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OPINIÓN

Pensando en los coreanos viendo jugar a Son Heung-min

Al representar la camiseta de su país en la Copa del Mundo, Son Heung-min espera unir su esfuerzo al resto del equipo, con el objetivo de rubricar una actuación excepcional
Por EDUARDO MORA BASART

Son Heung-min es una de las grandes estrellas del deporte en Corea del Sur. Juega en el Tottenham de la Premier League inglesa. En la última temporada anotó 18 goles, con nueve asistencias, deviniendo uno de los pilares de su escuadra.

Al representar la camiseta de su país en la Copa del Mundo, espera unir su esfuerzo al resto del equipo, con el objetivo de rubricar una actuación excepcional. Sería catalogada como un aporte a su nación y exonerado del Servicio Militar, un escollo para la continuidad de su carrera futbolística. Pero Corea del Sur está en el Grupo F, bautizado como Grupo de la Muerte, junto a Alemania, México y Suecia.

Su otra opción serían los Juegos Asiáticos que se realizarán en el próximo mes de agosto, donde su país defenderá el título. Cuatro años atrás, cuando Corea del Sur ganó, el Bayer Leverkusen, su equipo liguero en ese momento, no lo autorizó para jugar en el torneo. Heung-min tiene veinticinco años y la edad límite para ingresar en el ejército de su país son los veintiocho.

El diferendo político entre las dos Coreas, las tensiones militares y las constantes provocaciones de Corea del Norte, condicionan la obligatoriedad del Servicio Militar. Sus pruebas con misiles balísticos e incluso nucleares, han conmocionado a la comunidad internacional.

La histórica Cumbre de Singapur, realizada el pasado 12 de junio entre los presidentes de Estados Unidos Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jon-un, puede marcar un punto de giro, aun cuando en el documento final solo se subraya que Pyongyang “se compromete a trabajar hacia la completa desnuclearización de la península de Corea” y que Washington ofrece a cambio “garantías de seguridad”.

Un informe publicado este domingo por The Washington Post asegura: que “siendo real, Trump no alcanzó nada en Singapur”, que la declaración final no aporta algo diferente. Aunque los demócratas la tildan la “reunión de semidesastre” o el análisis de las últimas fotos satelitales de la zona indica que Pyongyang no ha destruido ningún sitio nuclear, pese a lo acordado, grandes expectativas se ciernen sobre la continuidad de estas conversaciones en las que estará presente el Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, junto a un alto funcionario norcoreano, no identificado aún, con el que abordará el cumplimiento de los acuerdos rubricados en la Declaración de Panmunjon, firmado por las dos Corea, el pasado mes de abril, en el que Corea del Norte se compromete a desnuclearizar el país.

El pueblo coreano ha sufrido su separación desde el final de la Segunda Guerra Mundial , consumada en 1953, a través de una escisión marcada por el paralelo 38, que no solo dividió geográficamente al país. En 1973 las economías de ambas naciones estaban igualadas, pero desde esa fecha hasta la actualidad, el modelo político del sur afianzó una estrategia económica ascendente, como evidencian los éxitos globales de las compañías Samsung y Hyundai. El estancamiento de Corea del Norte, desde la década de los ochenta hasta la actualidad, es fruto de la rigidez estatal que carcome a los regímenes comunistas.

En consonancia con los esfuerzos comunes para unir a las dos Coreas, el presidente de Corea del Sur Moon Jae-in sugirió al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, crear un bloque regional entre los países del nordeste de Asia, incluyendo a Corea del Norte, para ser anfitriones de la Copa del Mundo del 2030. Durante la celebración de la Copa del Mundo sub-20 aseguró: “Creo que ayudaría a promover la paz en la región si los países del nordeste asiático, incluyendo a Corea del Sur y del Norte, pudieran organizar una Copa Mundial de la FIFA”. Aun cuando Infantino expuso sus resquemores por las dificultades que entrañaría, aceptó que “puede ser un mensaje muy poderoso” y se comprometió con apoyar la idea en la región, de cara a una Copa del Mundo histórica, pues es la Copa del Centenario, que pretenden organizar, además, Uruguay-Argentina, al ser los uruguayos anfitriones de la primera cita mundialista.

Corea del Sur, en su novena presencia en estas lides, jugó contra Suecia. Fue su primer traspié ante una selección que los derrotó 1-0, por tiro de penalti decretado apelando al VAR. De nada valió la estrategia del entrenador Tae-Yong, quien en los entrenamientos realizados en Austria, intercambió las camisetas de los jugadores para que los espías suecos se confundieran, apelando al “efecto de raza cruzada” o incapacidad de las personas de una raza para diferenciar a pertenecientes a otra.

Son Heung-min respira exhausto, acostado en la grama del Nizhny Novgorod Stadium, las esperanzas de Corea del Sur se desvanecen en esta Copa del Mundo, máxime cuando Alemania, la actual campeona, ya siente la presión de un grupo donde México y Suecia está abrazados en la cima. A Heung-min aun le queda la esperanza de un triunfo en los Juegos Asiáticos, en el mes de agosto, para que el Servicio Militar no interrumpa su ascendente carrera futbolística.

Sin embargo, viéndolo jugar pensaba en el sueño, no solo de los coreanos, sino de una gran parte de mundo, de ver en la Copa del Centenario a Corea del Norte y del Sur unidas, no como dos países, sino como una gran nación.

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