Leo que el “puesto a dedo” Díaz-Contados ofreció uno de esos ridículos balbuceos a los que una persona pensante nunca podrá acostumbrarse. Lo hizo en referencia a la muerte y sepelio de Ramiro Valdés, uno de los más sádicos y consumados asesinos de esa dictadura llena de asesinos.
Se les acabó el camino
La dictadura comunista cubana ha durado sesenta y siete años y medio.
Balbuceó una de sus habituales ridiculeces después de hacer una guardia de honor, acompañado por el esqueleto aún respirante de Raúl Castro, junto a la cajita de tabacos en la que metieron las cenizas de ese sobrino de Lucifer.
Imagino al esqueleto Castro pensando: “Coño, yo soy el próximo; a ver en qué cajita me van a meter estos adulones”.
Y dijo el próximo a caer —me refiero al “puesto a dedo”—, refiriéndose al asesino en polvo que allí velaban:
Cuesta imaginar el camino por delante sin su acompañamiento lúcido y constante, sin ese empujón que significaba verle amanecer en la vanguardia de las misiones más complejas, con la autoridad y la hidalguía del combatiente que no se permitió descansar, ni a los noventa y cuatro años.
Dijo que le cuesta imaginar el “camino por delante”.
No lo tienes que imaginar, hijo de la gran...
El camino se les acabó. Han durado sesenta y siete años y medio andando ese camino torcido por el que destruyeron un país hermoso y lo convirtieron en un campo de concentración.
No hay camino por delante para ustedes, solo cárcel, muerte o que se escondan en la cima del Everest o en el fondo de la fosa de las Marianas.
La diversión —a ustedes— les duró bastante.
Se les acaba el camino de imponer muerte a la patria; empieza la autopista de patria con vida, de patria con prosperidad, libertad y felicidad.
NULL
