MIAMI.- Los expertos médicos de la Universidad de Miami y la Universidad de Pensilvania descubrieron que varios funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana presentan anomalías cerebrales, las cuales se manifiestan en lesiones en su audición, visión, equilibrio y memoria, según informe de la agencia AP.

Según el informe, los exámenes revelaron que los funcionarios desarrollaron cambios en los tractos de materia blanca que permite la comunicación entre diferentes partes del cerebro. Semejante conclusión es compartida por médicos de universidades y gubernamentales. En cuanto a los sonidos, continúa el informe, pudo constituir un subproducto de alguna otra cosa responsable de los daños. Esto ha dado pie a desestimar la hipótesis de que los ataques hayan sido de naturaleza “sónica”.

Los médicos, empero, no indicaron el origen de los cambios cerebrales ni cómo exactamente estos podrían relacionarse con los síntomas detectados. Además, se ignora si los 24 pacientes presentan el mismo cuadro médico. Varios funcionarios del gobierno estadounidense corroboraron la veracidad de las conclusiones del informe, aunque sin más detalles por no estar autorizados a debatirlo públicamente.

Se espera que el informe científico, en inglés, se publique en breve en el sitio web de The Journal of the American Medical Association. Una fuente de la Universidad de Miami, quien no quiso revelar su nombre, comentó que el informe está listo desde hace un mes, pero su publicación fue detenida a solicitud del Departamento de Estado, que alegó “razones de seguridad”.

Las conclusiones del informe son devastadoras para el gobierno cubano, empeñado, hasta ahora, en negar no solo su implicación sino la existencia misma de los ataques, a los que ha denominado de “fantasía”, “ciencia ficción” e “insólitas patrañas sin evidencia alguna”.

Al parecer, la línea trazada por la máxima dirección del país es proseguir la negación rotunda. Adelantándose al despacho de la AP, y no por casualidad, ayer martes hubo una conferencia de prensa en La Habana en la que un panel de científicos declaró que los diplomáticos estadounidenses sufrieron probablemente un “desorden psicogénico colectivo”, en otras palabras, histeria colectiva, pero nunca daño real a su salud.

El Departamento de Estado sostiene que los ataques —que se produjeron desde fines del 2016 y hasta mediados del 2017— afectaron, hasta ahora, a 24 diplomáticos de Estados Unidos y a cinco de Canadá. Especialistas indican que entre los daños se cuentan lesión traumática cerebral leve, pérdida de audición permanente y trastornos de equilibrio, jaquecas severas, alteración cognitiva e inflamación cerebral.

Hasta el momento, Estados Unidos no ha responsabilizado directamente a Cuba de los hechos, aunque sí destacó la obligación —según los acuerdos de Viena— de proteger al personal de la embajada y sus familias.

En este sentido, el presidente Donald Trump, a mediados de octubre, hizo recaer toda la responsabilidad en el Gobierno cubano: “Es un ataque muy inusual (…) pero creo que Cuba es responsable”. Por su parte, el secretario de Estado Rex Tillerson expresó el miércoles estar “convencido de que fueron ataques dirigidos”. Estados Unidos, no obstante, aún alega ignorar quién pudo estar detrás. “Lo que hemos dicho a los cubanos es esto: tienen un aparato de inteligencia sofisticado. Probablemente saben quién lo está haciendo. Pueden detenerlo”, afirmó Tillerson.

El Departamento de Estado ya ha advertido del peligro de ir a la isla: “Debido a que la seguridad de nuestro personal está en riesgo y no hemos podido identificar el origen de los ataques, creemos que los ciudadanos estadounidenses también pueden estar en riesgo y les advertimos que no viajen a Cuba”.

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