MIAMI.- La escritora y periodista venezolana Karina Sainz Borgo recibió el prestigioso Premio Mariano de Cavia de manos del Rey Felipe VI. Durante la emotiva cena de gala que conmemoró 106 años de Periodismo de ABC, la galardonada pronunció un discurso profundo centrado en el exilio, la pérdida y el poder transformador de la palabra escrita frente a la adversidad.
Galardón con más de un siglo de historia
Los Premios Cavia de ABC, organizados anualmente, representan uno de los reconocimientos más importantes del periodismo en lengua española. Con más de un siglo de trayectoria, estos galardones celebran la excelencia, el rigor periodístico y la calidad literaria en los medios de comunicación.
En esta edición especial, que marca 106 años de historia periodística, el jurado ha distinguido a Sainz Borgo por su columna titulada 'Lo que más duele no es el desarraigo', un texto que disecciona con maestría las complejidades del desplazamiento humano y la identidad.
Espejo de los clásicos
En su intervención, Sainz Borgo tejió un puente perfecto entre la mitología clásica, la historia de la literatura y las tragedias contemporáneas.
Comenzó recordando figuras universales de la pérdida y el destierro, evocando cómo Eneas abandonó una Troya en llamas, el exilio de Dante alejado de Florencia, la huida de Víctor Hugo de Francia, o los cuarenta y cinco años de destierro de la filósofa María Zambrano por ocho países tras la Guerra Civil. Para la autora, estas trayectorias demuestran que, exceptuando la muerte, "el destierro y el desplazamiento han sido [...] la circunstancia máxima del ser humano".
Apoyándose en el pensamiento de Zambrano, la periodista argumentó que el desterrado posee una mirada única sobre el entorno. Aseguró que "quien ha perdido su patria [...] contempla la realidad desde una libertad que los arraigados difícilmente poseen", una perspectiva que ella misma ha intentado volcar en sus crónicas y artículos de opinión.
De la migración al desastre natural
Sainz Borgo humanizó su discurso al conectar los grandes mitos literarios con las vivencias de su propia familia y las historias que ha cubierto como reportera. Explicó que al hablar de su padre, Carlos Sainz Muñoz, y de su familia de exiliados republicanos que huyeron a Francia y luego a Venezuela, está "en realidad contando la historia de Eneas".
Su progenitor vivió el dolor por partida doble: formó parte de los quinientos mil españoles que salieron tras la Guerra Civil y, décadas después, fue uno de los nueve millones de venezolanos que tuvieron que dejarlo todo por culpa de una revolución que "prometió prosperidad y devino en autoritarismo, latrocinio y destrucción".
Sin embargo, la periodista amplió el concepto de extranjería más allá de las fronteras geopolíticas, preguntándose si también puede considerarse extranjero "quien es desalojado de una vida".
Para ilustrarlo, recordó una crónica que escribió sobre una vecina de la isla de La Palma, Remedios Armas, cuya casa fue sepultada por el volcán de Cumbre Vieja. Evocó la conmovedora pregunta que le hizo la afectada: «¿Por qué, si todo estaba bien, tengo ahora que vestir ropa de la Cruz Roja?».
El acto de narrar como salvación
Hacia el cierre de su intervención, la galardonada reivindicó el periodismo y la literatura como herramientas esenciales para dar orden y dignidad al sufrimiento.
Citando de nuevo a Zambrano, recordó que "el exiliado es el que ha sido arrojado a la intemperie de la historia", un espacio hostil compartido por autores de la talla de Milan Kundera, Antonio Machado o Manuel Chaves Nogales.
Finalmente, Sainz Borgo rechazó las etiquetas geográficas en el arte y defendió la responsabilidad ética de su oficio, concluyendo con una firme declaración de intenciones: "No creo en las literaturas nacionales; creo en la literatura" y reafirmando que "a la palabra escrita le incumbe tanto la verdad propia como la de los otros".