Por NEURO J. VILLALOBOS RINCÓN

El régimen, en sus delirios propios de todo totalitarismo a ultranza e inescrupuloso, ha querido imponer su “derecho revolucionario” violando cada uno de los 350 artículos de la Constitución Nacional vigente y sus 18 disposiciones transitorias. Con su paralelismo oficial ha creado un caos institucional con el cual pretende hacer más dificultoso el camino hacia la “normalidad”. El proceso de desmantelamiento de una estructura superpuesta o costra revolucionaria que oprime y suprime en la práctica el Estado de derecho que debe regir en el país como garantía de convivencia ciudadana en una nación civilizada, nos llevará mucho tiempo.

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El Plan Nacional de Desarrollo, por ejemplo, corresponde formularlo al Presidente de la República y presentarlo a la consideración y aprobación de la Asamblea Nacional según el numeral 18 del artículo 236 de la Constitución Nacional. Previamente los municipios a través de sus Consejos Locales de Planificación y los estados mediante sus Consejos de Planificación y Coordinación de Políticas Públicas, deben elaborar y someter a su aprobación sus respectivos planes anuales en las instancias y niveles correspondientes para su consolidación en el Plan Nacional con todas sus exigencias técnicas, viabilidad económica y apoyo político que ese proceso conlleva.

En Venezuela no sólo se incumple con ese requisito constitucional, sino que es tal el desorden institucional que el gobernador usurpador del estado Zulia, para manejar con mayor antojo su gestión, como lo hace el régimen a todos los niveles, eliminó de un plumazo la Secretaría de Planificación reduciendo su jerarquía a una “oficina de planificación”. De allí que el estado más importante del país anda al garete ya que al ejecutivo regional se le ocurrió adoptar la filosofía del célebre personaje Eudomar Santos: como vaya viniendo, vamos viendo. No hay duda de que esa irracional decisión fortalece aún más la corrupción, la improvisación y la entropía para satisfacción de la delincuencia en el poder. Afortunadamente, el gobierno de transición contará con una guía de orientación con el Plan País que adelanta Guaidó.

La mediocridad instalada con solemnidad, la indecencia y la impudicia como expresión de un pretendido liderazgo, y la ineficiencia y la inmoralidad como práctica política, tienen sus días contados ya que chocan con los principios y valores de nuestro pueblo. El talento de nuestros profesionales se impone a la mediocridad y ha venido demostrando lo que verdaderamente somos. Por eso, antes de que el mal se profundice, urge mantener la unidad de la alianza democrática interna articulada con la participación de los países latinoamericanos, los Estados Unidos y Canadá en una intervención humanitaria efectiva que acabe con la usurpación lo más rápido posible.

Esa acción definitiva daría lugar a la formación de un círculo virtuoso americano que fortalecería la democracia y disiparía las sombras de los pícaros, mediocres y perversos en la región.

El autor es miembro del Comité Político VenAmérica
nevillarin@gmail.com

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