LA HABANA. - En algún momento del tímido invierno insular, a principios de 2026, Eugenio, 55 años, dueño de un pequeño kiosco al sur de La Habana, en Cuba, que vende confituras, cervezas y sándwiches, estaba convencido de que la dictadura cubana tenía sus días contados. La espectacular captura del autócrata venezolano Nicolás Maduro por parte de las Fuerzas Delta y la promesa de Trump de que Cuba sería la próxima en caer inyectó una dosis de optimismo exagerado entre muchos compatriotas.
“Ni siquiera cuando la etapa de Obama hubo tanta esperanza de que el cambio era inminente. La gente, públicamente o en las redes sociales, pedían la renuncia del gobierno. Que se llevaran el dinero robado durante décadas, pero que se marcharan del país. Cada vez que Trump hablaba con la prensa mencionaba el tema de Cuba, y yo pensaba, que la solución al desastre generado por esta gente (la dictadura) era cuestión de tiempo”.
“Hubo apuestas para adivinar el día y el mes. La mayoría de las personas estaban seguras de que sería este año. Cómo y cuándo, no sabíamos. Pero daba igual si Cuco Mendieta -un personaje ficticio de origen cubano al frente de un batallón de tropas élites norteamericanas creado por la imaginación popular- los capturaba para procesarlos y la presión de Estados Unidos obligaba al régimen a iniciar reformas políticas y económicas y luego una posterior transición democrática”, recuerda Eugenio sentado a la entrada del edificio donde reside.
Optimismo desvanecido
Parece que ha pasado mucho tiempo desde aquella madrugada del 3 de enero. “Cada día era un carrusel de emociones diferentes, a veces las noticias eran optimistas, otras no tanto. Pero sentíamos que podíamos tocar el final con nuestras manos. En aquellos primeros meses de 2026 nunca pensé que en septiembre esta crápula seguiría en el poder”, reconoce Zaida, especialista médica.
Yoel, estudiante universitario, cuenta que “en La Habana y otros municipios del país, la gente se tiró a la calle para protestar en contra de los apagones y la mala gestión de los servicios básicos. No solo sonaban los calderos. También pedían la renuncia de Díaz-Canel y gritaban libertad".
Pero la ilusión duró poco. "Conozco el caso de amigos míos, todos jóvenes, a los cuales nunca les importó la política y su sueño era emigrar y comenzaron a implicarse en temas políticos y aplazaron sus planes de marcharse de Cuba. Ya a finales de junio, muchos se dieron cuenta de que aquello era muela y cháchara. Que Trump estaba inflando y fanfarroneando. Aunque otros, como yo, cree que la solución está en nuestras manos", afirma Yoel.
Eugenio reconoce que el secretario de Estado Marco Rubio, “nunca prometió nada. Siempre fue muy cauto. Ha jugado con paciencia sus cartas. Conoce bien el terreno donde se mueve. Sabe, por su origen cubano, con la canallada que está tratando. Pero sus últimas declaraciones donde afirma que las reformas pudieran suceder en 2028 o 2029, fue un jarro de agua fría”.
Frustración
La frustración e impotencia se percibe cuando usted habla con los cubanos de a pie. Hay opiniones diversas. Para Mery, “los americanos la vuelven a cagar. No se puede confiar en ellos. Prevalece el pragmatismo y los asuntos de Seguridad Nacional. No creo que a Trump le importe un comino la democracia de los cubanos. Mira el caso de Venezuela. Probablemente buscará una Delcy Rodríguez como aliada. A la actual administración les interesan más las reformas económicas que las políticas. Y el gobierno encantado. A ellos (los gobernantes) les da igual entregar el país a cualquier potencia, lo han hecho antes con la URSS, mientras les permitan mantener el poder”.
Ernudis considera que “el plan de Trump es castrismo reciclado. Desde mi punto de vista, la barrera de contención es Rubio, que quisiera una estrategia diferente. Pero donde manda capitán, los soldados tienen que obedecer. Pero cuando Raúl Castro cante el manisero (se muera) el Cangrejo, el tuerto y la Mariela van a cuadrar la caja con el pelirrojo. No van a ser tan imbéciles de perder sus cuantiosas fortunas y propiedades en Cuba y el extranjero”.
Carlos, sociólogo, confiesa que también se ilusionó. "En medio de extensos apagones en mi barrio los vecinos creíamos que el final estaba cerca. Al paso de los meses la esperanza se fue extinguiendo. Ahora el cambio democrático lo ven como una utopía”.
Las protestas callejeras han disminuido. Según Rolando Cartaya, prestigioso periodista exiliado en Miami y director de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, “en el último informe sobre protestas y denuncias del mes de agosto del Observatorio Cubano de Conflictos (OCC), hubo una baja sensible de protestas en la calle. Parece que por agotamiento y la disipación del efecto Trump”.
A diferencia de junio y julio, en agosto el OCC compiló 34 manifestaciones en la calle, comparadas con las 72 de julio y las 107 de junio. Si en informes anteriores se reportaron numerosos grafitis en las calles con los nombres de Trump o Rubio, en agosto solo apareció el apellido del presidente estadounidense en un cartel colocado por el expresionero político Elieser Fernández Pérez en el municipio de Cabaiguán, provincia Sancti Spíritus, en la víspera del centenario del nacimiento del dictador Fidel Castro.
Fernández Pérez fue internado en un hospital psiquiátrico, una de las formas de tortura y trato degradante que utiliza el régimen contra la disidencia pacífica en Cuba. Lo que no disminuye es la intensidad represiva a los cubanos que protestan o piensan diferente. Tampoco el número de presos políticos: 1,327, reportó Prisoners Defenders.
Al doblar la esquina
La mala noticia es que la caída del castrismo no está al doblar de la esquina, como muchos expertos y compatriotas supusieron. La pobreza extrema aumenta a la par del precio de los alimentos.
Para septiembre, si damos crédito a las previsiones del régimen, por la salida de varias termoeléctricas que deben recibir mantenimiento, aumentarán los apagones. “Si no entra combustible para echar a andar los grupos electrógenos es probable que los apagones de veinte y treinta horas se extiendan a dos o tres días en La Habana y una semana en provincia”, atestigua un especialista de la empresa eléctrica.
Las cacareadas 176 medidas que reactivarían la economía, aprobadas por el régimen, no cambiarían el panorama. Ni siquiera la próxima aprobación de nuevas regulaciones para el sector privado y la inversión extranjera.
Según adelantó en una exclusiva a USA Today, el viceministro primero de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Carlos Luis Jorge Méndez, se autorizará que las empresas privadas cubanas gestionen directamente sus importaciones y exportaciones sin la intermediación obligatoria del Estado. Y se eliminaría la absurda disposición que obliga a los inversionistas y compañías extranjeras a contratar trabajadores cubanos mediante agencias estatales de empleo.
“Esto va en serio, es un proceso real”, dijo Jorge Méndez, dando a entender que las pasadas reformas eran simples puestas en escenas. Pero pocos analistas creen que tendrán éxito. “Habrá que esperar. Pero me suena a más de lo mismo. Este gobierno no tiene credibilidad. Como la parábola del escorpión y la rana, esas reformas de corte liberal van en contra de su naturaleza”, apunta Gustavo, economista.
Crisis estructural
La crisis en Cuba es estructural. El modelo económico y político no funciona. No hace falta ser un experto. 67 años de fallidos experimentos económicos, como la zafra de los diez millones o producir más leche y queso que Holanda o más carne de res que Argentina, es una muestra del manicomio ideológico del totalitarismo verde olivo. Se pueden compilar varios tomos de los disparaste de Fidel Castro.
El castrismo agoniza. Vive su etapa final. Es inevitable. O los mandamases se reciclan en serio o se largan. Esa es la buena noticia.
ESPECIAL
@DesdeLaHabana