martes 1  de  septiembre 2026
OPINIÓN

Ritos revolucionariamente glandulares

“La saliva podrá fijar el cabello, pero no puede fijar una revolución”. Refrán popular

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

Damas y caballeros, bienvenidos a la isla de las contradicciones donde hace algún tiempo determinaron que se puede ser marxista y cristiano y ahora rabiosamente socialista y capitalista practicante a la misma vez.

La entrevista de Miguel Díaz-Canel con la Folha de São Paulo estaba condenada antes de comenzar. Una vez más el filósofo de la utopía y la primera compañera daban pie al barraje de burlas en las redes que no los abandona. La pareja ha superado a los Ortega Murillo en el mundo del ridículo y se ha convertido en los indiscutibles reyes de los memes.

No sé si debido a la falta de spray de pelo en Cuba o si para demostrar que ellos viven la escasez como cualquier ciudadano común, el dúo Pimpinela grabó un clip de 14 segundos previo a la entrevista donde Lis Cuesta le da los últimos toques al cabello de Díaz-Canel antes de entregarlo a las cámaras. Un gesto enternecedor de la primera dama.

¿Qué como lo hizo? Con un baño de saliva. Literalmente.

Metiéndose cuatro dedos en la boca, embarrándolos de saliva y pasándolos por el cabello del Machi para acomodárselo bien. Lo mejor es que vemos a un Díaz-Canel sonriente durante el esotérico ritual, supongo que no sabía que lo que venía después era aún más aberrante y de nuevo la primera compañera, introdujo media mano en su boca, sacó los dedos empapados de saliva, y los utilizó para dar brillo a las cejas del presi. ¿De dónde salió esta gente? ¿De un refugio de gatos callejeros?

¡Qué asquerosidad!

Hay entrevistas que empiezan con una pregunta y terminan con una conclusión, esta comenzó con un entrevistado bañado de saliva y terminó con un entrevistado visiblemente alterado. La conversación de Mónica Bergamo, con Miguel Díaz-Canel fue una suerte de combate dialéctico en el que el capitalismo aparece disfrazado de reforma, las concesiones se convierten en “perfeccionamiento” y los apagones terminan siendo una cuestión casi metafísica: ¿se va la luz por culpa del socialismo o del imperialismo? ¿Qué llegó primero? ¿La gallina o el huevo?

La entrevista, publicada el 24 de agosto retrata a un Díaz-Canel a la defensiva ante una realidad económica que ya no admite nuevas excusas. ¿Será que llegó el capitalismo para quedarse?

Díaz-Canel insiste: que no. Pero si alguien abre una empresa, contrata trabajadores, negocia acciones, recibe capital extranjero y explota una propiedad durante 99 años, uno podría pensar que está ante una clase magistral de capitalismo. Pero no. En Cuba, según la explicación presidencial, esas medidas pueden ser capitalismo en cualquier parte del planeta, excepto en Cuba. Allí adquieren una categoría superior: Están construyendo el socialismo.

Díaz-Canel explicó que Cuba tuvo que introducir reformas después del derrumbe soviético. Incluso recordó que Fidel Castro habló entonces de hacer concesiones para preservar la Revolución. Era puro capitalismo, pero no se podía mencionar su nombre.

¿Está Cuba al borde de un colapso? No, estamos en una situación compleja, pero con una creatividad heroica. Todo es culpa de la perversidad del imperialismo. ¿Puede pasar aquí lo de Venezuela? le pregunta la periodista, "no me gustan las comparaciones", dice, pero hablando en nombre del pueblo que no lo eligió, le dice que los cubanos van a dar la vida por la revolución y le recuerda que 32 dieron la dieron en Venezuela por Maduro, sin agregar que eran mercenarios enviados por ellos que no tuvieron otra opción y mucho menos tiempo para reaccionar. Aquí no va a ver sorpresa dice Díaz-Canel, todos los jueves es el día de la defensa nacional. ¿Cómo se preparan si no hay combustible? Pregunta la periodista, "no vamos a decir el secreto", dice el nuevo mariscal de campo.

La periodista hizo una pregunta bastante sencilla: ¿si hay propiedad privada, empresarios, empleados y diferencias sociales evidentes, ¿sigue esto siendo socialismo? Díaz-Canel no responde a la contradicción; respondió con una pregunta y se la contestó él mismo, “Estamos en un proceso de construcción socialista”. Es una frase magnífica.

Si funciona, es socialismo.

Si no funciona, está en construcción.

Si hay que abrir el mercado, es para salvar el socialismo. Y si el mercado produce desigualdad, habrá que explicar que la desigualdad empezó cuando hubo que hacer concesiones para salvar el socialismo.

Salvó que el socialismo comenzó hace décadas cuando comenzó la construcción de hoteles reservados para turistas con euros y dólares y los cubanos no podían ni entrar en ellos.

La entrevista también mostró a un Díaz-Canel visiblemente incómodo y alterado cuando Bergamo preguntó qué responsabilidad tienen las sanciones estadounidenses y qué responsabilidad tienen las decisiones internas porque, según la periodista que ha recorrido La Habana y preguntado y preguntado, le dice que es mucha la gente que culpa al sistema y no al imperialismo.

El filósofo de la utopía tomó control del momento y con cara de víctima le pregunta a la periodista si conoce lo que significa vivir con veinte horas de apagón, lo cual da lo mismo porque él tampoco lo conoce. Aun así, lo hace con una fuerza emocional como si lo viviera todos los días.

¿Faltan medicinas? Estados Unidos tiene la culpa

¿Hay apagones? Es Trump.

¿Hay escasez? Es Marco Rubio.

¿Hay desigualdad? Las crearon los cubanos de Miami con las remesas.

¿Y las reformas económicas? Ahí no: esas son socialistas.

La fórmula es casi perfecta. Solo que las termoeléctricas están rotas porque se gastaron el dinero que donaron Japón y Rusia para repararlas en construir hoteles. Las medicinas pueden entrar sin restricciones, solo que el régimen no quiere pagar por ellas. Los apagones socialistas son selectivos, ¿cómo es posible que barrios enteros estén a oscuras y las casas de los dirigentes y los hoteles para cuanta conferencia o centenario se les ocurra celebrar estén iluminados?

¿La desigualdad es impuesta por los imperialistas o por la nueva clase que frecuenta nuevos y lujosos bares y restaurantes? ¿Los mercados abarrotados de carne son para todos o solo para los que tienen dólares? ¿Y los hospitales? ¿Cuántos hospitales se han construido en los últimos 25 años? Ninguno .

¿Por qué arrestar a los que protestan?, pregunta la periodista. En todas partes hay descontento dice Díaz-Canel sin responder sobre los presos políticos.

El momento más revelador llega cuando la periodista pregunta por las concesiones. Díaz-Canel responde que no son concesiones a Washington, sino el resultado de un proceso de perfeccionamiento discutido durante más de diez años.

¿Si las medidas eran necesarias hace una década, ¿por qué esperaron tanto?

La respuesta del genio de la cabeza bañada en saliva es que los procesos son complejos.

El capitalismo, ese fantasma que durante tantos años fue presentado como amenaza existencial, puede entrar en Cuba siempre que prometa no presentarse con su verdadero nombre.

Y queda la pregunta para el drama final: ¿qué ocurre si le llega la hora a Díaz-Canel? ¿Si lo matan o se lo llevan como a Maduro?

El presi responde visiblemente resignado, dice que no teme ser asesinado o secuestrado y que, si le llega su hora, le llegó y fuacata. Él y la estilista de saliva en las manos están listos para un final glorioso y hasta morir por la revolución. Así de simple. Se apagan las luces sobre el héroe de batallas imaginarias y su cabello brilloso gracias a una buena dosis del hechizo glandular de la primera compañera.

Cuando llegue el momento, hay que avisarles a quienes vengan a secuestrarlo que, por favor, usen guantes o, al menos, que no le toquen la cabeza.

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