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OPINIÓN

Los "Delcyables" cubanos

Vivencias que toman forma de relatos y conllevan a la reflexión

Por CAMILO LORET DE MOLA

Un chiste soviético de los años 70 se burlaba de lo efímero que resultaban los dirigentes comunistas. Partiendo de la premisa de que el sistema no funcionaba era imposible que un dirigente luciera bien en el cargo y, por lo tanto, desde el día en que era elegido ya sabía que tenía fecha de caducidad.

El chiste contaba como la jefa de despacho le decía al recién designado que el ministro anterior le había dejado dos sobres en el cajón del escritorio con recomendaciones para enfrentar las dos primeras crisis.

El tipo recordó los sobres durante el aprieto que de inmediato le vino arriba. Abrió la primera carta que resultó de solo una línea, “no tengas miedo, échame a mí toda la culpa”. Y era una fórmula mágica, no había nada mejor que decir que todo lo malo había sido heredado del ministro defenestrado previamente. Esto le permitió vivir tranquilo por unos meses, despotricando del mal trabajo anterior, de la necesidad de comenzar de cero, de rectificar los errores del pasado.

Pero como era de esperar otro tsunami asomó a su puerta y entonces acudió a la segunda carta, esperado que le ayudara tanto como la primera. Más esta vez eran dos líneas: “si abriste este sobre entonces ya es hora de que te sientes a escribir dos cartas”.

El chiste con una vigencia extraordinaria para cualquier país comunista tiene, como toda regla, una excepción y es el caso de Miguel Díaz Canel que no tendrá que escribir dos cartas, más bien solo necesita garabatear su testamento, porque, como cordero sagrado, lo están llevando al matadero mientras le palmean el lomo diciéndole que todo va bien.

Si alguna vez el dictadorzuelo de turno se creyó que realmente manejaba los hilos del destino cubano, es evidente que ese momento quedó atrás y hoy su rostro demacrado y su pérdida de peso muestra que ha aterrizado en la realidad y que ya no puede esconder que es el monigote prescindible de los Castro, el muñecón que van a matar, porque le toca, porque es necesario para aplacar la furia de Trump.

Otro que llevaba tiempo calentando para ocupar la silla prestada, el actual primer ministro Manuel Marrero, parece el personaje de la divina comedia de Dante que, creyéndose desandar el camino perfecto, de repente se encuentra en un bosque oscuro del que no encuentra la salida. Aunque cabe destacar que Marrero más que adelgazar en su ansiedad, sigue engordando.

El periódico The New York Times presume de fuentes anónimas dentro del equipo de Trump y en una larga cuartilla nos filtra que la cabeza de Díaz- Canel es la condición “ad initium” de la Casablanca para sentarse a la mesa.

Los más suspicaces creen ver una variable inducida por la tropa de Raul Castro, un dato insertado oportunamente para limitar el alcance de las concesiones, que de paso sirva para demostrar supuestos cambios.

“Igual huele a muerto”, me comenta un exdirigente que hoy peina sus canas en el exilio, “el pobre ahora trata desesperadamente de aparecer en cámara, como si tuviera que demostrar que todavía es útil, buscando que le posterguen la guillotina”.

Según el antiguo funcionario uno se niega a ver las señales, a dar por falsos los recados que le llegan, pero en el fondo ya lo sabe. Le digo que no hay que ser muy suspicaz cuando te sientan un cangrejo en primera fila, el hombre se ríe, “un cangrejo en el buró político, como un príncipe del poder real, para que no queden dudas de quien manda”.

Raul Castro ha decidido sacar del anonimato a su nieto preferido y contrario a su política de un partido como órgano de poder, ha mandado al más elemental de sus herederos a retomar la dinastía, disfrazado de estadista y menospreciando al equipo de talibanes que hasta ahora había defendido como fórmula del futuro.

Según el dirigente exiliado, experto en los teje- manejes del régimen, es ilógico que la Casablanca decidiera negociar con Raúl o con el nieto y no con los nuevos talibanes.

“Si lo que andan buscando son tipos que se dejen manejar son los Díaz-Canel y los Marrero los perfectos para este papel, porque Raúl Castro es un lobo viejo, avezado en dilatar encuentros y en sacar ventajas, no es Delcyable”, me dice inventando un nuevo término a base de combinar el vocablo manipulable y el nombre de Delcy Rodríguez, la genuflexa presidente en funciones de Venezuela.

Le digo que hay otro escenario posible, que Díaz- Canel se conecte directo con los yumas, al mejor estilo de Balaguer cuando la muerte de Trujillo; en la Dominicana de los 60, quien logró maniobrar con la familia del dictador para quedarse con el poder a costa de barcos americanos apostados frente al litoral.

Insisto que, a diferencia de los otros potenciales herederos, como Carlos Lage, Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque, que murieron en el nido, a Díaz- Canel y a Marrero los dejaron volar, con alas prestadas, pero volar. Saben además que el dictador en jefe puede morir en cualquier momento y que el Cangrejo es más odiado que aceptado.

Dáz-Canel vendiéndose como “Delcyable” podría cambiar el rumbo de la isla y ajustarse mejor a las pretensiones de Trump. Quizás hasta esos discursos recientes de resistencia y hombría serían solo un disfraz para esconder que él es el verdadero mensajero, ese que Marco Rubio se niega a identificar.

El exdirigente me dejó exponer mi teoría completa y desde la mesa del restaurante de Miami donde nos encontramos, piensa por unos segundos antes de darme su sentencia final: “no busques testosterona donde no la hay”.

Me parece que además de Díaz-Canel también se refiere a él, revelando el mal crónico de todos los que algún día llegaron al primer nivel de las mieles del poder.

“Siempre se van como pendejos”, remata con cara de avergonzado.

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