Tuvieron que transcurrir 26 años para escuchar el veredicto que ha dictado un Tribunal Extraordinario africano contra el expresidente de Chad, Hissène Habré, acusado de crímenes contra la Humanidad y condenado a cadena perpetua.

Sin duda, la sentencia contra Habré -primer proceso de justicia universal que tiene lugar en África- es un acontecimiento histórico que trasciende el escenario africano y que debe ser celebrado con esperanza por los millones de seres humanos que en el mundo han sido o continúan siendo perseguidos, maltratados o silenciados por sus ideas, y por quienes no se resignan a que la cultura y las reglas democráticas sean pisoteadas por una casta de dictadores que se amparan en la barbarie del atropello y la autocracia.

Las Cortes Africanas Extraordinarias, creadas al efecto en 2013 por Senegal (país donde el dictador chadiano se refugiaba tras el golpe de Estado del actual presidente de Chad, Idriss Déby, en 1990) y la Unión Africana han dado un paso decisivo con el procesamiento de este dictador y han demostrado no dejarse influir por las mafias políticas que arrasan a este pobre continente.

El veredicto, primero en el mundo en el que un tribunal de un país procesa a un antiguo mandatario de otro por presuntos crímenes contra los Derechos Humanos, se basa fundamentalmente en que este tirano fue el autor entre 1982 y 1990 de un macabro sistema de atrocidades contra los prisioneros de guerra, la oposición y la población civil, sospechosa de colaborar con el enemigo, que dio lugar a que unas 40.000 personas fueran ejecutadas de manera sumaria y unas 200.000 torturadas.

Concurren en este juicio aspectos que le dan una trascendencia única: el rigor con que ha actuado este Tribunal extraordinario al hacer una calificación formal de cada una de las ejecuciones arbitrarias, desapariciones a la fuerza, torturas, homicidios y actos brutales de violencia sexual ordenados por el expresidente de Chad. Asimismo, el deseo colectivo de hacer justicia, abanderado por un grupo de mujeres que se atrevieron durante el juicio a prestar sus testimonios en una sociedad donde no se habla de estos temas por ser tabú y considerarse una vergüenza y que hubieran quedado impunes si no hubiera sido por la persistencia y el valor de las víctimas de llevar al dictador a la justicia. Una decisión que debe satisfacer al mundo que confía y lucha sin descanso por el respeto a los derechos humanos.

La decidida actuación de la Unión Africana que pidió a las autoridades de Senegal que juzgaran a Habré en su propio territorio y en el nombre de toda África, lejos de enturbiar las relaciones diplomáticas entre los países de este continente que puede liderar una cruzada internacional a favor de los derechos humanos, las fortalecerá con el ejemplo de la justicia.

La condena contra Habré es un aviso para todos los dictadores que practican con alevosía estos mismos métodos y creen que las fronteras de su propio país les ponen a salvo de cualquier proceso legal, por el que algún día -más temprano que tarde- deberán enfrentarse a la justicia universal para responder por sus crímenes cometidos contra su propio pueblo y contra la Humanidad.

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