Realmente, no ha sido una buena semana para Europa. Un nuevo documento que delinea la estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca centra los intereses de Estados Unidos en el hemisferio occidental y rebaja la importancia de Europa.
¿Le da Trump la espalda a Europa al privilegiar a las Américas?
Esta visión representa un giro de 180 grados respecto al pasado y encaja perfectamente con la política de "América Primero", que le ayudó a ser elegido por segunda vez.
Para enfatizar su desafección hacia el Viejo Continente, el presidente Donald Trump declaró en una reciente entrevista en POLÍTICO que los líderes europeos eran “débiles” y sugirió que sus países se encaminaban al deterioro pues, no han logrado controlar ni la inmigración ni han tomado medidas decisivas para poner fin a la guerra en Ucrania. Un ataque sin precedentes contra los antiguos aliados.
Mientras tanto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, lanzó una advertencia de que Europa podría enfrentarse a un peligroso desafío de seguridad por entrar en guerra con Rusia, en los próximos cinco años.
Si bien esta es una perspectiva alarmante, el propósito de la predicción de Rutte es instar a los miembros europeos de la OTAN a invertir mucho más en defensa para estar preparados ante cualquier eventualidad.
Trump ha transmitido en el pasado el mismo mensaje: Europa debe asumir una mayor carga del gasto en defensa.
La novedad es que el mandatario ha demostrado que ya no está tan interesado, como presidentes anteriores, en apoyar a Europa para proteger a la Alianza de posibles adversarios como Rusia, y más bien ha dejado en claro que busca centrar el interés nacional en los vecinos de Estados Unidos, centrándose especialmente en las amenazas que representan la inmigración ilegal y el narcotráfico.
Esta visión representa un giro de 180 grados respecto al pasado y encaja perfectamente con la política de "América Primero", que le ayudó a ser elegido por segunda vez.
Sin embargo, el mensaje es claro para Europa: ahora debe afrontar un futuro en el que la dependencia automática de Estados Unidos ya no puede darse por sentada.
La pregunta inevitable es: ¿qué haría Estados Unidos bajo la administración de Trump si Rusia decidiera invadir, por ejemplo, Polonia o Lituania?
Según el artículo 5 del tratado fundacional de la OTAN, un ataque contra cualquier miembro de la Alianza debe considerarse un ataque contra todos sus miembros, lo que obliga a toda la organización a acudir al rescate.
¿Y acaso indica el nuevo enfoque de la administración Trump en el hemisferio occidental que Estados Unidos no necesariamente acudiría en ayuda de, por ejemplo, Polonia si tanques rusos cruzaran la frontera o si bombarderos rusos comenzaran a atacar instalaciones claves en el país?
En otras palabras, ¿dejaría Trump la respuesta de la OTAN solo en manos de los europeos?
Esto representa un momento crucial para Europa, que siempre ha sabido que Estados Unidos, como nación líder de la alianza, se adheriría sin dudarlo al Artículo 5 y apoyaría a Polonia contra la agresión rusa.
El problema para Europa es que, si Estados Unidos empieza a desviarse de esta garantía inquebrantable de apoyo militar, podría persuadir al presidente ruso, Vladimir Putin, para que considere un ataque contra un país de Europa del Este, apostando a que Estados Unidos se mantendrá al margen; entonces sería Rusia contra Europa.
Sin duda, ante esta nueva realidad, a la OTAN le urge reforzar sus defensas, para disuadir a Rusia, pues las garantías de la era de “La Pax americana” para Europa, parece que han llegado a su fin.
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