En la administración Trump, nada se hace sin el conocimiento y la aprobación previa del presidente. Por eso sorprendió cuando el secretario de Defensa, Pete Hegseth, tomó una decisión de gran calado político sin informar a la Casa Blanca y Trump tuvo que admitir que no sabía nada al respecto.
Nuevo impulso para Kiev desde La Casa Blanca
Lo que pareció ser, en un principio, una productiva alianza entre Trump y Putin ha llegado a su fin, aunque en política no hay amigos, sino intereses y estos siempre pueden cambiar.
La decisión consistía en suspender el suministro de misiles Patriota y otras armas vitales a Kiev, para que el Pentágono pudiera realizar un inventario de lo que se encontraba en los almacenes estadounidenses para su propio uso.
Si bien podría parecer práctico, el suspender el suministro armamentista a Ucrania, en momentos en que el país aliado está siendo devastado por la guerra, además de enviar señales erróneas a los aliados occidentales que apoyan al gobierno ucraniano contra los invasores rusos, puede ser catastrófico para la sobrevivencia del país eslavo.
El suministro de armas a Ucrania es y ha sido una política de Washington como proyección del poder estadounidense contra Moscú y forma parte de una declaración política y diplomática, por lo que detener el flujo de armas para permitir que el Pentágono contabilice su arsenal, fue un duro golpe para Kiev y una sorpresa para Trump.
¿Qué llevo a Hegseth a autorizar esta suspensión de misiles Patriota sin consultar primero con la Casa Blanca, especialmente en un momento en que el líder ruso, Vladimir Putin, ha estado bombardeando ciudades ucranianas con misiles y drones a una escala nunca vista desde que comenzó la invasión el 24 de febrero de 2022?
Tal vez nunca lo sabremos, pero en todo caso, cuando Trump se dio cuenta, revirtió la decisión y le comunicó al presidente, Volodymir Zelenski, de Ucrania que el siguiente lote de Patriotas estaba en camino.
La breve suspensión de armas a Kiev se produjo justo cuando las relaciones entre La Casa Blanca y el Kremlin comenzaron a deteriorarse.
Y es que, cada vez que Putin recibía una llamada de Trump, pretendía ofrecerle colaboración, pero en cuanto colgaba parecía llamar al Ministerio de Defensa para ordenarle que bombardeara Kiev, según lo confirmó el propio mandatario.
“Estoy muy decepcionado con el presidente Putin. Pensé que hablaba en serio y habla con tanta belleza y luego bombardea a la gente al anochecer”. "Siempre es muy amable con nosotros, pero resulta ser insignificante”, dijo Trump recientemente.
Por eso, el jefe de Estado no dudó en revertir la decisión de su secretario de Defensa, de detener el envío de misiles Patriota y otros sistemas de cohetes a Ucrania, mientras se revisaba el inventario de armas para comprobar si las existencias se estaban agotando.
Una llamada telefónica entre Zelenski y Trump descartó esa idea y prometió más misiles Patriota a la Unión Europea a fin de que Kiev haga frente al reciente aumento masivo de ataques con misiles, bombas y drones lanzados desde Rusia contra ciudades ucranianas.
“La Unión Europea lo paga. Nosotros no pagamos nada. Lo enviaremos. Será un negocio para nosotros” advirtió Trump, sin embargo.
Luego de su reciente reunión con el secretario General de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Mark Rutte, Trump, lanzó un ultimátum añadiendo que, impondrá aranceles secundarios "muy severos" del 100 % si no se alcanza un acuerdo de alto el fuego con Ucrania en 50 días.
El misil Patriota, es el arma estadounidense que realmente enfurece a Putin, porque sabe que tiene más capacidad que cualquier otro sistema para frustrar sus ataques contra Ucrania, ya que puede proteger tanto de ataques con misiles como con drones.
Trump pudiera imponer un embargo petrolero global para impedir que los países compren petróleo ruso y que, de implementarse, tendría un gran impacto no solo en la economía de guerra rusa sino en los precios petroleros mundiales.
Así, lo que pareció ser, en un principio, una productiva alianza entre Trump y Putin ha llegado a su fin, aunque en política no hay amigos, sino intereses y estos siempre pueden cambiar.
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