sábado 8  de  agosto 2026
CUBA

Los cubanos reclaman libertad sin castrismo

Tras décadas de padecer la destrucción del país bajo un régimen dictatorial, la población no admite que se hable de posibles cambios si los responsables del desastre son parte de la ecuación

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

ESPECIAL
@DesdeLaHabana

LA HABANA. - El anciano intenta disimular el temblor de las manos, provocado por la enfermedad de Parkinson que padece, presionándolas entrelazadas con sus piernas. “Estoy envejeciendo feo. Pero era un tipo alto, bien parecido y fuerte. Las mujeres se fajaban por mí”, dice bromeando, mientras busca un álbum de fotos en una repisa de la pequeña y calurosa sala de su apartamento en la barriada habanera de La Víbora.

Con la ayuda de un amigo puede desplegar el cuaderno de viejas fotos en blanco y negro. Cierra los ojos como si quisiera trasladarse en el tiempo. “Fui muy buen pelotero. Era pitcher, lanzaba rectas de más de 90 millas y rompientes increíbles. Si hubiera nacido en estos tiempos, seguro que cualquier equipo de Grandes Ligas me hubiera firmado”.

Hace un gesto como si fuera a lanzar una pelota y las manos le tiemblan como un flan. Rápidamente vuelve a presionarlas entre sus piernas. Se llama José Carlos y hace una semana cumplió 71 años. La vida ha sido muy dura con él. Culpa “al sistema político por tantos infortunios e injusticias que he sufrido”.

Los desafectos

Le gusta que lo llamen por su apodo. “En el barrio todos me conocen por el Pinki. Mis desgracias comenzaron el 6 de febrero de 1976. Era un buen estudiante. Quería ser arquitecto. Pero mi familia estaba marcada como desafecta al proceso revolucionario. No recuerdo la cantidad de actas de advertencia que me puso la policía por escuchar música americana y no estar integrado al sistema”.

“Me gustaba la 'moña' (música negra de Estados Unidos) y organizar 'bonches' (fiestas) que el gobierno consideraba ilegales y tildaba de diversionismo ideológico. También, tener dinero y vestir bien, dos cosas 'políticamente incorrectas' en esos años. La primera vez que me detuvieron, en febrero de 1976, me sancionaron a dos años por comprar en el mercado negro un rollo de tela para que mi madre confeccionara pantalones campanas".

“Cuando entras en el ambiente presidiario, con gente que es lo peor de la sociedad, ladrones, violadores y asesinos, pueden pasar dos cosas: que salgas del tanque (cárcel) sin buscarte problemas o que los problemas vengan a ti y por hombría te compliques con cualquier hecho de sangre en defensa propia. Tenía 21 años y de pronto te ves en una celda con treinta tipos. Yo no trabajaba ni chivateaba para los guardias. Al contrario. Me hice socio de algunos presos políticos como Armando Valladares y Mario Chanes de Arma y comencé a entender la perversidad de este sistema político. Salí en 1978 y ese mismo año volví a prisión por salida ilegal y tenencia de dólares. Me sancionaron a seis años”, rememora el Pinki.

Con la escoria

En la primavera de 1980, a raíz del éxodo de Mariel, “una pila de guaguas se parquearon afuera del Combinado del Este, recién inaugurado, y los guardias te decían: o te vas para Estados Unidos o duplicamos tu sanción. Escogí irme. El combo que mandaron pa’ la yuma era súper tóxico. Criminales, locos que sacaron de Mazorra y presos que nunca nos reeducábamos. Ya para esa fecha había tenido un montón broncas tras las rejas".

"No me dejaba meter pie por nadie. Cuando llegué a Estados Unidos fui directo a la prisión. Participé en el motín de la cárcel de Atlanta. Estaba en la lista de los deportables. A mediados de 1997 me devolvieron a Cuba. Yo no quería. Prefería estar toda mi vida preso en Estados Unidos que regresar a este infierno. Nunca pude rehacer mi vida en la tierra de la libertad y las oportunidades”, confiesa el Pinki.

De los deportables

A su regreso, estuvo otros dos años en la cárcel. “Salí del tanque echo un tareco. Me he buscado la vida de mil formas para sobrevivir en esta pesadilla. En cualquier país normal nunca hubiera ido preso por comprar un rollo de tela ni estuviera marcado como elemento peligroso por gustarme el jazz y la música norteamericana. Fidel Castro y su sistema comunista me han convertido en un guiñapo humano”.

El Pinki considera que ninguna “administración, sea demócrata o republicana, debiera negociar un cambio político o económico en Cuba con estos personajes. Se han robado las riquezas del país, han dividido a las familias y destruido la vida de millones de cubanos. A estos tipos (los del régimen) ni agua. Aunque me tenga que morir de hambre. La mayoría de los cubanos queremos libertad, pero sin comunismo ni castrismo. Van a hacer todo lo posible por reciclarse y seguir en el poder. Este gobierno es peor que un cáncer”.

Que EEUU no transe

Rigoberto, jubilado, coincide en que “casi en el final de la película, el gobierno de Estados Unidos no debe transar con estos sinvergüenzas. Ellos -el castrismo- se pintan de cualquier color con tal de reinventarse. Son expertos manipuladores. En 67 años, por conveniencia, Fidel se alió con los soviéticos y con la Venezuela de Chávez simplemente porque lo subsidiaban. Nunca ha pagado los miles de millones de deudas ni los préstamos comerciales. El gobierno siempre se ha comportado como una banda delincuencial”.

“No se le puede dar una segunda oportunidad al castrismo. No quiero el modelo de Venezuela en Cuba. Este gobierno, su conducta y sus principios, son los mismos que hace 67 años. Odian profundamente al modelo de vida de Estados Unidos, su acérrimo enemigo. Por pura cuestión de geopolítica y los tiempos que corren intentan pactar un trato. Pero es antinatural. Nunca va a funcionar. Si tú le preguntas a la población, por abrumadora mayoría, quieren una construir una democracia genuina. Que esta gentuza se largue. Aunque lo ideal es que fueran condenados a cadena perpetua”.

Rigoberto tiene muchas razones para desear el derrocamiento del castrismo. “Le han jodido la vida a cientos de miles de personas solo por pensar diferente o ser dueño de un negocio. A mi padre le confiscaron una bodega y a mi tío le impidieron ir a la universidad por ser católico. Mi familia tuvo que ocultar que se carteaba con sus parientes en Miami. Toda mi vida he tenido que disimular mi forma de pensar".

Nunca funcionó

En su opinión, "es un sistema que nunca ha funcionado. Su control social se basa en la propaganda y una represión científica. La ideología comunista, por miedo, te obliga a no ser tú, a estar políticamente escondido en el closet. Ya llegó la hora de emanciparnos de este disparate. Que pasé lo que deba pasar. Pero yo quiero ser un hombre libre en un país donde el castrismo sea un delito”.

Emprendedores privados como Nataniel, dueño de un bar al sur de La Habana, señala que “es imposible progresar de forma legítima en Cuba con el actual modelo económico. Este gobierno es enemigo de clase del sector privado. Lo aceptan porque están en la etapa de extinción. Y cómo controlan el país como si fuese su hacienda privada, han reproducido un modelo oligárquico para intentar engañar a Estados Unidos que ahora sí, van a aplicar reformas económicas auténticas".

"Todo es mentira. Se está repartiendo las riquezas del país entre ellos. Son los dueños de la mayoría de los negocios mayoristas, de los importadores y de los más lucrativos. Se han quitado el uniforme verde olivo y ahora visten con ropas de marca. Pero es la misma casta que siempre ha despreciado a Estados Unidos y a los casi tres millones de cubanos que viven allá”, subraya Nataniel.

No los queremos

Hace 46 años, en un discurso en la antigua Plaza Cívica de La Habana, el dictador Fidel Castro arengaba a más de un millón personas y les envió un mensaje en duros términos a los cubanos que deseaban emigrar: “Los que no tienen el coraje, los que no quieren adaptarse al esfuerzo, al heroísmo de la revolución, que se vayan, no lo queremos, no lo necesitamos”.

Por marcharse del país, muchos cubanos han sufrido múltiples humillaciones. La dictadura los ha forzado a trabajar en labores agrícolas a cambio del permiso de salida, linchamientos verbales de corte fascista por parte de una multitud enardecida, pintadas en las fachadas de sus casas y golpizas con gritos de gusanos y abajo la escoria.

Jorge Luis Piloto, reconocido compositor cubanoamericano, ganador de Grammys, en el otoño de 2014 nos contaba en Miami, mientras conducía su auto por Coral Gables, que antes de partir por el Mariel en 1980, varios guardias uniformados le conminaron a firmar que era homosexual. "Tuve que soportar burlas y ver cómo delante de mí se metían con la que en ese tiempo era mi novia. Ese sistema no ha cambiado. En su prepotencia ni siquiera le han pedido una disculpa pública a la emigración”.

El Pinki asegura que “los pueblos no deben olvidar la memoria histórica. No es venganza, pero el castrismo ha hecho demasiado daño. En una transición democrática deberían eliminar cualquier rastro de la dictadura castrista. Mi único deseo es ver el final”, y mientras lo dice sus ojos se nublan de lágrimas.

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