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ANÁLISIS

Nuestro mayor desafío (Parte II)

Si alcaldes o gobernadores liberales ordenan a las fuerzas del orden hacer la vista gorda ante matones de Antifa, los oficiales deben negarse

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE

Ya no podemos ser rehenes de nuestra propia retórica. Nuestra supervivencia como humanos está en juego. El conocimiento disperso que ya existe debe unificarse en un único y vivo manifiesto.

Los rasgos fundamentales de nuestra ideología —nuestra diversidad, nuestra manera de pensar de orígenes múltiples— deben, aunque sea a regañadientes, dar paso a una hoja de ruta integral y concisa. La urgencia del momento exige que atemos todos nuestros caballos a un mismo poste y nos arriesguemos. No hay tiempo para presentar nuestras credenciales ni para destilar cuidadosamente cada creencia; la acción se necesita ahora.

1. Comenzar con verdades incómodas

Debemos partir de unas cuantas verdades básicas. A pesar de las líneas difusas, la izquierda —ya no disfrazada con piel de oveja— todavía existe, mientras que la derecha apenas ahora está preparada para recuperar el tiempo perdido y las estrategias fallidas. Estos fracasos incluyen tanto errores de cálculo como malas acciones.

Una inmensa franqueza es nuestra única salida del hoyo en el que nos hemos metido. Nuestro objetivo no es presentarnos como la mejor opción, sino como el mal menor, aunque uno aún rescatable, mientras que la alternativa es irredimible.

2. De la defensa a la ofensiva total

Nuestra adicción a la defensa no ha producido victorias. Debemos tomar la iniciativa. En lugar de escoger pequeñas batallas y perder la guerra más grande, debemos desatar una ofensiva total, sin hacer prisioneros.

Dondequiera que el enemigo muestre su rostro picado, debemos gritar, clamar y denunciar—renunciando a los golpes bajos que hemos evitado y abandonando el “concurso de simpatía” que nunca podremos ganar.

Ejemplo — Prevención del crimen:

Durante demasiado tiempo, los demócratas se han puesto del lado de los perpetradores en lugar de las víctimas. Debemos tomar una página de su manual y lanzar campañas de desobediencia. Si alcaldes o gobernadores liberales ordenan a las fuerzas del orden hacer la vista gorda ante matones de Antifa, los oficiales deben negarse. Si son despedidos, deben resistir la destitución.

Pero la resistencia no puede ser simbólica: los conservadores adinerados deben proveer una red de seguridad, contratando y protegiendo a quienes se mantengan firmes. Nuestros millonarios y multimillonarios deben poner su dinero donde está su boca. La era del voluntariado en la política ha terminado. Debemos adaptarnos a las nuevas dinámicas para sobrevivir. Esto no es innovación; es simplemente una emulación del propio manual de la izquierda sobre guerra social.

3. Escapar de la trampa del mecánico

No tenemos tiempo para rebobinar la historia en cada argumento. Debemos exponer nuestra versión de los hechos con claridad y dejar de construir nuestras verdades sobre los escombros de sus mentiras.

No más esperar a que un “nuevo mundo” surja de las cenizas del viejo. El nuestro es el único mundo posible y habitable; por lo tanto, es el único mundo que existe.

4. Cautivos de su retórica, nunca más

Debemos mantenernos alejados del statu quo. Ellos no son progresistas. No representan a los pobres ni a las masas oprimidas. Representan a la élite costera de América y a los salones dorados de Europa.

Juegan con nosotros como si fuéramos soldaditos de juguete, lagartos manipulados por niños traviesos y aburridos. Somos los objetos de sus experimentos sociales. No están a nuestro favor—están en nuestra contra.

5. Una dosis diferente de verdad

Nuestro enfoque debe cambiar. Debemos contrarrestar su dosis de verdad no deteniéndonos en cómo aparece hoy su versión, sino enfocándonos en cómo se verá la nuestra cuando todo esté dicho y hecho.

Recapitulación

Publicado en el Miami Strategic Intelligence Institute (MSI²).

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