La Asamblea Nacional denunció que el Estado venezolano está operando como protector del terrorismo y solicitó a la OEA y la ONU que consideren declarar a los colectivos armados como grupos terroristas con las consecuencias que esto implica. El expediente con decenas de casos, sería elevado a la Corte Penal Internacional.

La decisión estuvo precedida de intervenciones de parlamentarios, la mayoría víctimas de agresiones y amenazas dentro y fuera de las instalaciones del Palacio Legislativo.

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La conformación de grupos armados para agredir a quienes disienten tiene casi los 20 años del chavismo. En su creación, los colectivos se revistieron de trabajo comunitario e incluso algunos consiguieron mantenerse en actividades útiles para el bien. Eso solo sirvió de mampara porque el objetivo fue siempre constituir batallones de mercenarios asalariados al servicio de la línea dura del Ejecutivo.

Los paramilitares han crecido bajo los parámetros de la deformación del régimen. Recibieron tierras, armas de guerra y lograron negocios y privilegios. Han llegado a sentirse por encima de la Fuerza Armada, con autonomía para ocupar espacios y tomar decisiones. Junto a la FAES, los colectivos tienen permiso para matar, violar, secuestrar, saquear y allanar residencias.

Durante los últimos días, el colapso del sistema eléctrico y del servicio de agua ha llevado a que la población, en especial de los sectores populares, reclame con dureza. Maduro atemorizado, ordenó a sus grupos paramilitares que salieran a las calles a “defender la paz” en cada comunidad. Acatando la orden, sujetos con armas largas y pistolas dispararon a los manifestantes y a mandarriazos tumbaron puertas y entraron a viviendas buscando a líderes populares, muchos de los cuales son ancianos que ya sienten que no tienen más nada que perder. Los saqueos a los comercios en Maracaibo fueron el botín de guerra para los colectivos.

Por esos mismos días, Diosdado Cabello colocó en redes sociales un video con grupos que definió como Unidades Populares de Defensa Integral en Yaracuy. Disfrazado de militar, apareció acompañado de unas tres docenas de sujetos, varios con rostros cubiertos. Diosdado, al ser desplazado de la FANB, está formando su propio cuerpo armado de malandros. Esta apreciación coincide con lo expresado por el senador Marco Rubio.

Diosdado se afianza en la violencia y tiene a Freddy Bernal de subordinado.

La Iglesia venezolana, que desde los barrios entiende el sufrimiento de la población y que sabe que la dictadura pretende la sumisión bajo el terror, se ha pronunciado con firmeza en el marco de la Conferencia Episcopal Venezolana. “Nos preocupa cómo el Ejecutivo nacional ha pedido algo que es inmoral e ilegal, que los colectivos reprimieran a la gente”. La descripción de la verdadera identidad fue precisa: “Los colectivos no existen en la ley, son grupos paramilitares violentos que amedrentan a la población”. Por esta razón, monseñor hizo un llamado a la FANB, mensaje que coincidió con la exigencia del presidente interino, Juan Guaidó: la Fuerza Armada debe proteger a los ciudadanos, tiene que cumplir la ley, entender que está al servicio de la población y no de una postura política.

Al respecto, un evento interesante aunque poco destacado, se vivió en un exitoso encuentro de Guaidó en San Bernardino en Caracas, el pasado martes. Desde temprano, los colectivos armados rodearon la concentración e incluso llegaron a lanzar bombas lacrimógenas y tiros al aire. La nutrida asistencia se recompuso rápidamente del temor inicial y siguió el ejemplo de su líder que retó a los cobardes y se mantuvo en posición, lanzando su discurso. Entretanto la PNB había rodeado el encuentro. Varios increparon a los policías por permitir que unos violentos los agredieran. Cuentan testigos que algunos efectivos bajaron la cabeza avergonzados. Otros susurraron que ellos “también les tenían ganas a esos bichos” y otros más rogaron comprensión porque ellos “no podían hacer nada”. La mayoría dijo: “Estamos aquí para cuidarlos, no para reprimirlos”. Y en efecto no reprimieron y los colectivos ante la derrota del amago, se fueron. El hecho alimentó la versión de que los miembros de fuerzas de seguridad andan molestos con los colectivos.

Cierro este texto con palabras de monseñor Moronta en la misa del domingo 31 de marzo: “Hoy tu palabra como nunca nos da señales claras de que estamos en el camino correcto. Hoy sentimos que la profecía se repite. Que nuevamente te haces presente entre nosotros, que nos has enviado un emisario, un emisario joven, tan joven como tú. Tú, hijo de carpintero; este, el hijo de un taxista, un joven que se expone a todo con el propósito de darnos buenas noticias a los más necesitados. Para anunciar la libertad a los cautivos, que somos todos”.

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