las 11:30 de la noche, todavía nada se sabía de Delcy Rodríguez; ninguna comunicación al país se había producido por lo que no existe ni un solo registro de coordinación ante la emergencia.
Habiendo pasado ese mismo tiempo después del sismo, ya Colombia avanzaba evaluando las necesidades, con organismos de rescate que estaban trabajando salvando vidas, cumpliendo la orden de prioridad de búsqueda por lo que simultáneamente operaban todos los equipos.
La inacción de Delcy Rodríguez tuvo consecuencias: vidas perdidas bajo los escombros, personas que hubiesen podido ser rescatadas. A ella se carga también la orfandad de miles de familias venezolanas que deambulan en las calles sin tener donde dormir ni qué comer. Los salva el alma caritativa del venezolano. Y la ayuda generosa de otros países.
¿Saben cuándo se efectuó la primera reunión de Delcy Rodríguez con los organismos de rescate y salvamento? El 27 de junio, casi 72 horas después.
La verdad es muy sencilla. Mientras De la Espriella con solo tres días en el gobierno utilizó eficientemente la institucionalidad, ordenando los pasos de emergencia necesarios y dirigiéndose con claridad al país, en Venezuela, una semana después, Delcy atribuía a los periodistas una campaña de desprestigio.
Siguiendo la misma línea de Delcy, las autoridades regionales, entiéndase el gobernador de Vargas, Alejandro Terán y el alcalde de La Guaira José Miguel Uzcátegui, tuvieron días desaparecidos. Todavía lo están de cierta manera. Su inutilidad y ausencia de empatía llegan a la estratosfera. Hay que ser muy mal gerente y peor gente, para estar en un cargo al servicio de una población, y esconderte, o preferir ver el fútbol y enterarte de las noticias a través de lo que reportan las redes sociales.
Entretanto, el presidente colombiano anunció la entrega de las primeras ayudas económicas a 1.400 familias.
Ahora Delcy promete, como si fuera candidata presidencial, viviendas que seguramente nunca serán entregadas.
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