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OPINIÓN

Un VAR para el periodismo deportivo, por favor

El periodismo deportivo también necesita juego limpio, y no hace falta tecnología para lograrlo

Por Ricardo Trotti

El fútbol tiene VAR. La tecnología revisa al árbitro, corrige el offside, los córneres y, aunque a veces falla, devuelve la justicia a la cancha.

El periodismo deportivo necesita algo así, pero no la tecnología detrás del VAR, sino la filosofía de justicia que la sustenta. Esa filosofía tiene nombre propio en el oficio, neutralidad, independencia y honestidad, valores que no deberían perderse ni con un Mundial de por medio.

Hoy el algoritmo premia que el dato clave llegue tarde, después de trescientas palabras de relleno, porque cada segundo extra en la página vale plata. Esa fue la trampa del clickbait que tendieron Google e internet, y los medios la abrazaron. Ahora se les volvió búmerang, el usuario, cansado del bla bla, ya ni entra al medio, le pide un resumen a un chat de inteligencia artificial y lo tiene en segundos.

El periodismo ya le ganó una vez a la tecnología. Cuando el telégrafo era poco confiable, en la Guerra de Secesión, los reporteros aprendieron a poner el dato más importante al principio de la nota, y nació la pirámide invertida, la fórmula que puso al lector primero. Hoy, el periodismo que abrazó la tecnología de la atención como la panacea, termina perdiendo por goleada. Según un estudio de Chartbeat, el 38 por ciento de los lectores abandona la nota sin leer una sola línea, porque el título promete algo que el texto tarda en cumplir.

Las transmisiones son aún peores. Relatores y comentaristas se ríen de sus propios chistes, mientras el espectador mira una fiesta privada a la que no fue invitado. Y después está el grito; el relator sigue cantando un gol interminable, atrapado en un formato radial previo a la televisión.

Algunos relatores y exfutbolistas convertidos en comentaristas confunden pasión con relato y caen en forofismo, juzgar todo desde el fanatismo y el patriotismo, sin apego a la neutralidad esperada. Hay quienes hasta se ufanan de ese sesgo y suben videos llorando por un gol de su selección, casi afónicos y con malas palabras, para mostrarse genuinos, prefiriendo los likes, al VAR interno de los principios tradicionales.

Esa justicia que el VAR le devuelve a la cancha tiene un nombre más viejo, el juego limpio. El fútbol evolucionó de esta manera para evitar otra “mano de Dios”. En este Mundial, el juego limpio ayudó a expulsar a un jugador suizo que simuló una falta, anuló un gol a Croacia por un contacto invisible al ojo humano, gracias al chip de la Trionda, y revirtió córneres y offside mal cobrados. Cuarenta años le tomó al fútbol blindar ese valor con tecnología, aun con la polémica que genera cada revisión larga y cada festejo cortado a mitad de camino.

El periodismo deportivo también necesita juego limpio, y no hace falta tecnología para lograrlo; alcanza con aplicar la fórmula que se inventó hace más de un siglo, cuando puso al lector primero.

Pero sigue jugando con mañas de potrero, el título que no cumple, el chiste que excluye, el grito que llega tarde, el forofismo que se disfraza de pasión. Cree que su disciplina lo exime de los valores tradicionales del oficio, pero estos también se aplican a cualquier otra vertiente del periodismo. El salto que debe dar no es tecnológico, es dejar de considerarse una excepción y jugar limpio, como debería jugar todo el periodismo.

Para que al periodismo deportivo no le saquen la tarjeta roja, conviene que los ombudsman y los defensores del lector se metan en este partido. Los códigos de ética y los manuales de estilo son claros, alcanza con aplicarlos para jugar limpio.

Www.ricardotrotti.org

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