¿Por qué duermes, Señor? ¿Por qué te olvidas de nosotros, que sufrimos tanto? El pueblo cubano se encuentra rendido y humillado, arrastrando su cuerpo por el suelo.
Un Niño en el pesebre y una dictadura sin pañales
“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que habitaban en tierra de sombras, una luz resplandeció. (Isaías 9,2)
¡Despierta, por favor, despierta! ¡Levántate, ven a ayudarnos y sálvanos por tu gran Amor y Misericordia!
Así es, tristemente, y mucho más aún, la realidad de las súplicas de tantos hijos que viven en la Isla cárcel por más de seis duras y lúgubres décadas, agudizadas mucho más en estas fechas de Navidad, cuando el alma duele más que el hambre. Al menos para mí, que veo y siento el dolor de ese lindo pueblo que tropieza, tropieza y quiere definitivamente levantarse de la muerte agonizante.
Así camina Cuba hoy: entre tinieblas prolongadas, entre miedos aprendidos, entre el agotamiento de tanto esperar en sueños rotos que jamás se cumplen por la boca de los demagogos dictadores atornillados en las sillas del Narco-Estado-Comunista. Sin embargo, a pesar de tanto dolor, rabia e ira considerable y lógica por tanta desesperanza acumulada, Dios no ha pasado de largo.
En medio de la noche que atraviesan hoy nuestros paisanos cubanos, vuelve a encenderse la Luz de la Esperanza, una Luz que no enceguece, no amenaza, no excluye. Sino que ilumina el alma profundamente y la libera.
Cuba no es ni será una tierra olvidada, es una nación llamada a la vida plena, a la verdad, a la libertad, a la fraternidad, a Tener Derechos Humanos y a una Democracia real sin maquillajes.
En estos días de Navidad, el Niño Dios, nacido en un pobre pesebre en Belén , nos recuerda que la historia no la cambian los poderosos sin pañales, sino aquellos que conservan la Esperanza y los deseos de vivir como verdaderos hijos de Dios. Que la libertad es la fuente de reconocer todos Derechos a guardar, proteger la dignidad del ser humano desde su nacimiento hasta su muerte natural.
No podemos resignarnos a pensar que tenemos que estar condenados a vivir eternamente sin libertades y a vivir sin dignidad plena en nuestra propia Patria.
La Nación y todos sus hijos de dentro y de la diáspora, también necesitamos con urgencia volver a renacer en la fidelidad a las primeras fuentes de pensamiento liberador de nuestros Padres de la Patria. Estos nos han demostrado valía y decoro para alcanzar el propósito de una República con libertades e igualdad de derechos humanos.
Ya es de dominio personal y social que el poder en Cuba está envejecido, se descompone y teme a la verdad ineludible de su catastrófico final. Por eso, el desenfreno de las apresuradas “liberaciones y destituciones” de altos cargos en el poder a funcionarios y testaferros que pueden ser piedra en las botas de la dictadura sangrienta.
Este nuevo año debe llegar con un nuevo desafío en nuestro corazón y en nuestra alma: ser libres y vivir en dignidad plena. Cuba no está muerta; nosotros, sus hijos, tampoco, estamos en gestación. Y como toda vida nueva, dolerá un poco, pero veremos los frutos de haber mantenido la fortaleza y la certeza en nuestra propia historia personal, que, renovada en la esperanza, nos ayuda a construir una mejor Nación.
Cuba no camina hacia la muerte, sino que camina de la mano de Dios hacia su nuevo Renacer.
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