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ANÁLISIS

Quien tenga ojos para ver, que actúe

En distintas paradas techadas de ómnibus, por ejemplo, no es raro encontrar cúmulos de ropa, restos de alimentos y hasta desechos fecales
Por FRANK DÍAZ DONIKIÁN

Suena a cada rato una mención radial que apela a la contribución ciudadana. Mediante el número telefónico 311 el condado de Miami-Dade solicita a sus pobladores información sobre el vertimiento ilegal de basura en sus áreas y de otras problemáticas comunales.

El mensaje de radio viene muy a propósito. Hoy día es notorio el abandono en nuestros entornos. Asombra la cantidad de carritos de mercado, sustraídos por clientes sin recato, yaciendo en jardines y aceras de cualquier barriada. Colchones tirados al borde de calles y autopistas, y muebles por doquier pudriéndose a la intemperie.

Montones de neumáticos en desuso -no muy lejos de ciertos talleres o almacenes- son focos de insectos y roedores. Restos de carrocerías, luego de un choque vehicular quedan abandonados al paso de los peatones.

Otras muestras de la desidia son señales de tránsito vandalizadas y caídas al suelo en cualquier sitio, barricadas puestas hasta el olvido obstaculizando hasta las vías más imperiosas, y tapas de alcantarillas que permanecen levantadas –incluso en el propio aeropuerto internacional- después de un aguacero.

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Montones de neumáticos en desuso -no muy lejos de ciertos talleres o almacenes- son focos de insectos y roedores

Luego de que las autoridades auxilian a un indigente -3.350 fueron censados recientemente- y lo trasladan a un centro asistencial, sigue quedando por un tiempo igual de deplorable el sitio donde se asentaba el vagabundo. En distintas paradas techadas de ómnibus, por ejemplo, no es raro encontrar cúmulos de ropa, restos de alimentos y hasta desechos fecales.

Todo esto pasa aun con todos los inspectores existentes, controladores de vectores; policías del Estado, el Condado y las ciudades metropolitanas; bomberos, comisionados, alcaldes, congresistas, más los asistentes de cada oficial electo.

Uno creería que cuando una patrulla policial está de ronda, va comunicando cuánto encuentra fuera del orden establecido, tal como exigen varias empresas a sus guardias de seguridad, y que esa información primaria, una vez codificada, llega a los organismos encargados de resolver cada problema. Al parecer, no es tan así.

Como presuntamente todavía faltan ojos para ver, se escucha el anuncio de radio alentando a la gente a denunciar indolencias que a todos competen.

Pero la vista no debería ser puesta solo sobre el descuido más obvio. Hay otras situaciones que merecen mayor observación y sanciones, como las consabidas carreras de autos y motos de madrugada, hasta por arterias bajo jurisdicción del Estado.

Igualmente, esos conductores transitando -tal vez no en todos sus cabales- por los efectos de una música tan estridente en el interior de sus autos, que hace vibrar los carros aledaños como si se estuvieran destartalando.

Preocupa que se hayan promulgado leyes al respecto, pero no se tengan noticias de sanciones a semejantes infracciones.

Para ir poniendo coto a realidades como estas, quien tengan ojos para ver debiera actuar en consecuencia. Está bien instar a la comunidad resolver las dificultades a sus alcances, y elogioso es que cada uno se involucre voluntariamente.

Pero corresponde a los representantes y trabajadores públicos zapatear mucho más la calle y encarar mancomunadamente cada disyuntiva, para tenerlas bajo control por acciones profilácticas o hacerlas desaparecer totalmente de nuestra presencia.

En cuestiones de esta índole, todos somos dolientes, y mereceríamos ser mejores beneficiarios debido a los altos impuestos que ya pagamos.

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