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ANÁLISIS

La venezolana más mala de la Historia

Las peores depravaciones documentadas en “El Corazón de las Tinieblas” de Joseph Conrad, son caricias, comparadas con la feroz explotación del Arco Minero de nuestra Guayana

Por OMAR JESÚS ESTACIO

“A la minería hay que echarle ron y muchas… &%!«¢ (prostitutas) para extraer diamantes, minerales dorados, tesoros…” respondió altanera, desde uno de sus burdeles, la llamada “Zarina” del tráfico de mujeres, cuando le pidieron detalles de sus subastas públicas de virgenes, jovencitas y niñas, de ocho años en adelante, pagaderas con pepitas de oro “¿Quién da más, a la una, a la dos, a la tres!”

Las peores depravaciones documentadas en “El Corazón de las Tinieblas” de Joseph Conrad, son caricias, comparadas con la feroz explotación del Arco Minero de nuestra Guayana (cfr. Informe de la intrépida investigadora y docente del núcleo de la UCAB de esa región, Eumelis Moya) en los que la depredación, física y moral, del medio ambiente y de personas, civil y militar, florecen y seguirán floreciendo, mientras Venezuela continúe desgobernada por semejante escoria.

Noviembre de 2002. “¡Mátenlo, mátenlo, mátenlo!” —quienes vociferaban, en plena vía pública, tales órdenes de linchamiento, eran tres matronas —la primera, quien se haría llamar “La Mejor Ministra Penitenciaria de la Historia”; una palangrista comunicadora social, pero venida a más, dada su obsecuencia con el entonces aprendiz de narcotirano, la segunda, y la tercera, bueno, de la tercera nos ocuparemos más abajo.

Ya el, narcotirano en cuestión, le había puesto precio a la cabeza de Alfredo Peña, Alcalde Metropolitano de Caracas, quien salió vivo ¡De milagro! de la emboscada de aquella tarde, no sin antes recibir el cabillazo en el occipital que le asestó uno de los facinerosos comandados de las referidas dirigentes políticas (¿?), caso único y hasta donde sabemos, insólito en nuestra historia y quizás de la Historia Universal: Que las perpetradoras de tal homicidio, cuasiconsumado, en vivo, transmitido por la TV, a la vista de todos hayan actuado como titulares de sendos cargos oficiales, constituyó y seguirá constituyendo un estigma, para la mujer venezolana en particular y, en general, para todas las féminas del Planeta.

La dolida esposa, rompió a llorar, inmediatamente después de su encendido discurso en el que culpó de la misteriosa desaparición de su marido, a la ineptitud, venalidad, a la holgazanería de los organismos de investigación criminal, nacionales y locales de Aragua, Venezuela. Era la vigésima vez en apenas dos meses, que la referida roboLucionaria de pura cepa, lideraba una protesta con la misma queja. Pero los hispanos —y entre éstos, los venezolanos, los peores en la materia— nunca hemos sido buenos para guardar secretos. Así que no demoró mucho, sin que uno o más de uno, de los 20 compinches de la afligida señora (¿?) pecase por deslenguado, de modo que los organismos policiales, por muy cuestionables que fuesen, determinaron que el asesinato del también roboLucionario había sido por encargo de su propia viuda ¡Los detalles son tan sórdidos! Descuartizamiento del occiso. Lanzados todos y cada uno de sus miembros, una pierna por aquí, la oreja izquierda por allá, el…—mejor no seguimos– a una charca pestilente, donde los cerdos hambrientos que aguardaban, no dejaron rastro alguno del corpus delicti. Al final, ante la avalancha de evidencias incriminatorias la dama (¿?) se confesó culpable, no sin antes delatar a sus familiares en primer, segundo y subsiguientes grados de consanguinidad y afinidad a quienes, élla misma, había involucrado en semejantes atrocidades.

Que una matrona desde la cúspide del Poder absoluto —otra vez, una de las que participó en el antes referido linchamiento— haya constituido, ad-hoc, una banda narcocriminal, con narcohijos, su narcohijastro, narcosobrinos, narcoparientes, su narcomarido ¡faltaría más! para exportar narcotoneladas y narcotoneladas corrobora el inexistente respeto del hembraje en referencia, a lo que significa ser madre.

Cuando meses atrás, publicamos el ranking de los peores venezolanos paridos o malparidos, por nuestra tierra amada, recibimos algunas críticas muy ácidas, aunque paradójicas. Fieles al “¡A las damas, ni con el pétalo de una rosa!” que nos inculcaron desde niños, no incluimos en el correspondiente listado a ninguna mujer, algo que fue percibido por ciertas feministas, esas Brujas de Macbeth del Siglo XXI, como expresión de nuestro supuesto machismo.

En todo caso, para ratificar que aquí no discriminamos a nadie, hoy les presentamos a la venezolana más mala de la Historia y su enumerada cohorte: Por infiel —no se piense mal: infiel al supuesto comunismo que le inculcaron sus progenitores— cachorra del Imperio, sumisa, vende patria, capaz de traicionar a quien se le atraviese —incluido su predecesor— con tal de pegarse o seguir en ajo.

Ahora, saquen papel y lápiz, amables lectoras y lectores y sírvanse estampar al pie, para que no lo olviden ¡Jamás! el nombre y apellido, de tal supervillana, pues al suscrito se le ha agotado el espacio que tenía asignado para la presente crónica.

@omarestacio

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