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ANÁLISIS

Virgen de la Caridad del Cobre: Cuba necesita urgentemente un nuevo amanecer

La celebración de la Fiesta en honor a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre de este año ha estado engalanada por las celebraciones por el medio siglo de existencia del Santuario Nacional de la Ermita de la Caridad

Por Pbro Juan Lázaro Vélez González

No abandones ¡oh! Madre, a tus hijos,

salva a Cuba de llantos y afán,

y tu nombre será nuestro escudo,

nuestro amparo, tus gracias serán.

(Una de las estrofas del himno a la Virgen de la caridad compuesto por el (Pbro. Juan José Roberes).

La celebración de la Fiesta en honor a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre de este año ha estado engalanada por las celebraciones por el medio siglo de existencia del Santuario Nacional de la Ermita de la Caridad en la diáspora y el centenario de la Parroquia dedicada en su honor en la ciudad de Pinar del Río.

Hoy, como hace cinco siglos, la ternura, el amor, protección y compasión de la Madre del Cobre no han menguado, a pesar del dolor, las lágrimas y la muerte; la prisión injusta, la violencia impuesta y psicológica que sufren cada uno de los que sobreviven dentro de la Isla, como aquellos otros que han tenido que exiliarse en otros países en busca de libertad y dignidad plena. Nuestra Madre Cachita no se cansa de obrar para que sea realidad el Bien anhelado y definitivo para todos sus hijos de una nación dispersa por el mundo.

La Cuba que soñaron para nosotros nuestros Padres fundadores: el Pbro. Félix Varela, Luz y Caballero, José Martí, Maceo, Gómez, Céspedes, Agramonte, no celebrará a plenitud la fiesta de su Madre como Dios manda, porque nuestra Isla está herida de muerte, material y espiritualmente por más de sesenta y cuatro años a causa de un mal sistema político y social, que ha desarrollado metástasis en cada una de las diferentes instituciones del Gobierno y el Estado. Ciertamente pudiera parecer que todo conlleva a la desconfianza y desesperanza definitivas; pero no es así, porque la Esperanza no defrauda a los que ponen su Confianza en el Señor y en su Santísima Madre la Virgen.

Una vez más elevamos nuestras oraciones a la Virgencita de la Caridad con el corazón apretado de amor por los recuerdos, los anhelos, las esperanzas en la libertad cierta y en la paz de un pueblo que tropieza y quiere de una vez y por todas levantarse a la Luz del Evangelio.

Madrecita del alma querida, Cuba necesita Derecho a tener Derechos y convivencia pacífica entre los hermanos de dentro y los de fuera. La Casa Cuba necesita urgentemente servidores, no represores. Necesita con premura la paz y progreso real, no violencia ni pobreza impuesta. Por ello, con un espíritu de libertad en ser hijo de Dios quisiera recordar este poema hecho canción a la Virgen de la Caridad por: Pura del Prado (Santiago de Cuba, 1931–Miami, EEUU, 1996).

¡Virgen de la Caridad Salva a Cuba y regálanos un nuevo amanecer porque ya la Casa Cuba se lo merece y lo necesita con premura!

“Virgen del Cobre, cubana que llegaste sobre el mar a sostener y amparar nuestra isla soberana. Marinera, capitana sublime de nuestro anhelo que como un barco de duelo hoy boga por la aflicción, dirige la redención timoneando desde el cielo. No importa si allá a tu imagen la han vestido de uniforme pues no hay nada que deforme tu realeza, aunque la ultrajen. No importa que ahora viajen los tres Juanes al destierro si alrededor de aquel cerro de la Cruz que te acompaña un pueblo entero en campaña tiene sustancia de hierro. Madre de amor, madre ardida de perdón y caridad, envía tu claridad a los que la luz olvidan. Restáñanos está herida que el odio nos ha sajado, hoy sangra nuestro costado como aquel del crucifijo, tu pueblo, como Tu Hijo, grita que está abandonado. Ya sabes lo que nos hiere, ya sabes del paredón, conoces la inmolación de la nación que te quiere. Madre: ¡que Cuba se muere y es urgente este mensaje! ponte de nuevo tu traje de reina y sal a ordenar que vuelva a resucitar la alegría en tu paisaje. Tú sabes que perseguida o extraviada anda la fe, que como oscuro café va el alma del deicida, y la criatura reída que tienes entre los brazos es una estampa en pedazos al pie de un volcado cirio, blasfemia, insulto, martirio, entre ofrendas y rechazos. Si es que por ser pecadores sufrimos expiación, alcancemos el perdón siquiera porque no llores. Que como el cobre fulgores hace en las piedras chispear tu gracia vaya a alumbrar al alma más torva y dura pues solo por tu ternura podremos cicatrizar. Oh Virgen, que el tiempo pasa sin irte a ver al santuario y queremos un rosario para rezarlo en tu casa. Queremos ver si traspasa la celda del prisionero algo más que el carcelero que lo mantiene cautivo, milagro caritativo que abra la jaula al jilguero. Oh Madre, que yo quisiera marchar en tu procesión cantando, sin la oración afligida y lastimera. No sé qué te prometiera porque otorgaras el don de hacernos volver al son de aquel himno de Perucho no a herir, sino a amarnos mucho flotando en tu bendición”.

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