Cada vez que se habla del petróleo venezolano, la conversación suele detenerse en una cifra: cuántos millones de barriles puede producir el país. Es una discusión importante, pero incompleta.
¿Por qué el petróleo es el primer dominó de la recuperación económica?
Más allá de la producción de barriles, la gestión estratégica del petróleo venezolano es fundamental. La inversión en infraestructura y diversificación económica puede transformar ingresos temporales en desarrollo sostenible para América Latina.
La verdadera pregunta no es cuánto petróleo puede producir Venezuela, sino qué puede ocurrir cuando esa producción vuelva a crecer.
Con frecuencia digo que el petróleo no representa únicamente ingresos para un Estado. Representa el primer movimiento de una cadena económica mucho más amplia. Es, en términos sencillos, el primer dominó.
Cuando esa primera pieza cae, comienzan a moverse muchas otras.
La industria petrolera tiene una característica que pocas actividades económicas poseen: cada dólar invertido genera demanda en decenas de sectores distintos.
Antes incluso de producir el primer barril ya existe actividad económica.
Hay que realizar estudios sísmicos, construir carreteras, instalar líneas eléctricas, desarrollar sistemas de telecomunicaciones, movilizar equipos, contratar empresas de transporte, adquirir materiales, construir campamentos y formar personal especializado.
Después llega la perforación. Luego la producción.
Más tarde el transporte. Posteriormente la refinación. Y finalmente la exportación.
Cada etapa incorpora nuevas empresas, nuevos trabajadores y nuevas inversiones. Por eso suelo decir que el petróleo nunca trabaja solo.
Mucho más que una industria
Con frecuencia se presenta al sector petrolero como una actividad aislada.
La realidad es exactamente la contraria.
Una operación petrolera moviliza construcción, ingeniería, metalmecánica, logística, puertos, transporte terrestre, servicios ambientales, tecnología, telecomunicaciones, alimentación, seguridad industrial, capacitación y servicios financieros.
Miles de pequeñas y medianas empresas encuentran oportunidades alrededor de un solo proyecto energético.
Ese efecto multiplicador explica por qué muchos países productores lograron desarrollar industrias completas a partir de sus recursos naturales.
No fue únicamente el petróleo.
Fue todo lo que ocurrió alrededor del petróleo.
El error de pensar solo en los barriles
Durante años, buena parte del debate venezolano se concentró exclusivamente en aumentar la producción.
Sin embargo, producir más petróleo, por sí solo, no garantiza desarrollo.
Lo verdaderamente importante es utilizar esa producción para construir una economía más diversificada.
El petróleo debe financiar infraestructura, educación, innovación, exploración, petroquímica y nuevas fuentes de energía.
Cuando los ingresos extraordinarios se consumen en lugar de invertirse, el crecimiento termina siendo temporal.
Cuando se reinvierten estratégicamente, se convierten en desarrollo sostenible. La diferencia no está en el recurso. ¡Está en la gestión!
El efecto dominó también alcanza a América Latina
Una recuperación de la producción venezolana no tendría efectos únicamente dentro del país.
América Latina cuenta con empresas de ingeniería, fabricantes de equipos, proveedores de servicios especializados y operadores logísticos que podrían participar en ese proceso.
Colombia, Brasil, Perú, Ecuador y otros países de la región poseen talento técnico y cadenas de suministro capaces de integrarse a nuevos proyectos de inversión.
En otras palabras, una Venezuela que vuelva a desarrollar plenamente su industria energética también puede convertirse en un motor económico para buena parte de la región.
La energía rara vez produce beneficios aislados.
Su impacto suele extenderse mucho más allá de las fronteras.
El verdadero objetivo
Con frecuencia se afirma que el petróleo es la riqueza de un país. Yo prefiero verlo de otra manera.
El petróleo no es la riqueza. Es la herramienta para crearla.
Si Venezuela logra recuperar su industria bajo reglas claras, estabilidad jurídica, inversión sostenida y una visión de largo plazo, el beneficio no se medirá únicamente en barriles diarios.
Se medirá en empleo, infraestructura, conocimiento, competitividad y oportunidades para millones de personas.
Porque, al final, el petróleo nunca ha sido el destino. Siempre ha sido el primer paso.
"La verdadera riqueza no está en el barril que se extrae, sino en todo lo que ese barril es capaz de poner en movimiento. Cuando el petróleo se gestiona con visión de largo plazo, se convierte en el primer dominó de la recuperación económica de un país."
Por Jorge Miroslav Jara Salas - Ingeniero petrolero de nacionalidad peruana con más de 30 años de experiencia en la industria energética a nivel global
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